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Papa León XIV visita Barcelona: preparativos y el arte detrás de la cruz monumental
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La Vanguardia·7 sa önce·🇪🇸Spain·Welt

Papa León XIV visita Barcelona: preparativos y el arte detrás de la cruz monumental

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Faltan solo unos días para la histórica visita del papa León XIV a Barcelona y los preparativos ya se perciben en el ambiente. La señalización del recorrido del papamóvil, la colocación de banderas en los balcones y la expectación de un público ansioso por entonar el himno de la visita, Alza la mirada. Incluso el propio pontífice, según se dice, ya domina su bendición en catalán.

Pero para muchos de los que trabajan entre bastidores, la cuenta atrás comenzó hace tiempo. Uno de ellos es el artista barcelonés Xavier Bartumeus, quien, desde su taller en el centro de la ciudad, ha reproducido una gran cruz que presidirá el escenario del Estadi Olímpic Lluís Companys de Montjuïc durante el acto público que inaugurará la visita.

Nos recibe en su taller, a pocos días del traslado de la obra a Montjuïc. Se le nota la emoción en el gesto, la mente ocupada en los últimos detalles de la planificación del transporte y la tensión propia de quien confía en que todo salga según lo previsto.

Con años de experiencia exponiendo en España y en galerías de todo el mundo, Bartumeus reconoce: “Ser parte de un evento de tal importancia es un reto único, algo diferente y, sobre todo, una enorme ilusión”.

La escultura de Cristo crucificado que trabajó Bartumeus —de casi tres metros de altura y uno y medio de ancho— es una reproducción fiel de la obra del escultor catalán Francesc Fajula, ubicada en el altar mayor de la Sagrada Familia. A su vez, esta pieza se inspira en un diseño previo del escultor Carles Mani, bajo la dirección del arquitecto Antoni Gaudí.

“Tuve el honor, por petición del mosén Emili Roure, de dar protagonismo a este impresionante legado de generaciones de artistas catalanes, reproduciendo la misma estatua de Fajula pero en gran formato”.

Junto a un equipo formado por un carpintero, un arquitecto y su mano derecha, Miquel Balaguer —experto en producción 3D—, Bartumeus no tenía margen de error. “Me embarqué en la aventura. Durante días realicé una serie de dibujos frontales, de planta y de perfil de la escultura de Fajula en el interior de la Sagrada Familia. Balaguer los transformó en una malla 3D. A partir de ahí fuimos corrigiendo errores y ajustando planos, para continuar con la construcción hasta alcanzar la forma definitiva. Al ampliar la original, hay que modificar ligeramente las facciones, hacerlas más marcadas, porque en pequeño no se aprecian. Paralelamente, con el carpintero diseñamos la cruz para que la figura encajará perfectamente”.

¿Por qué la elección de esta figura de Cristo?

Tiene un dramatismo muy potente. Hay muy pocos Cristos representados así: arrodillado al extremo, casi vencido por su propio peso y, al mismo tiempo, con un gesto de esperanza en la mirada elevada al cielo, que coincide con el lema de la visita. Todos sus gestos transmiten el instante final, ese momento entre la vida y la muerte, de entrega total al Padre.

Hay Cristos vivos crucificados, hay Cristos muertos con la lanza, pero no hay Cristos en el momento previo a morir. Esa es la tercera vía: va a morir y lo sabe.

La visita del papa en Barcelona tiene una agenda activa y en el segundo día se celebrará una misa solemne en la Sagrada Familia, que incluirá la bendición e inauguración oficial de la torre de Jesucristo, totalmente significativo para el mayor símbolo de la ciudad que lleva más de un siglo contrayéndose. El momento coincide con el centenario de la muerte de Gaudí.

“Esta escultura —continúa Bartumeus— conecta muchos hilos entre ellos el papel de Barcelona como capital de la fe y del arte. Gaudí, máximo exponente del modernismo, estaba de acuerdo con esta figura. Es un claro ejemplo de su idea respecto a la piedad, el Cristo y la pasión y de lo más significativo que se puede mostrar para enseñar esa relación entre fe y arte”.

