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Cristina de Middel: "The Beast" is AI and the flood of images
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El Mundo24.05.2026Kultur8 dk okumaSpain

Cristina de Middel: "The Beast" is AI and the flood of images

Auf einen Blick

  • Photographer Cristina de Middel discusses AI, the overwhelming flood of images, and the potential loss of documentary value in photography.
  • She argues for the importance of fiction in explaining reality and criticizes the perceived moral superiority of photojournalism.

KI-generierte Zusammenfassung

Warum es wichtig ist

Cristina de Middel, a photographer known for blending reality and fiction, discusses her new exhibition at IVAM and her views on artificial intelligence and the overwhelming nature of images in contemporary society. She previously served as president of Magnum Photos.

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Cuando Cristina de Middel (Alicante, 1975) entró en Magnum hubo quien le preguntó cómo iba a gestionar su relación con la realidad. Al fin y al cabo, la legendaria agencia de fotografía que cuenta entre sus fundadores con Robert Capa o Henri Cartier-Bresson no se dedicaba a la ficción. Sus archivos guardan algunas de las imágenes sin las que no se entiende la historia del siglo XX -desde el desembarco de Normandía hasta la entrada de Fidel Castro en La Habana-, mientras que De Middel se había ganado el primer aplauso de la crítica con su trabajo Afronautas. Un fotolibro que recreaba -en una mezcla de imaginación y realidad- la fantasía del programa espacial que intentó lanzar Zambia en los años 60.

«En Magnum lo que hice fue entrar en un sitio que era, en teoría, territorio enemigo. Fue como meterme en la boca del león con cohetes», ironiza la también Premio Nacional de Fotografía. El desastre no fue a mayores sino todo lo contrario: el idilio entre Magnum y De Middel acabó con la fotógrafa aupada a la presidencia en 2022. Dos años después, quien era la primera presidenta española de la agencia recogía el Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

Libre ya de toda responsabilidad y afincada en Salvador de Bahía (Brasil), De Middel regresa a Valencia para presentar en el IVAM su particular Apoteosis Now.

En tiempos de apocalipsis, ¿reivindica que hay alternativa al fin del mundo?

Siempre hay alternativas, aunque tampoco quiero lanzar un mensaje de esperanza porque no hay mucha. Respecto a la imagen y el impacto que tiene en nuestra vida, el futuro es bastante incierto. Hay que esperar y ver hacia dónde se mueve la bestia.

¿Quién es la bestia?

La inteligencia artificial y el descontrol que produce la cascada de imágenes que hay. Llevamos varias décadas convirtiendo la imagen en un lenguaje, pero no se enseña en las escuelas ni tenemos el conocimiento aún para discernir si una imagen es legítima o no, e incluso si es necesario que sea legítima o no. Estamos en blanco, utilizando alegremente un lenguaje que no dominamos. A nivel popular, el conocimiento sobre la imagen no ha avanzado tan rápido como el uso del propio lenguaje. Es como si tuviésemos a un chimpancé con una metralleta.

De hecho, la exposición del IVAM, planteada como una catarata y una avalancha de imágenes, puede leerse como la advertencia sobre el peligro de la sobreinformación. ¿La era de la imagen solo ha servido para insensibilizarnos y desinformar?

Normalmente en las exposiciones, en el discurso artístico, hay una tendencia a ordenar las cosas y a utilizar las imágenes de una manera que sirvan para entender un problema o contar una historia. En este caso, lo que hago es romper precisamente todo ese relato. En cuanto había un mínimo de hilo, lo he deshecho. Precisamente para crear esa catarata de imágenes, que es el contexto en el que nos movemos. Estamos bombardeados continuamente con imágenes que no sabemos de dónde vienen ni qué uso tienen. Muchas veces el orden que tú le impones a esas imágenes es lo que hace el mensaje en sí, lo que quieres decir. Y lo único que quiero decir es que hay demasiado y no estamos preparados para ordenarlo. Entonces, o nos lo ordena alguien, con los riesgos que eso conlleva, o aprendemos a ordenarlo nosotros.

