Sentencia contra Ábalos: indignación y consecuencias políticas
Auf einen Blick
- La sentencia contra el exministro José Luis Ábalos por corrupción genera indignación.
- El fallo detalla cómo él, su socio Koldo García y el empresario Víctor de Aldama se beneficiaron de contratos de mascarillas durante la pandemia.
- Aldama no irá a prisión, pero la responsabilidad de Pedro Sánchez por confiar en Ábalos se cuestiona.
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Warum es wichtig ist
La sentencia contra el exministro José Luis Ábalos por corrupción, relacionada con la adjudicación de contratos de mascarillas durante la pandemia, genera debate político y social.
No por esperada, la sentencia contra el exministro José Luis Ábalos puede ser subestimada, ni tampoco las consecuencias políticas que provocará, a pesar del desgaste que ya ha sufrido Pedro Sánchez y el PSOE desde que se conoció el caso.
La lectura del fallo produce indignación. Que un político como Ábalos, que justamente fue el ponente de la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy por los casos de corrupción del PP, incurra después en prácticas delictivas para embolsarse dinero de los contribuyentes es de una desfachatez y de una hipocresía insultantes.
La sentencia explica con claridad cómo funcionaba esta trama de estos tres golfos: el corruptor –el empresario Víctor de Aldama– y los corrompidos –Ábalos y su socio Koldo García–. Los tres se aprovecharon de la crisis sanitaria de la pandemia para adjudicar contratos de mascarillas a dedo para Aldama y este compensó luego a sus socios con las respectivas comisiones.
Lo que más chirría de la sentencia es que Aldama no vaya a entrar en prisión después de haber obtenido 3,7 millones de euros ilegalmente. El argumento de que colaboró con la justicia es muy poco convincente y menos aún que no devuelva la cantidad defraudada.
La otra lectura de la sentencia apunta sin discusión a la responsabilidad de Sánchez por haber confiado en Ábalos la secretaría de organización del PSOE y un ministerio tan importante como el de Transportes y Movilidad.
El líder socialista entiende que no es suficiente motivo para dimitir y mañana se defenderá en el Congreso en un debate que se aventura de los más tensos y crispados que se recuerdan con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.
El resto de grupos que le apoyaron en la investidura tampoco mostraron ayer signos de querer respaldar la moción de censura que el PP lleva tiempo alimentando.
Para el PSOE, Ábalos ya no es de los suyos, y sus dirigentes reaccionaron igual que cuando el PP se desentendió de los exministros Jaume Matas, Eduardo Zaplana y Rodrigo Rato cuando estos fueron condenados.
Otra cosa será el desgaste y la desmovilización que puede generar entre la militancia socialista el comportamiento de Ábalos. Ese daño sí que será difícil de reparar.
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