Coros masculinos: el canto como herramienta de conexión y bienestar
Auf einen Blick
- Coros masculinos en Barcelona y Madrid, como el Barcelona Gay Men's Chorus y Barberidad, utilizan el canto colectivo para fomentar la cohesión social, el bienestar emocional y la creación de comunidad.
- Estudios científicos y testimonios de participantes resaltan los beneficios de la armonía y la vulnerabilidad compartida.
KI-generierte Zusammenfassung
Warum es wichtig ist
El canto colectivo ha sido históricamente una herramienta espiritual y de cohesión social, y la ciencia moderna investiga sus efectos positivos en el bienestar emocional y las relaciones interpersonales. Coros masculinos en diferentes países exploran la construcción de comunidad y la expresión de la masculinidad a través de la voz.
A las ocho de la tarde, en un espacio polivalente de la Federació d'Entitats Calàbria 66 de Barcelona, una cincuentena de hombres se reúne cada miércoles para cantar. En los últimos meses han estado preparando Shampoo, un musical con el que el Barcelona Gay Men's Chorus ocupó el escenario del Teatre Condal hasta el 21 de junio. En la sala resuenan acentos de media docena de países, una pareja de cantantes ensaya una figura acrobática a lo Dirty Dancing junto a un hombre con el brazo escayolado que no quiso perderse el ensayo.
Varios de los participantes llegan directos de la oficina, algunos vienen rapados y con ropa de deporte, otros con melena y un tutú rosa. Sentada en una esquina, Conxita, la intérprete de lengua de signos que acompaña al coro desde sus inicios, asegura que aquel sería su último espectáculo antes de retirarse. Las charlas de calentamiento se apagan con la llegada de Gerard Ibañez, el director. Ya toca cantar.
Mucho antes de convertirse en una actividad cultural y de agregación social, el canto fue una herramienta espiritual para atravesar el miedo, reforzar la cohesión social y transformar una experiencia individual en algo compartido. En la tragedia griega, los coros daban voz a la comunidad y acompañaban el relato como una conciencia colectiva. Los primeros cristianos avanzaban hacia el martirio cantando y los cantos de trabajo acompañaron durante siglos a marineros, esclavos, campesinos y soldados.
La ciencia lleva tiempo investigando las propiedades taumatúrgicas del canto coral. Desde febrero, la Universitat Autònoma de Barcelona reúne a profesores, investigadores y trabajadores en un coro comunitario creado específicamente para estudiar los efectos del canto colectivo sobre el bienestar emocional. Una vez por semana abandonan despachos, laboratorios y tareas administrativas para ensayar juntos. Los primeros resultados todavía son provisionales, pero los investigadores ya han detectado mejoras en aspectos relacionales y emocionales, así como en el sentimiento de pertenencia al grupo.
La socióloga británica Emily Falconer llegó a conclusiones parecidas tras estudiar varios coros masculinos de Londres. Su interés se centraba en lo que ocurre cuando decenas de hombres aprenden a sonar juntos: la armonía obliga a escuchar antes que imponerse, a coordinarse en lugar de competir y a construir algo colectivo renunciando al protagonismo. Algunos de los participantes destacaron precisamente que podían sentirse conectados sin necesidad de hablar constantemente sobre sí mismos.
El Barcelona Gay Men's Chorus nació en 2014 y hoy reúne a unas 60 personas en torno al canto y al activismo. Shampoo contaba la historia de una pareja de hombres que regenta una peluquería inclusiva y de un hijo que intenta comprender quiénes son realmente sus padres. “Todo lo que hacemos está enfocado a un público que pertenece al colectivo o que, sin pertenecer a él, valora la diversidad”, explica Toni Ponce, uno de los fundadores. Sin embargo, el coro nunca ha sido un espacio cerrado. “Nuestro director es heterosexual y Conxita también lo es. Trabajamos con voces masculinas, pero esa voz también puede tenerla una mujer”.
Lo único que piden es compromiso. “Algunos se acercan porque han visto un espectáculo y piensan: “Yo quiero cantar ahí”. Otros buscan clases de canto, una actividad nueva o simplemente conocer gente. Hay quienes llegan incluso por recomendación de un terapeuta”, asegura Ponce. Justin aterrizó en Barcelona desde Estados Unidos hace nueve años sin conocer a nadie: “El coro me ha ayudado a encontrar amigos, una pareja y una familia aquí”. Manel, catalán, recuerda algo parecido: “Lo que me llamó la atención fue la conexión entre cada miembro en el escenario”. Tras más de diez años sigue utilizando la misma expresión para describir el grupo: “Mi familia, aquella que he elegido”.