Tenemos a un presidente de Estados Unidos capaz de provocar un terremoto político publicando en redes una fotografía manipulada con IA. ¿Qué dice esto del mundo en que vivimos?

Tampoco quiero ser catastrofista y a lo mejor este avance tan rápido y descontrolado de la IA es lo que ha hecho que los gobiernos se hayan dado cuenta del poder de la imagen. Se han arremangado y se han puesto a buscar cómo controlar esto. Es bueno que no sea un problema silenciado. Creo que todos hemos despertado y nos hemos dado cuenta de la importancia de saber leer las imágenes. Muchas veces hago el paralelismo con lo que era ir al supermercado hace 15 años. Comprabas y ya estaba. De repente, empezamos a concienciarnos sobre lo que nos metíamos en el cuerpo: si era cancerígeno, si tenía mucha sal... Este control se ha normalizado y creo que con las imágenes sucederá igual. Ahora se consumen imágenes inconscientemente, pero vamos a necesitar una denominación de origen, un certificado de autenticidad. En eso se está trabajando, sobre todo en el marco de la Unión Europea, pero no tanto en otros países donde impera la ley del salvaje oeste.

Teniendo en cuenta la capacidad de la IA para difuminar la realidad, ¿está en riesgo el valor documental de la fotografía?

Creo que no. Siempre va a haber fotografías fidedignas, que son testimonio de lo que ha pasado. Cuando se fundó Magnum [en 1947], la fotografía estaba en la cumbre de su valor documental porque no había más opciones y era lo más cerca que se podía estar de lo que se retrataba. Hoy hay más herramientas para saber lo que ha pasado. En términos de crudeza, puedes conectar más con un frutero de la Franja de Gaza retransmitiendo con su cámara que con el reportero enviado por The New York Times. Si lo que quieres es entender qué está pasando, tendrás que acudir a los profesionales. Mi pronóstico para la IA es que pasará como con la imagen publicitaria. Cuando ves un anuncio de champú en el que la chica se lava el pelo y le salen alas, no haces la asociación entre esa imagen y el hecho de que vayas a salir volando por usar el producto. Vamos a saber identificar lo que es propaganda y lo que no. Aún no hemos llegado ahí, pero los adolescentes, aunque han estado mucho más expuestos, están más preparados para este tipo de imágenes. Si sale Trump vestido como Jesucristo ya saben que es un señor que está loco.

¿El precio a pagar es que tengamos que sospechar continuamente de todo?

Volvemos a la base de la filosofía y el humanismo. Hay que sospechar de todo y dudar. A mí me aterra la idea de una sociedad en la que la verdad no es un valor añadido, pero tal vez sea lo que necesitemos. La verdad se ha manipulado mucho. Y, si existe una única verdad, se puede manipular para que haya otra. Si la verdad no es un valor añadido, si depende de cada uno y de la experiencia personal, igual hay que tener menos miedo a una sociedad sin verdad. A lo mejor está ahí la solución, pues una única verdad tampoco nos ha llevado a tener una sociedad mejor. Ya sea en el campo teológico o en el político, cada uno tiene su verdad y no nos ha ido muy bien, así que puede que la época de la duda se nos dé mejor.

Siempre ha sido muy crítica con la prensa. ¿Fue su mala experiencia en el sector lo que la llevó a explorar la reconstrucción de otra realidad más artística en sus trabajos?

Soy crítica, pero al mismo tiempo necesito a la prensa. Me gustaría que no se simplificase. Yo lucho contra el uso simplificado que se hace de las herramientas, entre ellas la fotografía, para contar el mundo en el que vivimos.

Si por algo se ha caracterizado su trabajo es por jugar con los límites de la realidad y la ficción. ¿Por qué ese interés por la ficción cuando puede captar la realidad con su cámara?

La ficción no es meter en una coctelera un dragón, un unicornio y un poco de purpurina. La ficción es el relato, cómo ordenas los hechos para que tengan un sentido al margen de la realidad. Los libros más leídos y que han construido civilizaciones son los religiosos. La Torá, el Corán o la Biblia son ficción. El listín telefónico no es ficción y no sirve para nada. La ficción es muy importante, no como un ejercicio de imaginación, sino para explicar la realidad. Para mí, la mejor ficción es la que parece verdadera.

