Alireza Beiranvand, el hijo de pastores trashumantes, se erige en héroe del Mundial
Auf einen Blick
- El portero iraní Alireza Beiranvand fue el héroe del partido contra Bélgica en Inglewood, realizando paradas cruciales y liderando a su equipo a un empate que los colocó en la cima del Grupo G.
- El encuentro, cargado de simbolismo geopolítico, mostró la solidez defensiva de Irán frente al ataque belga.
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Warum es wichtig ist
El partido de fútbol entre Irán y Bélgica en Inglewood, California, se jugó en un contexto de tensiones geopolíticas entre Occidente y Oriente, con fuertes medidas de seguridad.
Alireza Beiranvand, el hijo de los pastores trashumantes de Irán, ingresó en Inglewood al podio de los porteros heroicos que han marcado la fase de grupos de este Mundial elefantiásico. El apuesto meta persa dominó el cielo y la tierra de su área para frenar a Bélgica, una de las mejores plantillas que existen, dominadora hasta que se quedó con 10 en la segunda parte de un duelo de desenlace inesperado. Al cabo del choque, Irán lideraba el Grupo G con solo dos puntos.
El zumbido de los drones sobre la cubierta traslúcida del estadio de Inglewood, los francotiradores en los techos circundantes, y los funcionarios uniformados del FBI, recordaron que el partido enfrentó a dos mundos. Occidente contra Oriente. Clubes de Europa septentrional contra clubes de Rusia y el Golfo Pérsico. Vigilantes contra vigilados en California. Un equipo ampuloso que atacó con estrellas de máximo nivel contra otro modesto que se defendió en masa. El partido puso de manifiesto que la guerra que ha sacudido al régimen de los ayatolás no ha impedido que su selección prepare la Copa del Mundo a conciencia.
Amir Ghalenoei, que ha trabajado con todo el reparto defensivo durante meses, como si fueran un equipo de club, conformó un bloque de granito. Bien adiestrado táctica y físicamente. No pasaba ni el aire entre las líneas que manejaban el meta Beiranvand, el central Khalilzadeh director de una zaga de tres centrales convertibles en cinco, y el medio Ezatolahi. Se sincronizaron hasta el hermetismo. Lo sufrió Lukaku. El ariete más famoso de Bélgica siempre fue un futbolista incomprendido. Su tamaño de pivote de baloncesto, su aspecto torvo, el volumen intimidante de su musculatura, invitan a los aficionados a creer que es un tanque y a sus entrenadores a emplearlo como una bola de demolición. Pobre Lukaku. Todos le quieren por su cuerpo y él sueña con ser un fino estilista. Es un poeta encerrado en el cuerpo de un gladiador. Rudi García le mandó a pelear con el tridente y la red. Puso a Trossard, a De Bruyne y a Saelemaekers a colgarle centros como una granizada. Se suponía que debía arremeter como un elefante. Apenas logró conectar algún cabezazo. Beiranvand y su cuadrilla evacuaron balones con eficacia industrial.
Bélgica se agrandó con los huraños. Son las figuras con menos humor del planeta y cada vez que se juntan componen sinfonías. Trossard y De Bruyne hicieron estragos en el flanco derecho iraní. Se colaron en el área durante todo el partido en jugadas de un repertorio deslumbrante de regates, pases y controles. Solo faltó el toque definitivo. De Bruyne y Saelemaekers comenzaron la serie de remates. Tielemans les sucedió. De Cuypers lo intentó de volea. Auxiliado por el filtro de sus defensas, Beiranvand detuvo todos los disparos con una gracia impresionante. Bélgica amenazaba pero le faltó ritmo. Irán hizo más que resistir. Hizo del empleo sagaz de las jugadas a balón parado un recurso quirúrgico. Tras un saque de banda, Kanani se fabricó un remate que no fue gol porque el portero que guardaba los palos de Bélgica es Courtois. Su parada, una estirada abajo, eléctrica, imposible para cualquiera que no sea él, evitó el 0-1. Diez minutos después el que impidió el 1-0 fue el juez de VAR.
Se consumía el primer tiempo cuando Raskin tocó un balón con la mano en la frontal del área. La jugada ensayada descuadró por completo a los belgas. Hajisafi pasó raso a Taremi, y el punta, que se paró junto a la barrera, se giró y embocó el tiro pegado al palo. Lloraban los niños belgas en las gradas. Volaban los drones en el cielo de California. Se mascaba la tragedia geopolítica. No fue gol por unos centímetros de fuera de juego.
Bélgica regresó del descanso dispuesta a presionar y a cargar. El asedio de la primera parte se recrudeció en la segunda. Jahanbakhsh le clavó los tacos a Trossard. El plantillazo en los gemelos dejó al atacante del Arsenal sin media y ensangrentado. El árbitro disculpó la roja. No se la pudo perdonar a Nathan Ngoy. El central del Lille, que completaba un partido muy serio, cometió un error alevoso. Pasó atrás y habilitó a Taremi. No le quedó más remedio que derribar al nueve y el juez lo expulsó.
El duelo acabó entonces al revés que empezó. Los vigilados fueron los vigilantes. Los orientales los dominadores. Los belgas acorralados, a cuidar el 0-0, superiores pero frustrados en otra Copa del Mundo.
Offene Fragen
- ¿Cómo afectará este resultado al resto del grupo?
- ¿Continuará Irán con esta solidez defensiva?






