Interpol, Zaz y Ralphie Choo cierran el Bilbao BBK Live
Auf einen Blick
- La última jornada del Bilbao BBK Live 2023 ofreció un contrapunto entre la electrónica y el britpop con Interpol, Zaz y Ralphie Choo.
- La banda neoyorquina repasó su repertorio, la francesa desplegó su chanson y el manchego mostró su vanguardia.
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Warum es wichtig ist
La vigésima edición del Bilbao BBK Live se acerca a su fin, con la última jornada ofreciendo un cartel diverso que contrasta la electrónica y el britpop.
El Kobetamendi amanece una vez más. Tercera parte de un festival que ya va llegando a su fin. El Bilbao BBK Live se prepara para la última jornada de esta vigésima edición. Si el primer día lo marcó la electrónica de FKA Twigs y el segundo estuvo consumido por el britpop de Robbie Williams, este sábado ha sido el contrapunto perfecto entre ambos. Ese pop tan experimental de Ralphie Choo converge con el swing de Zaz. Y cómo olvidar el post-punk revival de Interpol.
Son estos últimos los primeros en batallar contra cientos de miles de asistentes subidos al Nagusia, el escenario principal. Suben los tablones lentos, tranquilos. A darlo todo con Interpol. Dicho y hecho. No I in Threesome comienza una danza lenta, casi aburrida, que forma parte de su esencia. Con sus gafas negras y una sobriedad inquietante, la banda neoyorquina repasa todo su repertorio de principio a fin. Y todo ello sin moverse demasiado por el escenario.
El público lo vive igual. No importa si está sonando C'mere, Evil, All the Rage Back Home o Rest my Chemistry porque las manos alzadas y el coro de voces no faltan en ningún caso. Poco más que un escueto "gracias" por parte de Paul Banks entre canciones es lo que la banda neoyorquina se permite antes de seguir con su setlist, ese que se centra en Turn on the Bright Lights, su álbum de estudio más conocido.
Entre tanto clásico destacan Wings on Fire y See Out Loud, dos de sus temas más recientes y parte de su próximo álbum This Mirror Weighs a Ton. Banks canta con una voz pausada, rara vez grita. Es el epítome de la contención. Y con el pulso casi hipnótico en la batería y el bajo, Obstacle 1, Slow Hands y NYC se suceden sin descanso en lo que es el clímax de una de las cabezas de cartel más esperadas del festival.
Llega el final. PDA suena a través de los altavoces, marcando la despedida de la banda neoyorquina. Hay quien dirá que el concierto ha carecido de vida, de movimiento, de color. Los fans de Interpol lo justifican mejor: "Quien piense que son sosos es porque no sabe lo que es el rock de verdad". Nada más que añadir.
Al otro lado del recinto, la primera en llenar este escenario San Miguel no es otra que Zaz, la dueña de la chanson francesa. Con una trayectoria tan sútil como amplia, la verdaderamente llamada Isabelle Greffoy pasa por el veterano festival con una discreción sin precedentes. Y no será por falta de música, porque la cantautora aprovecha al máximo su hora de concierto para explorar todas sus canciones de principio a fin, e incluso se permite algún breve pasaje de scat, demostrando que su voz es, sin duda, su instrumento más preciado.
Con esas raíces del jazz manouche y un timbre rasgado imposible de olvidar, Zaz rezuma una energía casi callejera y la cercanía con su público es la que finalmente eleva su espectáculo al nivel de algunos -puede que muchos- de los más grandes de esta vigésima edición del BBK Live. Puede que ni aún así sea suficiente para convencer a un público
difícil, acostumbrando a la veteranía de Robbie Williams o al caos coreografiado de FKA Twigs.
Greffoy abre con Je pardonne, quizá porque es una de las pocas canciones de su repertorio que incluye palabras en español. Eso de "te perdono, me perdono/ pero recuerdo todo". El castellano lo domina, está claro. No tiene tanta suerte con el euskera, al mirar sin tapujos una chuleta imposible de descifrar. Y como lo importante es la intención, continúa con su espectáculo y con esa actitud alegre y natural tan característica.
Greffoy, que eligió su nombre artístico por cerrar el ciclo alfabético, habla de feminismo, de los que ya no están y de su historia. Concluye su repertorio de la misma forma en la que lo abre. On ira y Je Veux empiezan a sonar y esa fiesta particular termina. El público del festival se dispersa. Satisfechos. Aunque no pasa mucho tiempo hasta que Ralphie Choo recoge el testigo sobre las tablas del San Miguel, esta vez para engatusar a un público multitudinario en una actuación llena de vanguardia, autotune, y nuevas herramientas musicales que demuestran la maestría del manchego Juan Casado en la producción y creación de sonidos.
Tres conciertos muy diferentes que acompañan a la última puesta de sol del festival. El swing de Zaz, los ritmos de Ralphie Choo y la veteranía de Interpol ya quedan para siempre grabados entre los más de 100.000 asistentes del festival. El sol cae, pero el espectáculo continúa.