Reivindica también el humor.

El humor y lo lúdico. Es el rebote existencial después de haber salido de la prensa. Si la seriedad y el rigor son los dos grandes pilares del periodismo, para mí lo son el humor y la ficción para hablar de temas esencialmente periodísticos. Son las dos herramientas que mejor me funcionan para que la gente se quede mirando y capturar su atención. La atención, de hecho, es el gran campo de batalla para cualquier comunicador: cómo conseguirla y que sea sostenida, que dure más de los tres o cuatro segundos de un reel. La atención es una capacidad física y la estamos perdiendo. Puede que nuestro conocimiento se vuelva muchísimo más superficial.

Dejó la presidencia de la agencia Magnum el año pasado. ¿Qué balance hace de su mandato y cuál cree que ha sido su principal aportación?

Quiero creer que se ha abierto un poquito a discursos y a puntos de vista menos decimonónicos. Es difícil valorar la aportación, porque Magnum es un proyecto a muy largo plazo y va todo muy lento. El gran logro es que siga en pie, porque es como mantener un diplodocus. No hay nada como Magnum ahora mismo, no hay nada que funcione hoy así. Vive de la dedicación y la generosidad de sus miembros. Remamos en una balsita en medio de una tormenta y a contracorriente. Con pocos apoyos, pues Magnum es como la agencia de la verdad y demás, pero no recibe ayudas como institución. Es una empresa que tiene que vivir de vender fotos, fotos que cada vez están menos en sintonía con la industria. El reto es mantenerla a flote.

¿Ha sufrido el síndrome de la impostora?

Muchísimo. Soy mujer, ¿cómo no lo voy a sufrir? Y lo sigo sintiendo. No me paraliza, pues pienso que forma parte de quien quiere crecer. Yo lo veo como algo bueno, como una cojera con la que nací.

¿El fotoperiodismo se ha creído en un pedestal?

Sí. Y Magnum no está libre de pecado. La leyenda del fotoperiodista, del hombre intrépido que se va a salvar el mundo, porque fue la leyenda de Capa, sigue ahí. El fotoperiodismo tuvo su época dorada que ya no lo es tanto. Lo es para algunos elegidos. Una cosa que siempre me chirrió, y por la que quise distanciarme, es la superioridad moral que se asocia con haber estado en una guerra. Toda la sociedad sabe que está pecando de indiferencia. Saber que se está muriendo gente en un país y tú estar mirando vídeos de las Kardashian implica tener una desconexión bastante fuerte para no sentirte mal como ser humano. Si eres fotoperiodista y te acercas al drama humano, parece que haces algo más que quien está mirando a las Kardashian en Instagram. Sin embargo, no creo que el fotoperiodista sea superior moralmente a la persona que está en su casa sin hacer nada.

¿Hay alguna foto que nunca haría?

La que no me dejan hacer. La idea de ir robando fotos me parece cada vez más violenta.

¿Y cómo es contemplar España desde la distancia?

Siempre tengo un ojo en España, pero me gusta vivir en el extranjero y tener que aprender continuamente. Llego a España y me muero. Me canso. Yo necesito estímulo.

Worauf zu achten ist

KI-Ausblick — Möglichkeiten, keine Fakten

  • Societies will develop a greater need for 'origin stamps' or authenticity certificates for images, similar to food labeling.

    Sehr wahrscheinlich · Mittelfristig

  • The documentary value of photography will not be lost, but will coexist with AI-generated imagery, requiring viewers to discern between the two.

    Wahrscheinlich · Langfristig

  • A society that embraces doubt and questions the concept of a single, absolute truth might be a more functional or better-suited model for the future.

    Möglich · Langfristig

Offene Fragen

  • What specific regulations are being developed by the EU to address AI-generated images?
  • How will the 'wild west' approach in some countries affect the global perception of photographic authenticity?
  • What are the long-term consequences of losing the ability to discern legitimate images?
  • Will the emphasis on fiction over factual representation fundamentally change how societies understand reality?

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This article was originally published by El Mundo.

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