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Agresión a político andorrano Pere Marsenyach durante fiesta popular
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Agresión a político andorrano Pere Marsenyach durante fiesta popular

La paliza al conseller general de Demòcrates per Andorra en Encamp expone un patrón de violencia juvenil por parte de grupos organizados en el Principado.

En resumen

  • El político andorrano Pere Marsenyach fue agredido en la Festa del Poble d'Encamp tras intentar mediar en una pelea.
  • El incidente, no político, ha puesto de manifiesto la creciente violencia juvenil de grupos como "El Bloque" en el Principado, resultando en detenciones y una mayor preocupación pública.

Resumen generado por IA

Por qué importa

Pere Marsenyach, conseller general de Andorra, fue agredido en la Festa del Poble d'Encamp tras intentar mediar en una pelea, un incidente que no fue político pero que expuso un patrón de violencia juvenil por parte de grupos organizados en el Principado.

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Al político andorrano Pere Marsenyach le metieron una paliza la madrugada del pasado sábado, 20 de junio, al domingo 21, durante la Festa del Poble d'Encamp, la fiesta popular de una de las siete parroquias de Andorra.

Marsenyach es conseller general, que es como se denomina a los parlamentarios de la cámara legislativa nacional del sexto país más pequeño de Europa por superficie. Pertenece a Demòcrates per Andorra y fue elegido por la circunscripción de Encamp: un antiguo núcleo de montaña encajado en el eje oriental del Principado, camino de las estaciones de esquí de Grandvalira y de la frontera francesa.

La somanta que le mandó a Urgencias no fue un atentado premeditado, ni una de esas agresiones políticas que desencadenan solemnes declaraciones institucionales y condenas de la violencia. Fue algo más antiguo y más de andar por casa: un grupo de matones cayendo sobre un señor de 48 años que tuvo la osadía de terciar en una gresca entre bravucones en una verbena.

En Encamp mucha gente decía conocer a «los perdonavidas» porque, según ha señalado la prensa local, llevan ya tiempo utilizando las fiestas del Principado como escenario de sus razzias y sus linchamientos. Son chavales de la zona de entre 20 y 30 años, la mayoría criados en Andorra y habituales del ocio nocturno, las batallas de freestyle y las broncas de madrugada.

La que acabó con Marsenyach pateado sobre el suelo comenzó con miradas largas, avisos cruzados, móviles en la mano y una mezcla de alcohol, adrenalina y orgullo territorial barato. Cuando el conseller se acercó al corro no había todavía una gran escena, sino el clima viscoso con olor a testosterona de campanario que precede a la violencia.

LA AGRESIÓN

Marsenyach intentó hacer lo que en Andorra todavía parecía razonable hacer hasta no hace demasiado: acercarse, mediar, separar, hablar, imponer la cordura de la que carecían los jóvenes pasados de vueltas. En otro país, quizá, un diputado nacional no se metería en una bulla. Pero en el Principado —un microestado encajado entre montañas de apenas 90.000 habitantes— , las distancias son más cortas y las biografías se cruzan a diario en todas las parroquias, de tal suerte que un conseller general puede seguir siendo, antes que nada, el vecino del quinto que ha visto a unos chavales metiéndose en problemas.

Marsenyach se interpuso con la esperanza de sofocar aquel fuego hormonal y violento y, en su lugar, terminó llevándose los golpes. A principios de semana intentamos contactar con él para que explicara, en sus palabras, lo ocurrido. El conseller de Encamp prefirió mantener silencio a través del gabinete de prensa de su partido: «Los hechos sucedidos en Encamp hace dos semanas no tienen ninguna connotación política ni ninguna relación con el hecho de que Pere Marsenyach sea conseller general. Por este motivo, declinamos hacer manifestaciones al respecto. Marsenyach se encuentra bien, ayer asistió como hace habitualmente a la sesión del Consell General. Ahora el suceso está en manos de la Policía y de la Justicia, y son ellos los que deben determinar, según la ley, las medidas a tomar».

De todos modos, el político agredido había hablado en caliente de lo acaecido cuando todavía no se le había pasado el susto. En declaraciones a varios medios andorranos, aclaró, entre otras cosas, que ya la noche precedente había sido zurrado otro joven de 21 años no residente, amigo de un sobrino suyo. «Algunos jóvenes se indignaron porque cogieron a ese chico a solas y lo apalearon», explicó el conseller. «Yo decía: "No peguéis a nadie, que nada debe resolverse a golpes"». Pero su mediación «no salió bien» y «no sirvió de nada», lamentó Marsenyach.

