Newsgather
ZurückLa vergüenza de ir solo al cine o a un restaurante: cuando la soledad elegida se convierte en tabú social
La vergüenza de ir solo al cine o a un restaurante: cuando la soledad elegida se convierte en tabú social
Wissenschaft
El País28.4.2026Wissenschaft6 Min. LesezeitSpain

La vergüenza de ir solo al cine o a un restaurante: cuando la soledad elegida se convierte en tabú social

Un análisis de la estigmatización de la soledad voluntaria en la sociedad contemporánea y los beneficios psicológicos de aprender a estar solo

Auf einen Blick

  • Un análisis sobre el estigma social de hacer actividades en solitario y los beneficios psicológicos de la soledad elegida.
  • Expertos como el psicólogo Robert J.
  • Coplan y el filósofo Omar Linares explican por qué la incapacidad para estar solo se ha convertido en un problema moderno, mientras personas comunes relatan su proceso para superar la vergüenza de ir solos al cine o restaurantes.

KI-generierte Zusammenfassung

Schriftgröße

Hay una conversación que se repite desde hace años en foros como Reddit o Forocoches. Alguien tiene ganas de hacer algo —acudir a un concierto, empezar a practicar determinado deporte o probar la comida libanesa— pero no se decide porque no tiene quien lo acompañe. Entonces cuelga un post en el que pide consejo, porque teme acabar como un usuario que fue a una fiesta donde pinchaban su música favorita y terminó agobiado. Es un mensaje real: “Me siento fuera de lugar porque estoy solo y todo el mundo está con amigos. ¿Qué hago? No quiero parecer un bicho raro o dar mala espina. Creo que todo el mundo me está mirando”. La soledad puede cronificarse hasta convertirse en un problema de salud mental, pero lo más habitual es que sea una experiencia cotidiana con la que no estamos del todo cómodos. De hecho, su estigma en la vida real es directamente proporcional a su prestigio como mito moderno. Por ejemplo, cuando hace algunos meses se hicieron virales unas imágenes, extraídas de un documental de Werner Herzog, donde se ve a un pingüino alejándose de su grupo, muchos las interpretaron como una escenificación de la heroica determinación que lleva a un individuo singular a alejarse de los suyos para abrazar su propio destino, por incierto que sea. Al fin y al cabo, ese relato es una de las bases del liberalismo y la escena recuerda a una de las frases más citadas de Ayn Rand: “No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres”. Eso sí, Rand desarrolló sus ideas en un par de novelas monumentales escritas tras huir de la represión del régimen soviético, mientras que algunos de sus epígonos contemporáneos comparten memes de pingüinos desde sus dormitorios. En cualquier caso, la distancia que va del mito —fundamentalmente masculino y relacionado con otras tradiciones como la del genio creativo— a la preocupación cotidiana señala que la soledad deseada suele tener más éxito como fantasía que como práctica. Incluso quienes, por su trabajo, están acostumbrados a viajar solos, reconocen que puede resultar problemático. Por un lado, se encuentran problemas logísticos, como restaurantes que no admiten reserva para un comensal; por otro, deben desarrollar estrategias para soportar su propia compañía, es decir, para lidiar con su conciencia durante muchas horas. Algo que conduce al famoso pensamiento de Blaise Pascal: “Toda la miseria de los hombres proviene de no saber permanecer solos en una habitación”. Si todos estamos de acuerdo en que la soledad no deseada es uno de los males de nuestro tiempo, ¿lo es también la incapacidad para lograr una soledad deseada y fértil? Y, si nos decidimos a salir de la habitación… ¿De verdad es tan preocupante encaminarnos hacia el cine o a la discoteca solos?

A solas con uno mismo

Actualizando la cita de Pascal, el escritor estadounidense David Foster Wallace comentó en una entrevista de 2003 que tenía “muchos amigos inteligentes” a los que no les gustaba leer, no tanto porque les aburriese como porque “hay un pavor que surge de verse obligado a estar solo, callado y en silencio”. El filósofo Omar Linares, terapeuta y autor de La consulta del filósofo, confirma que “tenemos problemas a la hora de pensar la soledad, porque la concebimos desde el temor. Confundimos la soledad con el miedo a la misma, a pesar de haber experimentado situaciones en las que se mostró inocua. Proyectamos nuestros propios prejuicios y sesgos de pensamiento sobre la realidad, y nuestra sociedad se ha esmerado en enseñarnos que, si estamos solos, es porque no somos dignos de compañía, por lo que la soledad debe causar vergüenza. Sin embargo, todos hemos podido sentir plenitud en momentos de soledad; así como también aislamiento, desconexión y apatía en eventos sociales, con mucha compañía”, recuerda Linares.

