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Madres de Negro y la lección de Líbano: Israel repite errores en Oriente Próximo
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El País Internacional20.05.2026Welt4 dk okumaSpain

Madres de Negro y la lección de Líbano: Israel repite errores en Oriente Próximo

Auf einen Blick

  • Madres israelíes y libanesas celebraron en 2000 el fin de la ocupación de Líbano.
  • Ahora, Israel repite errores de 1982, enfrentando amenazas de Hezbolá, Hamás y Irán, con un alto coste político y militar.

KI-generierte Zusammenfassung

Warum es wichtig ist

La retirada israelí del sur de Líbano en mayo de 2000 marcó un hito, celebrado por madres de ambos lados. Sin embargo, la actual estrategia bélica israelí, calificada por historiadores como un "gran error", evoca los errores cometidos durante la invasión de 1982, que tuvo un elevado coste político, militar, económico y social para Israel.

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En mayo del año 2000, el núcleo de las Madres de Negro enrolló sus pancartas y acalló sus gritos en el norte de Israel, exhaustas a la vez que satisfechas por lo que creían un triunfo social: evitar que ningún otro hijo de ninguna otra madre israelí muriera en “la estúpida e innecesaria” ocupación del sur de Líbano. Al otro lado de la frontera, cientos de mujeres libanesas, madres de combatientes de los grupos chiíes Hezbolá y Amal, celebraban con el similar afán, felices de que el sacrificio de sus hijos, a los que habían educado para el martirio, hubiera servido para infringir al enemigo su mayor derrota militar, la retirada sin condiciones y a la carrera de un territorio que les habían usurpado dos décadas atrás.

La primera invasión israelí del sur de Líbano arrancó el 6 de junio de 1982 y entre sus causas principales —más allá de las puramente militares— es obligado destacar el efecto político que desencadenó la rúbrica, tres años antes, del transcendental acuerdo de paz firmado entre Israel y Egipto, uno de los cuatro hitos históricos ocurridos en 1979 que trocaron el devenir de Oriente Próximo, y explican la geopolítica actual. La arriesgada apuesta del entonces primer ministro israelí, Menachem Begin, se perfiló hacia el fracaso: debilitó a las corrientes moderadas que trataba de liderar y espoleó al movimiento sionista, radical y excluyente, encarnado en aquellos años por dos de los inspiradores del actual jefe del Gobierno, Benjamín Netanyahu; el presidente Moshé Katsav, sefardí pero nacido en Irán, y el general Ariel Sharon, a quien en 1983 la comisión Kahan consideró responsable de la matanza de cientos de personas en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila, en el sur de Beirut.

Aquella ocupación tuvo, además, un elevado coste político, militar, económico y social para Israel, sin apenas beneficios: más de 250 soldados murieron en combate, la mayoría de ellos a partir de 1985, fecha en la que el Gobierno liderado por el primer ministro, Simón Peres, decidió establecer un “cinturón de seguridad” al sur del río Litani, que administró junto al general Antoine Lahud, líder de una milicia libanesa cristiana maronita.

Ese mismo año, clérigos chiíes entrenados por Irán y protegidos por Siria lograrían unificar las diversas katibas de esa confesión y alumbrar Hezbolá, milicia que una década después lideraría la resistencia armada contra la ocupación israelí, con el apoyo y el aplauso de toda la dividida sociedad libanesa. La victoria bélica —a base de una minuciosa guerra de guerrillas combinada con una propaganda efectiva— permitió que el Partido de Dios continuara como el único grupo armado en Líbano y que se transformara en la formación política más influyente: en 2009 entró por primera vez en el Gobierno y nueve años después ganó las elecciones parlamentarias en un país con tres confesiones enfrentadas y una guerra civil (1975-1990) aún hoy sin resolver.

Un cuarto de siglo después de aquella derrota militar, la coalición sionista que lidera Netanyahu ha decidido iterar una estrategia bélica que diversos historiadores, tanto israelíes como internacionales, califican como el “gran error de Sharon”. Es cierto que la coyuntura regional es diferente y parece más favorable a los anhelos expansionistas del sionismo: la Resistencia Islámica, brazo armado de Hezbolá, parece más vulnerable sin sus dos principales patronos —la Guardia Revolucionaria iraní, expulsada de Siria y embarcada en una guerra de desgaste con Estados Unidos e Israel, y el Gobierno de Damasco, en manos de un antiguo líder del grupo yihadista Al Qaeda ahora aliado de Washington y Riad—. Además, el ejército israelí controla territorios sirios estratégicos en los Altos del Golán, con el respaldo de Rusia y la aparente complicidad del salafista, rehabilitado como presidente. Y ha logrado, al menos también en apariencia, reducir la amenaza palestina con su genocidio y ocupación de Gaza.

Sin embargo, oculta también una amenaza latente, similar a la que tres décadas atrás llevó a las Madres de Negro y a otros grupos de la sociedad civil judía a rebelarse contra los planes expansionistas del sionismo. Los ataques con drones y misiles de Irán han destapado las falencias del escudo aéreo israelí frente a ataques masivos y prolongados, necesitado de una cantidad ingente de misiles. Hezbolá ha demostrado su capacidad de supervivencia, pese al primer embate de las Fuerzas Armadas israelíes en el sur de Líbano, y Hamás su resiliencia frente a la masacre y destrucción de Gaza. En Siria, los grupos yihadistas contrarios al presidente Ahmed al Shara comienzan a recuperar el aliento, con la discreta ayuda de Turquía, pero también del Kremlin y de algunos príncipes y clérigos del Pérsico, indignados con la postura de sus gobiernos frente a la agresión israelí-estadounidense en Ormuz.

La superioridad aérea y tecnológica del ejército israelí es incontestable. Pero expertos militares advierten de sus previsibles dificultades en caso de un conflicto terrestre prolongado y con múltiples frentes abiertos. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), Israel cuenta con 178.000 soldados en servicio, a los que podría sumar unos 460.000 más si logra movilizar toda la reserva. Una cifra que se considera insuficiente para afrontar una larga ocupación del Líbano, un posible cambio en el frente sirio y una probable resurrección de las fuerzas palestinas, a las que se añadirían los drones de Irán, los misiles de los hutíes (chiíes) en Yemen y el terrorismo yihadista. Las madres de ambos lados lo saben y se preparan ante el eventual trasiego de ataúdes, como ocurrió hace tres décadas, cada una con su particular interpretación del término sacrificio.

Worauf zu achten ist

KI-Ausblick — Möglichkeiten, keine Fakten

  • Aumento del riesgo de un conflicto terrestre prolongado y con múltiples frentes abiertos para Israel.

    Wahrscheinlich · Mittelfristig

  • Demostración de resiliencia por parte de Hamás frente a la masacre y destrucción de Gaza.

    Wahrscheinlich · Mittelfristig

  • Recuperación de aliento por parte de grupos yihadistas en Siria, con ayuda discreta de Turquía, el Kremlin y clérigos del Pérsico.

    Möglich · Mittelfristig

Offene Fragen

  • ¿Podrá Israel evitar repetir los errores estratégicos del pasado en su actual política de seguridad en Oriente Próximo?
  • ¿Cuál será el impacto a largo plazo de la resiliencia de Hezbolá y Hamás frente a la ofensiva israelí?
  • ¿Cómo afectará la creciente interconexión de actores regionales (Irán, Siria, Yemen) al equilibrio de poder en la zona?
  • ¿Qué papel jugarán las madres y la sociedad civil en la eventualidad de un nuevo conflicto prolongado?

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This article was originally published by El País Internacional.

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