Sigrid Haugset conquista el Jura y hace historia en el Tour
La noruega firma una gesta inolvidable tras una fuga en solitario, resiste el acoso de Lotte Kopecky y se viste de amarillo.
Auf einen Blick
La ciclista noruega Sigrid Haugset logró la primera victoria de su carrera y el maillot amarillo tras una exhibición en solitario en el Jura, resistiendo el acoso de la belga Lotte Kopecky en una dura etapa marcada por el calor.
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Warum es wichtig ist
Sigrid Haugset sufrió una caída en la París-Roubaix de 2025 donde se rompió la cadera y terminó la carrera.
Es el Jura inhóspito y ocre, pequeñas cintas de asfalto en el páramo azotado por el viento, torturado por el sol, y el calor que hierve las seseras, drena las piernas deshidratadas de tanto sudar, exige cordura al pelotón de las favoritas y acelera el corazón de Sigrid Haugset, nombre de reina altiva y alma de valquiria, y Lotte Kopecky, obrera belga del metal, que, guiadas por la locura, se persiguen la una a la otra, solas las dos, por estepas desiertas y cuestas a 600 metros de altitud.
Llevan así desde la ascensión al Savine, un segunda a 90 kilómetros de la meta, tres, cuatro minutos por delante de las favoritas, que fingen prudencia, y sufren. Kopecky, una de las más grandes se acerca a 10, 12 segundos, de Haugset, una noruega de 27 años novata en el WorldTour, debutante y, por lo tanto, atrevida y dura, sin el miedo que paraliza a las que conocen el Tour, su dureza implacable como un martillo que golpea sin piedad. Corre Haugset como quien desafía al castigo. Construyendo su mito, su leyenda.
Sabe lo que es el dolor –en 2025 se cayó durante la París-Roubaix, se rompió la cadera y con los huesos rotos y aguantándose los gritos terminó la carrera--, sabe lo que es superarlo y, contra todo sentido común, se niega a dejarle ganar, como se niega a rendirse, levantar el pie, dejarse alcanzar por Kopecky, cuya fama le precede, y vence.
Es la primera victoria de su carrera después de la escapada individual más larga en los Tours de la década y en una de las etapas más largas, más de cuatro horas, 2.500 metros de desnivel, un puerto de primera desde el primer kilómetro, en un ciclismo femenino cuya exigencia y dureza se acerca a gran velocidad a la del masculino. La primera noruega que gana una etapa, la primera también que viste el maillot amarillo.
La campeona noruega, gran contrarrelojista, magnífica rodadora, está también perfectamente preparada para derrotar el calor, como lo estaban sus colegas masculinos del UNO-X hace un mes en el otro Tour, gracias a los entrenamientos del mago Olav Bu, los protocolos de entrenamiento en calor en altitud, las técnicas de enfriamiento de la piel, el control de la core temperatura durante la carrera gracias a un microchip que late en el estómago y envía constantemente sus constantes, y junto a los vatios y latidos acelerados en su ciclocomputador conoce su fiebre, y ajusta su esfuerzo. O, no tanto.
Todo está bajo control tecnológico, salvo su deseo, ya aguzado hace unos meses, cuando al conocer el recorrido del Tour su equipo seleccionó la etapa del Jura hasta Poligny –similar a la que el loco Mohoric ganó hace tres años—y la eligió a ella para pelearla. “Estaba tan mareada al final que no podía ni pensar que me vestía de amarillo”, dice después de su cabalgata. “Sé que mi novio se va a enfadar mucho conmigo por no celebrarlo, no podía levantar los brazos de la bici. Imposible”.