Entonces hizo lo que cualquier manual de prudencia hubiera desaconsejado: se apartó un poco para vigilar la escena y volvió a acercarse cuando vio que subía el tono. «Acabemos ya, porque esto acabará mal», recordó haber dicho. Y acertó: «Acabé en el suelo en diez segundos».

APALEADO POR UN CONOCIDO

No fue un intercambio de empujones ni una pelea simétrica. Marsenyach no se midió con nadie. Lo aislaron, se le echaron encima y lo derribaron casi de inmediato. A partir de ahí la escena dejó de ser una bronca y se convirtió en un linchamiento: el conseller en el suelo, los otros de pie, repartiendo patadas mientras la multitud miraba.

El propio Marsenyach aclaró al día siguiente que había reconocido a uno de los presuntos agresores, aunque no al resto, y Diari d'Andorra publicó que habían sido identificados tres sospechosos. Esa es la escala exacta del caso: no una agresión política, sino una paliza de parroquia, en un país pequeño, y entre caras que podían haberse cruzado antes.

Al principio, ni siquiera era consciente de sus lesiones. «No me dolía porque todavía tenía la adrenalina muy alta», admitió el conseller. Marsenyach se fue a casa sin denunciar de inmediato, como si lo ocurrido aún pudiera degradarse a simple incidente, como si bastara con dormir seis horas para archivarlo como el peaje asumible de una mala noche.

Pero al día siguiente acudió al hospital y un especialista le confirmó que había sufrido una fractura nasal no desplazada. «La tenía rota», dijo el representante de Demòcrates. Y aún más que la nariz, le dolían las costillas que le patearon y, posiblemente, el pundonor también herido de todo el que termina arrastrado por el barro.

'EL BLOQUE', LA PANDILLA ANDORRANA

La denuncia se formalizó el lunes. Aunque no ha sido corroborado oficialmente, la prensa ha repetido que los pandilleros formaban parte de una especie de aspirante a mara conocida como El Bloque.

Lo extraordinario, en todo caso, no fue el hecho de que un diputado general de Andorra fuera agredido durante las fiestas de su pueblo, sino que desde hace tiempo las noches del Principado vienen acumulando una extraña colección de escenas de frontera: menores rodeados por otros menores, peleas a la salida de discotecas, vídeos que circulan por las redes sociales, grupos con nombre de banda salvadoreña pero estructura de cuadrilla pueblerina y fiestas populares que empiezan a parecerse menos a una postal alpina que a Dodge City.

El propio Pere Marsenyach aseguró tras lo ocurrido que sus agresores «pegan a cualquiera» y que el miedo se ha extendido entre la gran mayoría de jóvenes pacíficos. «La chiquillería se asusta y ya no quiere salir», se lamentó. Él no lo mencionó, pero entre los comentarios de las noticias de los medios locales que han glosado la historia de su agresión hay docenas de críticas a la administración por la supuesta impunidad con la que estos grupos de agresores llevan actuando mucho tiempo.

Según Marta Pujol, consellera comunal de Avancem, que es la oposición socialdemócrata en el Comú d'Encamp, no es razonable describir ahora al Principado mediante el retrato apocalíptico de una Andorra súbitamente peligrosa, pero tampoco que el asunto pueda despacharse como un par de broncas aisladas de madrugada. «En las noticias se exagera un poco», admite, «pero eso no significa que no sea preocupante que haya incidentes violentos cada vez que hay una fiesta. Este año había una programación en Encamp que estaba muy bien y lamentablemente ha salido mal debido a lo ocurrido», lamenta.

En opinión de Pujol, conocida personal de Marsenyach, la mayoría de los chavales sigue saliendo, bailando y volviendo a casa sin que les partan la cara, pero existe un patrón que se repite de forma preocupante. «Todas las agresiones se registran a partir de las tres o cuatro de la madrugada, cuando la gente ha bebido más de la cuenta y quizá ese grupo concreto busca pelea y la encuentra porque siempre hay alguien que pasa por allí y, sin tener ninguna culpa, acaba llevándose los golpes», afirma.

PELIGROSOS E 'HIJOS DE...'

Sobre los detenidos se sabe muy poco, aunque, en palabras de la consellera de Avancem, se ha extendido el rumor de que algunos miembros de esas bandas «son los hijos de personas conocidas e influyentes del país. Es solo un runrún, pero abundan los comentarios en tal sentido. Y también se rumorea que esa es posiblemente la razón por la que esa gente estaba supuestamente protegida».

