Grabación de un tiburón blanco en el Mediterráneo reaviva el debate sobre su conservación
Auf einen Blick
Un equipo de buzos de Healthy Seas y Ghost Diving grabó por primera vez un tiburón blanco bajo el agua en el Estrecho de Sicilia, reavivando la atención sobre esta especie en peligro crítico de extinción en el Mediterráneo y la urgente necesidad de su conservación frente a la presión humana.
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Warum es wichtig ist
La reciente grabación submarina de un tiburón blanco en el Estrecho de Sicilia por Healthy Seas y Ghost Diving ha puesto de manifiesto la persistencia, aunque infrecuente, de esta especie en el Mediterráneo, donde está en peligro crítico de extinción.
Tres centenares de dientes triangulares con bordes aserrados y más de siete centímetros de longitud, dispuestos en siete filas. Mandíbulas que pueden desencajarse para dar mordiscos de más de un metro de diámetro, oquedad en la que cabe una persona. Mordeduras cuya fuerza casi alcanza las dos toneladas por centímetro cuadrado (la del humano tiene de promedio alrededor de 15 kilos). Un cuerpo masivo que llega a medir más de seis metros y pesar 2,5 toneladas, dimensiones que no le impiden alcanzar 56 kilómetros por hora y saltar más de tres metros verticales fuera del agua.
Con semejante carta de presentación, es lógico que la menor noticia que protagonice llame la atención de todo el mundo. Hablamos de la máquina perfecta de devorar. De una de las criaturas más temidas y de peor fama de los océanos, pero también de las que están en mayor peligro de extinción: el tiburón blanco (Carcharodon carcharias).
La reciente grabación de un gran blanco en el mar Mediterráneo ha devuelto a la actualidad al gran depredador de mares y océanos. Sucedió en el estrecho de Sicilia, el brazo de mar que separa la isla italiana de Túnez. La realizó un equipo de buzos de Healthy Seas y Ghost Diving, organizaciones comprometidas en la retirada de aparejos de pesca abandonados en las profundidades marinas, y otros residuos que contaminan las aguas.
"Estábamos retirando redes fantasmas en un pecio, en un área que es conocida por su biodiversidad, pero también por ser una de las zonas pesqueras más explotadas del Mediterráneo", contextualiza el inesperado encuentro Veronika Mikos, directora de la ONG. Los pecios son restos de naufragios en los que quedan enredadas estas artes de pesca, convirtiéndose en cortinas en las que perecen enganchados miles de peces.
Según afirman desde Healthy Seas, se trata de las primeras imágenes filmadas desde debajo del agua a un tiburón blanco en el Mare Nostrum. "Se han producido grabaciones desde la superficie de las aguas, pero nunca se habían documentado encuentros submarinos con la especie grabados por buzos", señala la ONG en un comunicado.
No es una novedad, sin embargo, el avistamiento de grandes blancos en el Mediterráneo. Existen referencias desde el estrecho de Gibraltar a las costas turcas. En aguas españolas el último encuentro se produjo el 20 de abril de 2023, cuando un blanco quedó atrapado en las redes de unos pescadores a 10 kilómetros al sureste del Cabo de la Nao (Alicante). El ejemplar estaba muerto. Por sus dimensiones, dos metros de longitud, se comprobó que era un ejemplar joven. El estudio realizado a propósito de esta captura por investigadores del Instituto Español de Oceanografía (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) señala que la presencia de la icónica y temida especie es "persistente, pero extremadamente infrecuente en el Mediterráneo español".
"En 2015 se capturó de manera occidental un tiburón blanco de más de cinco metros durante la pesca de atún frente a la playa de Bolonia (Cádiz). Hay otra cita en Tossa de Mar (Girona) de un ejemplar igualmente de más de cinco metros, que varó en la playa en 1992, y existen grabaciones de blancos en Baleares desde los años 70", subraya Ana Colmenero, coordinadora del grupo de elasmobranquios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
"Lamentablemente, la especie está en peligro crítico de extinción en este mar, lo que hace casi imposible verlos desde la superficie y, mucho más, filmarlos desde debajo el agua", añade Claudio Barría, doctor en Ciencias del Mar especializado en el estudio de los elasmobranquios, grupo que incluye a tiburones, rayas y quimeras.
