España campeona del mundo: Argentina y Messi, sin disparos a puerta en la final
Auf einen Blick
- España se coronó campeona del mundo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey al vencer a Argentina en una final histórica.
- Argentina, con Leo Messi, no realizó ningún disparo a puerta hasta el minuto 119, marcando el fin de la era mundialista de Messi con una derrota y profunda tristeza.
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La final del Mundial en el MetLife Stadium de Nueva Jersey marcó la primera vez que un equipo no realizó disparos a puerta hasta el minuto 119, con España dominando a Argentina. Messi, a sus 39 años, concluyó su legado mundialista con una corona en Qatar y dos finales perdidas, visiblemente abatido.
Ningún disparo a puerta por primera vez en la historia de una final de Mundial. Sólo dos, y lejos. Argentina y Leo Messi fueron un maniquí en manos de España, errática en ataque por los vuelos del Dibu Martínez, pero dominadora en el centro del campo, férrea en defensa y lo más importante: campeona del mundo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, donde despidió al '10', abatido en el final, llorando desconsolado, tumbado en el césped con la mirada perdida, recibiendo el cariño de sus compañeros. A sus 39 años, termina su legado mundialista con una corona, en Qatar, y dos finales perdidas.
Los datos de Argentina son algo pocas veces visto en una final de la Copa del Mundo. La albiceleste no creó ni una sola oportunidad de gol hasta el minuto 119, cuando llegó su primer disparo. La segunda, en el 120, apelando más al corazón que a un fútbol que no le acompañó en ningún momento.
Sólo las 11 paradas de su portero la mantuvieron en el partido hasta el tiempo extra. Messi, estrella del torneo con ocho goles, asistente en dos de los tantos de la remontada argentina ante Inglaterra en semifinales, estuvo absolutamente desaparecido, vagando por el campo, dosificando esfuerzos y siendo un mero espectador.
Ni un balón en el área
No tocó ni un balón en el área de España, 54 en el resto del campo, el que menos de todos los titulares del encuentro, siete de ellos en el último tercio de la selección de De la Fuente. Realizó solo tres regates y fue un espejismo de lo que el resto de equipos le permitieron durante el Mundial. Totalmente neutralizado por España como toda Argentina, desesperada, haciendo más faltas, 25, que en la intensa tarde contra Inglaterra y viendo cómo Enzo Fernández veía la roja tras una dura entrada sobre Cubarsí. Antes, Messi había pedido la roja para Cucurella por taparse la boca en una conversación. Paredes, con una doble agresión a Eric Garcia y a Gavi cuando el árbitro ya había pitado el final, resumió la impotencia de la albiceleste. «Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota», dijo Scaloni.
Messi había aterrizado en Estados Unidos con la mochila vacía y el alma liberada desde Qatar, donde consiguió la copa que Argentina entera llevaba pidiéndole 16 años y rogando a cada jugador desde 1986, en un país que convirtió aquel verano en religión. El juicio de cada cuatro años terminó en la tanda de penaltis de Lusail y a partir de ahí todo cambió, se le incluyó en las canciones a Maradona, a las Malvinas y la gloria albiceleste. Se le elevó a hombros de cada aficionado, compañero y entrenador, llorando todos en cada triunfo. «Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo», como dice el nuevo cántico argentino.
La última de Leo sucedió en el MetLife Stadium de Nueva Jersey y ante el país que le vio crecer y sufrir bajo la presión de su selección. Desde el 86, cualquier niño argentino que pudiera darle bien a la pelota heredaba una carga invisible: debía parecerse a Maradona. Con Messi, la metáfora terminó. En 2006 debutó, precisamente a las órdenes de Diego; en 2010, cuando ya era Balón de Oro, comenzaron las dudas en un país que quería héroes inmediatos. En 2014, con 27 años y en Brasil, el deseo se convirtió en presión. Maradona había ganado con 25 y Pelé tenía dos antes de cumplir los 22. La derrota contra Alemania fue la noche más cruel de su vida deportiva y pasó junto a la copa sin tocarla.
Después llegaron las finales perdidas en la Copa América, su renuncia a la selección y el regreso para Rusia 2018, donde era ya un veterano rodeado de dudas que no pudo evitar la derrota contra Francia en octavos de final.
Por eso Qatar le liberó y por eso la emoción albiceleste al ver sus últimos pasos este verano. Diego es la leyenda emocional, el potrero y el icono, pero ya no hay dudas de que Leo ha sido más grande que él a nivel deportivo. En el MetLife ya no sonaban esas canciones contra Brasil que durante décadas taparon los fracasos de Argentina, como el «Brasil, decime que se siente». Ahora sólo suenan cánticos sobre los éxitos de Messi.