Robert J. Coplan, psicólogo y profesor en la Universidad de Carleton, ha estudiado los beneficios de la soledad durante más de 30 años y está de acuerdo con que “subsiste un estigma social hacia la búsqueda deliberada de aislamiento”. “En múltiples culturas, el consumo individual en espacios públicos (como restaurantes o cines) se interpreta erróneamente como una carencia de redes de apoyo. Es necesario subvertir este paradigma. La autonomía para solicitar tiempo a solas debe normalizarse; la carencia de este espacio privado está relacionada con incrementos en los niveles de estrés, irritabilidad y sintomatología depresiva”, explica a ICON el también autor de El gozo de la soledad.

Coplan señala que la soledad puede entenderse tanto mediante el aislamiento estricto como a través de la percepción de separación (la famosa “soledad en medio de la multitud”) y propone que pensemos en ella como un estado fuera de escena: “un respiro de las exigencias y tensiones inherentes a la interacción social”. “La soledad es una necesidad humana fundamental, equiparable a la conexión social. Para individuos con altos rasgos de extroversión, esto resulta especialmente desafiante. Estudios experimentales indican que muchos sujetos prefieren estímulos aversivos (como descargas eléctricas) antes que enfrentarse a sus propios pensamientos sin distracciones. Sin embargo, no es necesario un aislamiento prolongado para obtener beneficios. Una exposición gradual también facilita una mayor estabilidad emocional”, insiste el psicólogo.

Entonces, ¿la soledad deliberada solo es un problema por su imagen social, o esconde alguna otra trampa? En su consulta, Linares se ha encontrado con aquellos que confiaron demasiado en el aislamiento —inspirados, quizá, por películas como Hacia rutas salvajes— como solución para problemas que requerían estrategias distintas: “Decidir desde el rechazo no suele ser una buena opción”, afirma. “Irse al campo solo porque me he cansado de la ciudad puede estar bien, ya que me permite conectar con la naturaleza, bajar el ritmo, respirar aire puro… pero no creo que pueda convertirse en algo sanador en sí mismo. He trabajado con personas que coqueteaban con la idea de irse a la cabaña de Thoureau para así dejar de sufrir esos impactos sociales, laborales y vitales que tantos les dañaban. Lo interesante es que también he trabajado con personas que ya habían protagonizado ese éxodo, vivían en la montaña, y llegaban sorprendidos por verse igualmente atormentados por las cuestiones personales que les hicieron escapar”, recuerda el filósofo.

Además, los pensamientos rumiantes (negativos, repetitivos y persistentes sobre uno mismo y los demás) pueden convertirse en una tortura para quienes afrontan una actividad en solitario sin estar demasiado convencidos de lo que hacen (como aquel forero junto a la pista de baile). Efectivamente, Coplan confirma que “si la soledad se conceptualiza como un castigo, siguiendo el modelo punitivo del aislamiento carcelario o el correctivo infantil, se experimentará como tal”.

La vergüenza al hacer planes solo

El inglés dispone de dos palabras diferentes (solitude y loneliness) que sirven para distinguir entre la soledad deseada y la indeseable. Mientras que solitude alude a un estado de separación, a menudo elegido, que ofrece libertad; loneliness es un sentimiento doloroso derivado de una discrepancia entre las conexiones sociales deseadas y las reales (una especie de “soledad fallida”).

Esperanza Gaona es una microbióloga que reconoce haber experimentado las dos. Su caso es significativo, porque, según cuenta, hace años le preocupaba no saber estar sola, mientras que a día de hoy —gracias a un proceso personal y a un aprendizaje resultado de sus obligaciones laborales— disfruta especialmente del “mayor espacio para la improvisación” y la paz que ofrecen los viajes en solitario. “Antes intentaba tener chorrocientos planes con gente, para evitar sentirme una persona solitaria, algo que me llevaba a estar siempre muy cabreada e irascible”, relata. “Con el tiempo, comprendí que lo que me ponía así eran precisamente los millones de estímulos que buscaba constantemente por no saber estar sola. Aprendí a gestionarlo gracias a una terapeuta que me ponía ejercicios semanales: me decía que buscara dos días para estar en casa conmigo misma haciendo cualquier cosa, como leer, escribir o arreglar las plantas, pero con la condición de que fuera algo planificado. Al principio me costaba muchísimo y, más allá del aburrimiento, me generaba mucha ansiedad, pero a medida que pasó el tiempo fui evolucionando hasta llegar al punto actual, en el que me doy cuenta de que estar sola es algo que me hace falta y que realmente necesito”.

