Real Madrid survives scare against La Laguna Tenerife in decisive playoff game
Hubiera sido una de las debacles más inexplicables que el Real Madrid viviĂł jamás. En 10 dĂas, de rozar la gesta en la final de la Euroliga a despedirse en falso de toda la temporada. Sobrevivieron los blancos en el primer asomo al abismo, golpe, de carácter y de baloncesto, sobre la mesa en Tenerife. Y de confianza, pues todavĂa caminan sin red en el decisivo envite, el tercero, este sábado (18.00 h., DAZN) en el Palacio. [83-118: NarraciĂłn y estadĂsticas]
Llull es pasado, de leyenda. Pero Llull es presente, tambiĂ©n. Parece mentira, quĂ© plenitud. Si hay que encontrar una explicaciĂłn al contundente triunfo blanco en el Santiago MartĂn, acudan al amor propio de un jugador Ăşnico. Que no estuvo en el desenlace en el OAKA y apenas apareciĂł en el primer duelo ante La Laguna Tenerife. Ni un mĂnimo mal gesto, listo para la siguiente batalla el capitán. Su tramo entre el final del segundo y el comienzo del tercer acto cambiĂł para siempre el partido. Quizá la eliminatoria. Fue un cubo de hielo al ardor local y fue un refrendo definitivo a lo bien que estaban haciendo las cosas los de Scariolo.
MetiĂł la Ăşltima sobre la bocina, desequilibrado, una 'mandarina', imposible si no saliera de sus manos. Y Doornekamp y el propio Txus Vidorreta, espectadores de lujo, apenas pudieron sonreĂr y felicitar a Llull. No fue una rendiciĂłn, pero si un paradigma de lo que iba a ocurrir despuĂ©s. No temblĂł el Madrid. Mediado el tercer cuarto llegĂł a dominar por 21 (59-80). Y pese algĂşn arrimĂłn de los aurinegros (triples de Van Beck y Mills), el asunto estaba resuelto.
El primer cuarto de hora fue otra cosa. La Laguna Tenerife, un equipo (sĂłlo) aparentemente pidiendo vacaciones -perdiĂł, entre una plaga de lesiones, seis de sus Ăşltimos siete partidos ligueros- tras no poder renovar su idilio europeo en la Champions League, dio un zarpazo tal en el Palacio que, de repente, se encontrĂł con una de las grandes citas de su historia. La posibilidad de eliminar al mejor equipo de la temporada regular, lo (casi) nunca antes visto. Y en casa. A este grupo salvaje de Vidorreta le sobra colmillo.
Tipos como Marcelinho Huertas (claramente mermado fĂsicamente) o Patty Mills, con mil batallas en las cumbres del baloncesto, de aquĂ y de allá. Batalladores que rondan los 40 como Doornekamp, Abromaitis o Scrubb. Y talentazos de los que derriban muros en noches inspiradas como Jaime Fernández o Van Beck. Conscientes de la ocasiĂłn, el Santiago MartĂn fue una caldera y el Tenerife un ciclĂłn en el arranque.
Al Madrid le tocaba templar todo eso y, además, sus propios nervios. Caminar sobre el abismo. Fue Hezonja el que se echó de primeras el equipo a la espalda y Maledon el que le tomó el relevo desde el banquillo. Pero la igualdad, eléctrica, se mantuvo toda la primera parte. El Tenerife no iba a dejar de lanzar (y meter) triples. Mortales en los finales de posesión. La aparición de Llull (triple y canasta imposible sobre la bocina), dejó al Madrid con ligera ventaja al descanso (45-51).
Pero, principalmente, con la sensación de que su baloncesto se estaba imponiendo, de que sólo era cuestión de tiempo y de acierto que el Tenerife claudicara. Ocurrió después, un partido redondo del Madrid, la primera victoria tras siete partidos en Liga. Una mochila de confianza, la máxima anotación histórica del Madrid en playoff: 20 puntos y siete rebotes Hezonja, 17 Maledon, 14 Yurtseven... y 12 el infinito Llull.