El coro organiza excursiones, karaoke y actividades fuera de los ensayos. Existe incluso una comisión de cohesión encargada de integrar a los recién llegados, pero quienes lo dirigen insisten en aclarar el objetivo principal. “Algunos llegan pensando que esto puede ser una plataforma para lucirse —relata el presidente de la entidad, Ángel Hurtado—, pero si alguien busca eso, mejor que se apunte a Operación Triunfo o a La Voz”. Los que se quedan, asegura, “acaban apreciando la parte asociativa y humana”.
Sería un error pensar que todo esto pertenece únicamente al universo LGTBI. Los coros de hombres llevan décadas explorando formas muy distintas de construir comunidad alrededor de la voz. En Madrid, Barberidad es el primer coro masculino español dedicado al barbershop, un estilo vocal nacido en Estados Unidos a finales del siglo XIX y asociado a aquellas barberías donde los hombres se reunían para conversar, esperar su turno e improvisar armonías a varias voces.
En concreto, cuatro voces, cuatro funciones distintas y una condición indispensable: ninguna puede imponerse demasiado sobre las demás. “En un coro, si una voz intenta destacar, la armonía desaparece”, explica el presidente del colectivo, Benito Gómez-Cornejo. El resultado depende de la capacidad de escuchar. “No puedes estar pensando en tus preocupaciones mientras intentas afinar un acorde, escuchar al compañero de al lado y seguir al director”, resume.
“Si compartes una canción, ya tienes un punto de encuentro. Eso crea una relación muy distinta entre hombres que no se basa tanto en competir, aparentar o marcar territorio, sino en ayudar al otro a integrarse y a sonar mejor”, asegura Benito, quien no quiere exagerar las virtudes terapéuticas: “Tampoco diría que el coro solucione los problemas de nadie, pero sales distinto de como entras”.
Para muchos de sus miembros, los ensayos funcionan como una especie de paréntesis de armonía mental. “Para mí, cantar en Barberidad tiene algo de efecto desinfectante para los malos humores y las preocupaciones. Durante un rato limpia la cabeza, cambia el ánimo y te recoloca. Personalmente, no recuerdo haber estado en un grupo tan heterogéneo de personas en el que se sintiera una comunión tan profunda”, cuenta uno de los cantantes.
Si en Barcelona aparecen palabras como familia o comunidad y en Madrid se habla de acordes y armonía, el proyecto australiano Gentlemen's Choir utiliza expresiones más habituales en el universo del desarrollo personal masculino, como brotherhood (hermandad), men's work (trabajo sobre la masculinidad) o rite of passage (rito de paso). Durante diez semanas, un grupo de hombres se reúne para cantar y termina el proceso con una actuación pública ante familiares y amigos.
“Cantamos en la ducha, cantamos en el coche, cantamos siguiendo una canción, pero no nos atrevemos a cantar delante de otras personas”, explica Luke Laux, uno de los impulsores de la iniciativa. Según él, muchos hombres abandonan el canto en algún momento de la infancia o la adolescencia, convencidos de que no saben o de que hacerlo resulta poco masculino.
Como confirman los estudios de Falconer sobre coros masculinos, cantar expone. Mucho más que hablar en una reunión o hacer una presentación. “¿Por qué cantar nos hace tan vulnerables? Porque somos malos haciéndolo”, resume entre risas Luke. Pero precisamente esta exposición voluntaria a la vulnerabilidad es el objetivo. Cuando sus hijas le preguntan por qué pasa tiempo con otros hombres en lugar de quedarse en casa, responde: “Porque es una manera de aprender de otros y volver siendo mejor para vosotras”.
A ratos, su discurso adquiere un tono casi místico. Habla de confianza, respeto, amistad y de la necesidad de crear vínculos masculinos fuera de los espacios habituales. También menciona fogatas, celebraciones y una época añorada, cuando cantar formaba parte de la vida cotidiana y la voz colectiva servía para atravesar experiencias compartidas. “Pensé que venía a aprender a cantar, pero encontré mucho más. Pensé que venía a aprender a cantar, pero encontré mi voz. Pensé que venía a aprender a cantar, pero encontré una hermandad”. Luke repite estas frases como una especie de mantra que ha escuchado muchas veces entre los participantes.
Cuando termina el ensayo en la calle Calàbria, Gerard Ibañez da las últimas indicaciones y la sala vuelve poco a poco a convertirse en un espacio vecinal cualquiera. Queda un ligero olor a sudor mezclado con colonia. Nadie ha venido allí para hablar de masculinidad ni para participar en una terapia colectiva. Llevan dos horas escuchando la voz de los demás mientras buscan un lugar para la propia. La semana siguiente volverán a cantar juntos.
Offene Fragen
- ¿Cuáles son los resultados finales del estudio de la UAB sobre el canto colectivo?
- ¿Cómo evolucionará el Barcelona Gay Men's Chorus tras la retirada de Conxita?
- ¿Qué otros estilos de coros masculinos existen en España?