La consellera comunal cree que la paliza a Marsenyach puede haber roto precisamente esa sensación general de impunidad. «Ahora sí se ha generalizado el estado de alarma», dice. «Lo ocurrido ha servido al menos para que haya mucha más vigilancia a ciertas horas».

El Salvaje Norte andorrano no está poblado por forajidos sino por chavales con zapatillas caras, móviles encendidos, orgullo de valle y nicks de guerra con nombre de canal de WhatsApp: El Bloque, Els 44, Los 60, Los 9... componen el bestiario de aprendices de pandilleros violentos que ha creado esta versión agropirenaica de gamberrismo tribal en un país limpio, rico, pequeño, ordenado y, hasta no hace mucho, hiperseguro.

Prueba de que estos incidentes no son aislados es la larga lista de agresiones y peleas entre jóvenes que la prensa del Principado ha recogido en tan solo un par de años. Mientras Marsenyach acababa con la nariz rota y las costillas doloridas, la misma Festa del Poble d'Encamp dejó otro parte médico mucho más confuso y también mucho más grave en apariencia: un joven de 21 años terminó en el hospital con la mandíbula fracturada.

El medio local Altaveu publicó inicialmente que la Policía mantenía abierta una investigación para aclarar esa agresión y que el muchacho estaba ingresado, pendiente de intervención quirúrgica. La primera versión de lo ocurrido responsabilizaba a un vigilante de seguridad, pero la policía corrigió luego esa acusación: las imágenes de videovigilancia indicaban que el portero no lo agredió directamente y que la lesión se produjo por una caída accidental cuando era expulsado del recinto por causar altercados. Es decir: otro joven en el hospital, otra pelea, otra versión discutida y otra pieza más en una noche que dejó a Encamp convertido en una especie de oficina de atestados al aire libre. Durante esas mismas fiestas también fue detenida una joven de 20 años como presunta autora de una agresión contra una menor, que tuvo que ser atendida y trasladada al hospital.

¿Y qué se sabe de esas bandas? Tras El Bloque se hallan una veintena de jóvenes de varias parroquias, la mayoría de Encamp, de entre 20 y 30 años. Se les responsabiliza de muchos incidentes previos, incluida una paliza multitudinaria el año anterior a la salida de una discoteca.

LOS ADOLESCENTES: 'LOS 44', 'LOS 60','LOS 9...'

Los 44, Los 60 y Los 9 están formados por adolescentes de entre 12 y 18 años a los que se atribuyen agresiones y prácticas de humillación colectiva. El caso más citado fue el de una niña de 13 años rodeada y golpeada durante horas. Elegían víctimas al azar y cantaban el Cumpleaños feliz mientras las rodeaban para que los transeúntes no sospecharan lo que estaba sucediendo. Las palizas eran grabadas con móviles y posteriormente difundidas.

Toda esta nueva moda tiene un nombre importado de internet y acuñado en el Reino Unido que es «happy slapping» o «bofetada feliz», que es la práctica de golpear a una víctima al azar, grabarlo y convertir la humillación en un pequeño espectáculo compartido. Pero la mecánica, en el fondo, es la de siempre: rodear al débil, pegar en grupo, mirar alrededor para asegurarse de que nadie interviene y convertir la cobarde humillación de alguien indefenso en una forma barata de prestigio. O si se quiere de otro modo, son las viejas peleas de los pueblos tuneadas con jerga de banda, estética de freestyle y vídeos cortos.

La Policía andorrana anunció el miércoles 24 de junio la detención de dos jóvenes de 24 y 27 años como presuntos autores de las agresiones cometidas durante la Festa del Poble d'Encamp contra Marsenyach y contra el joven de 21 años. Al día siguiente, los dos arrestados ingresaron en el centro penitenciario de la Comella después de declarar ante el batlle. RTVA informó de que no habían sido los únicos interrogados dentro de las diligencias y que los investigadores mantenían abierta la posibilidad de nuevos arrestos.

Qué observar

Perspectiva de IA — posibilidades, no hechos

  • La Policía andorrana continuará las investigaciones para identificar y arrestar a más implicados en las agresiones.

    Probable · En semanas

Preguntas abiertas

  • ¿Se identificarán y detendrán a todos los agresores de Marsenyach y otras víctimas?
  • ¿Qué medidas adicionales tomarán las autoridades para frenar la violencia juvenil?
  • ¿Se confirmará la supuesta protección a miembros de estas bandas?

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This article was originally published by El Mundo.

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