Hace años que Gaona tiene un trabajo que le exige pasar temporadas lejos de su ciudad, algo que ha acabado con muchos de sus viejos remilgos. “Al principio a mí también me daba vergüenza ir a restaurantes sola. Algo que les sigue sucediendo a las mujeres jóvenes que entran a trabajar en mi equipo, por más que si pasan tres o cuatro días fuera de casa, tienen que acostumbrarse a comer o cenar así. Y todavía hay cosas que me siguen dando vergüenza como irme de tapas y otros actos que se consideran algo más social. Salir de fiesta sola, que no lo he hecho, sigue pareciéndome una frontera”, indica.

Para superar este tipo de vergüenzas, Coplan asegura que lo mejor es “entrenar progresivamente el músculo de la soledad”, para lo que bastan 15 minutos diarios, eso sí, lejos de teléfonos y notificaciones. También es útil hacer un esfuerzo consciente por reorientar el pensamiento, ya que “la simple instrucción de dirigir el pensamiento hacia contenidos positivos durante el tiempo a solas altera significativamente la experiencia subjetiva”, afirma el psicólogo.

¿Más ensimismados o más preparados para los demás?

En novelas como Intemperie o Llévame a casa, el escritor Jesús Carrasco reflexionó sobre la soledad de personajes enfrentados a universos violentos e insatisfactorios. El aislamiento del “niño” o “muchacho” protagonista de la primera, o el de Juan, de la segunda, es una experiencia casi pura, que tiene lugar en las llanuras de Castilla y en un pueblo recóndito antes de la llegada de los teléfonos inteligentes: lugares donde no existían todas esas distracciones que amortiguan —o amplifican— la soledad urbana. “Esa soledad anterior al advenimiento de internet y sus mil estímulos, era una soledad que obligaba a cierto encuentro con uno mismo, a cierto pensamiento”, explica el propio Carrasco a ICON. “Ese pensamiento no tenía por qué ser necesariamente productivo, del mismo modo que la constante distracción o fragmentación contemporánea tampoco tiene por qué aniquilar la capacidad reflexiva. En mi opinión, la principal diferencia entre ese antes y este ahora no es tanto la relación con la soledad sino una cierta adicción generalizada a la renovación de los estímulos exteriores. Si no nos interrumpimos de manera regular, no estamos tranquilos, lo cual es, en sí mismo, una paradoja”, continúa el escritor.

Como ya estamos intuyendo, la soledad no es un fenómeno unívoco que pueda valorarse como positivo o negativo en su conjunto y, según Carrasco, “es absolutamente subjetiva y no depende del entorno: puedes sentirte solo un fin de año en Times Square y plenamente acompañado en medio de los Monegros”. Eso sí, el escritor también advierte de que a veces está relacionada con el individualismo: “La creencia de que yo puedo ser el actor y el artífice de todo lo que me suceda, también de mis progresos y mejoras. Solo te necesitas a ti mismo y a tu voluntad (de hierro) para triunfar, dice el típico creador de contenidos al tiempo que te vende, a precio de oro, su mentoría. Esa autonomía es una falacia. Tarde o temprano necesitamos al otro y si el otro es diferente a nosotros, más necesario. Todos los logros que nos han traído hasta aquí, también al creador de contenidos, son logros colectivos”.

Linares coincide. El filósofo relaciona ciertos discursos alrededor de la soledad deseada con “la tendencia actual sobre un autocuidado mal entendido, que invita a afirmar que deben priorizarse a sí mismas a personas que ya vivían en el egocentrismo más flagrante”, con resultados devastadores. Desde su experiencia, Gaona asume que “cuanto más tiempo vives sola más inflexible te vuelves, porque más acostumbrado estás a hacer siempre lo que te apetece”.

Verwandte Themen

This article was originally published by El País.

Ähnliche Meldungen

Investigadores de Barcelona desarrollan un chip en tejido cardíaco vivo para estudiar cardiotoxicidad
Wissenschaft·vor 4 Tagen

Investigadores de Barcelona desarrollan un chip en tejido cardíaco vivo para estudiar cardiotoxicidad

Investigadores del CSIC e IDIBELL en Barcelona han desarrollado un "corazón en un chip" con tejido cardíaco vivo, derivado de células madre humanas. Este avance busca reproducir el funcionamiento cardíaco para comprender mejor la cardiotoxicidad de fármacos, un obstáculo en su desarrollo, y así evitar el descarte de tratamientos prometedores, además de reducir la experimentación animal.

20minutos
1 Min. Lesezeit
Mehr zu diesem Themasoledad