Claudio Barría y Ana Colmenero son autores de Tiburones, libro divulgativo recién publicado por Catarata y el CSIC. En sus páginas ambos repasan la biología, las circunstancias actuales, la mitología y la función que desempeñan en los ecosistemas marinos las especies de tiburones que habitan en las aguas cercanas a Península Ibérica y los dos archipiélagos. Ambos trabajan en la primera lista UICN de tiburones de las costas españolas. "Estamos evaluando todas las especies presentes para conocer su estado real", señala Colmenero.
Según estos expertos, "a pesar de llevar 450 millones de años en la Tierra y haber sobrevivido a las cinco grandes extinciones de la Historia, el acoso del ser humano ha puesto contra las cuerdas a estas fascinantes criaturas. Son especies divagantes y, algunas, muy escasas. Por ello resulta muy difícil estudiarlas", afirma Barría.
En el mundo se han catalogado 560 especies. Hasta el momento, pues siguen apareciendo otras; este año se han descubierto dos. En las costas españolas viven 76 especies. "Es una representación bastante amplia, debido a la diversidad de hábitats de las aguas españolas: del Atlántico al Mediterráneo", explica el biólogo.
Pueblan y visitan nuestras aguas especies bien reconocibles como la pintarroja, el cazón y la tintorera, junto a otras tan exóticas como el tiburón de Groenlandia y el de Galápagos. Los hay de todos los tamaños, desde el pigmeo, apenas 25 centímetros de longitud, al peregrino, el segundo escualo más grande del planeta, con 10 metros del morro a la cola. Y, por supuesto, una enorme variedad de pelágicos que incluyen los que causan mayor animadversión: marrajo, tiburón toro, tiburón martillo, jaquetón, tiburón tigre y tiburón blanco.
"Los tiburones son uno de los grupos animales con peor fama, aunque completamente infundada, y muchos están en grave peligro de extinción", comenta Barría sobre sus peces más queridos. La función ecológica que cumplen es trascendental. "Los tiburones pelágicos, como el marrajo, el cazón y el blanco, depredan otros organismos –no seres humanos, recalca– y se encargan de mantener sanas las poblaciones de peces, al alimentarse de ejemplares enfermos. Otros son carroñeros y se alimentan de animales muertos. También hay especies filtradoras, como el tiburón peregrino, que se alimenta de plancton y tiene un papel protagonista en el flujo de carbono y en del CO2 de gran responsabilidad en el calentamiento climático. Si no estuvieran los tiburones, tendríamos graves problemas en los fondos marinos, como la anoxia", explica el biólogo.
A pesar de tan decisivo papel en la salud de nuestros mares, más de la mitad de los tiburones que viven en ellos están amenazados de extinción. Escasa diversidad genética de especies como el blanco, contaminación de las aguas y, sobre todo, una desmesurada presión pesquera son las causas principales de tan preocupante estado. "Sólo España captura más de 40.000 toneladas de tiburón al año. Esto significa que nuestra flota pesca más de un millón de tiburones", denuncia Barría. Nuestro país captura el 50% de todos los escualos pescados en Europa.
"Algunas especies están protegidas por ley y no se pueden pescar ni comercializar, como el blanco, el tiburón ballena, el martillo y otros grandes pelágicos, aunque se producen capturas accidentales en la pesca de especies como el atún. Sí se capturan otros más abundantes, como el tiburón azul, el tiburón gato, y la pintarroja", reconoce Colmenero.