Según Bartumeus, Barcelona y Catalunya en general tienen una profunda base cristiana, con lugares como Sant Climent de Taüll, el monasterio de Santa Maria de Ripoll, Montserrat o la propia Sagrada Familia. “Evidentemente está Roma como sede, pero creo que se necesitan más ciudades como Barcelona para enraizar y fortalecer la fe en el mundo y en Europa”.

¿Ser creyente es un valor añadido al desarrollar obras religiosas?

Totalmente. Me siento responsable, como creyente y como artista, de conectar esos dos mundos. Cuando hago una pieza, sé que habrá personas que se fijarán en ella para trascender, para dirigirse a Dios, pedir, agradecer o amar.

Soy un artífice que ayuda a que eso suceda. Esa responsabilidad es difícil de asumir sin fe. No puedes hablar de amor si nunca has estado enamorado; del mismo modo, no puedes hablar de fe si no crees. Puedes interpretarla, pero entonces es un trabajo intelectual, estético; le falta la trascendencia religiosa.

Cuando creas figuras religiosas, ¿qué esperas generar en el espectador: que se enamore de la obra o de Dios?

Aquí hay un poco de ambas cosas. Por un lado, la vanidad artística: que se enamore de la obra. Pero también que le acerque a Dios. Si ya eres creyente, es más fácil. El reto está en que, con una figura mía, alguien pueda empezar a sembrar la semilla de la fe; que un ateo o una persona agnóstica la vea y, quizá, su expresión le haga pensar. Y que ese pensamiento le lleve un día a leer un pasaje de la Biblia, preguntándose: “¿Qué quería decir el autor de la obra con esto?”.

Hace poco pinté al Padre Pío. Una persona me llamó para decirme que, gracias a esa obra, que le impactó, empezó a investigar sobre él y ahora es muy devota de esta figura. Esa intención sí que me interesa: despertar una llama que ayude a las personas a acercarse a la religión y no verla como una carga, sino como una liberación. Yo creo que el arte es eso: el arte libera.

En este sentido, Bartumeus no se encierra en un solo ámbito artístico. En sus inicios y también en la actualidad, pinta y desarrolla trabajos laicos inspirados por la vida cotidiana.

“Soy un artista figurativo y me preocupa mucho lo humano en mi obra, sea religiosa o laica. La gente no debe pensar que, por hacer una escultura de un santo, se trabaja como Velázquez o Miguel Ángel. Se trabaja con elementos e iconografías actuales”.

Su salto al arte religioso nació paralelamente a su proceso de conversión. “Gracias a la confianza absoluta del mosén Joan Costa, me encargó la producción de las estatuas de los apóstoles en la iglesia de Belén. Fue mi primer encargo de envergadura, con la responsabilidad de que cada apóstol tuviera significado. Hasta hoy no entiendo cómo lo acepté” dice sonriendo y muy agradecido.

¿Hay una contradicción entre trabajar en arte laico o religioso?

Yo creo que se complementan perfectamente y que una da sentido a la otra. No podría haber hecho un Cristo si antes no hubiera aprendido a pintar de determinadas maneras, y al revés. Ahora mi pintura laica —digámoslo así— tiene más carga intelectual, porque pienso cada detalle. Ha dejado de ser solo estética. Tiene belleza, pero también inteligencia. Una ha ayudado a la otra, y viceversa.

Quiero pensar como la filósofa María Zambrano, que decía que el cuadro es el lugar donde reposa la mirada. Ahora pretendo que mis obras —especialmente en la pintura laica— inviten a detenerse, a contemplar, a ir más allá del “es bonito”. Si solo me dicen eso, siento que he fallado. Antes lo buscaba. Ahora necesito que me digan: “Me ha tocado, me emociona”. Es una combinación. Cuando te enamoras, no lo haces solo de un físico, sino de un alma. Con un cuadro debería suceder lo mismo.

¿Un artista se enamora de su obra?

Sí, pero te enamoras aún más de ver cómo conecta con la gente. Una obra está hecha para ser vista. Por eso me enamoro lo justo, sabiendo que terminará por desprenderse de mí.

¿Esta escultura es una de esas?

Sin duda. Es un punto de inflexión. Se ha convertido en mi verdadero amor.

This article was originally published by La Vanguardia.

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