Una pequeña cantidad de las capturas se exporta, pero la mayor parte se dirige al consumo nacional. "Encontramos bastante tiburón en los platos de nuestra cocina tradicional. Se vende su carne en preparados congelados para arroces y bajo la denominación de cazón se comercializan tintoreras, musolas, caellas y otras especies. Es un plato especialmente corriente en el sur de España. Entre otras cosas, porque carece de espinas", relata.
El papel sanitario de los tiburones no ha sido óbice para que la sociedad los considere los malos de la película. Literalmente. Basada en una novela del estadounidense Peter Benchley, Steven Spielberg rodó en 1975 la película que cambió para siempre la imagen del gran blanco en el imaginario popular, confiriéndole un espíritu demoníaco: Tiburón. Con más de 100 secuelas, queda patente el terror que sigue provocando al cabo de medio siglo.
En realidad, al tiburón protagonista apenas se le ve en la película. Se le intuye como amenaza letal, que acecha en las profundidades y puede aparecer en cualquier momento. Lo que funciona en el film es el pánico a lo desconocido, proyectado por la banda sonora de John Williams, cuyos acordes marcan el ritmo in crescendo del miedo.
El título original -Jaws (mandíbulas, en inglés)- y el cartel de la película también hicieron lo suyo. En el póster promocional, un monstruo gigantesco emerge de las profundidades y nada directo con las fauces abiertas hacia una mujer que nada confiada en la superficie del agua.
"Hay infinitas más posibilidades de que te toque el Gordo que de sufrir el ataque de un tiburón"
Claudio Barría, doctor en Ciencias del Mar
A raíz de la película, los tiburones pasaron a ser seres surgidos del Averno. Se desencadenó una cacería indiscriminada. Fueron masacrados a millares, especialmente en Estados Unidos. La población mundial descendió un 70% en pocos años y muchas especies llegaron al borde del colapso.
El irrefrenable temor atávico que despierta el cazador marino es aprovechado por los medios para aumentar su difusión. "Cuando hay un incidente con tiburones, en Egipto, en Maldivas o donde sea, se enteran hasta en la Antártida, pero en contadas ocasiones se habla de que están al borde de la extinción", lamenta Barría.
Los ataques de tiburón en España se cuentan con los dedos de una mano. Según el informe del IEO-CSIC, desde 1862 hasta su publicación en 2023 solo se han registrado dos. Posteriormente, en 2025, un surfista sufrió heridas en una pierna en aguas de Fuerteventura.
"Por naturaleza, el tiburón no ataca al ser humano, no somos parte de su dieta. Si ve algo flotando y lo confunde con una presa, un surfista con una foca, por ejemplo, puede morderlo. Una simple mordedura de reconocimiento, no de ataque, de una tintorera puede arrancar un miembro. La mayoría de las veces son simples rozaduras de su áspera piel. Otras son especies diferentes de las que muerden y se confunden con tiburones. En cualquier caso, si ves un tiburón en el agua, debes salir a tierra. Es lo mismo que si en la montaña te encuentras con un oso: aléjate rápido", concluye Colmenero.
La única presunta víctima en aguas españolas en la historia se produjo en 1902, en aguas de Baleares. "Realmente no está confirmado que muriese por ataque de un tiburón. La autopsia señaló mordeduras de tiburón, pero los testimonios del suceso inducen a pensar que es muy seguro que muriese ahogado, siendo mordido por algún escualo posteriormente. Un ataque de tiburón en aguas españolas tiene una probabilidad infinitesimal de uno entre mil millones. Hay infinitas más posibilidades de que te toque el Gordo de la Lotería que de sufrir el ataque de un tiburón", sostiene Barría.
Offene Fragen
- ¿Qué medidas específicas se implementarán para reducir las capturas accidentales de tiburones?
- ¿Cuál es la población estimada actual de tiburones blancos en el Mediterráneo?
- ¿Cómo se puede cambiar la percepción pública negativa sobre los tiburones?





