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Deterioro en el bulevar de Puente de Vallecas: Adicciones y convivencia difícil
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El Mundohace 2 horasSocial4 min de lecturaSpain

Deterioro en el bulevar de Puente de Vallecas: Adicciones y convivencia difícil

En resumen

El bulevar de Puente de Vallecas en Madrid sufre un grave deterioro por la concentración de personas con adicciones, venta ilegal y problemas de convivencia, generando inseguridad y quejas vecinales a pesar de la presencia policial.

Resumen generado por IA

Por qué importa

El bulevar de Puente de Vallecas, cerca de un centro de salud y de adicciones, se ha convertido en un punto de concentración para personas con problemas de adicción, generando un deterioro significativo del entorno y una creciente inseguridad.

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El olor llega antes que la imagen. En la parte superior del bulevar de Puente de Vallecas, junto al centro de salud, el hedor a orina resulta casi insoportable. Aunque no se aprecia ningún charco reciente sobre el suelo, el nauseabundo perfume ha quedado impregnado en las paredes, en las persianas metálicas y en los adoquines de la plaza. A escasos metros, cerca de una treintena de personas ocupa el espacio situado frente al centro sanitario y al Centro de Atención a las Adicciones, el antiguo centro de atención a drogodependientes. Algunas permanecen tiradas en el suelo. Otras rebuscan entre bolsas y contenedores. Varias se acercan a los coches para tratar de ejercer como gorrillas. Entre berridos, una mujer se quita la ropa, se queda en bañador y luego se desnuda completamente para asearse en una de las fuentes del bulevar. Nadie se inmuta. Los vecinos y transeúntes están acostumbrados.

Otra mujer de cerca de 35 años corretea con la mandíbula desencajada y disfrazada con una peluca de color rosa. Su actitud es tranquila hasta que, sin previo aviso, comienza a gritar en mitad de la plaza y asegura que está viendo «al diablo». Mientras tanto, el resto del grupo continúa bebiendo, fumando o caminando de un lado a otro. La escena se repite prácticamente a cualquier hora del día en la zona alta del bulevar de Peña Gorbea, más conocido por los vecinos como el bulevar de Puente de Vallecas.

«Ojalá estuviéramos como en los años 80. Estamos peor. Hay muchos más», lamenta el propietario de uno de los comercios próximos. El hombre sostiene que la situación ha empeorado durante los últimos años y que buena parte de las personas con problemas graves de adicción que se mueven por el distrito «ha terminado concentrándose alrededor del bulevar», especialmente junto al centro de salud y al centro de adicciones.

Desde el propio ambulatorio admiten el deterioro. Un empleado reconoce a GRAN MADRID la gravedad de la situación que atraviesa el bulevar. Señala que la presencia de toxicómanos convive con miembros de pandillas y con la proliferación de lo que define como «negocios tapadera en lo que se estarían vendiendo estupefacientes». A su juicio, todos estos factores han elevado la percepción de inseguridad entre quienes trabajan o residen en la zona.

La llegada de una patrulla de la Policía Municipal modifica momentáneamente el paisaje. El vehículo de los uniformados hace que el grupo se disperse por las calles colindantes. Cuando el patrullero se marcha, regresan al bulevar como si nada hubiera pasado. La estampa se repite de forma cíclica.

La situación sucede durante todo el día, aunque por la noche a veces se agrava con la música procedente de altavoces portátiles. Vecinos y comerciantes denuncian «consumo de alcohol y drogas a plena luz del día, peleas, gritos y episodios de música a gran volumen durante la madrugada». El hartazgo llega hasta tal punto que algunos residentes han creado cuentas específicas en redes sociales para publicar fotografías y vídeos a diario sobre el deterioro de Peña Gorbea y sus alrededores.

Desde las terrazas de los bares puede observarse el recorrido circular de muchas de las personas que permanecen habitualmente en la zona. Caminan entre el bulevar, el mercado de Puente de Vallecas y las calles próximas, rebuscan en los residuos y recogen objetos que después intentan vender en pequeños mercadillos improvisados en los alrededores o en la cercana calle de Monte Igueldo, según los testimonios de los comerciantes de esta zona.

«Las aceras permanecen ocupadas de forma continuada por grupos de personas en evidente estado de embriaguez o consumo de drogas, a lo que se suma la presencia de venta ambulante ilegal, en ocasiones con objetos recogidos de la basura», asegura un empresario. «La presencia policial resulta insuficiente o poco disuasoria, y la situación se mantiene sin cambios día tras día».

A este fenómeno se suma la acumulación de residuos ya denunciada por este periódico. En Monte Igueldo, Santa Julia y la parte inferior del bulevar es habitual encontrar contenedores desbordados, volcados o rodeados de bolsas abiertas. Los restos de comida y cristales terminan sobre las aceras y permanecen allí mezclados con objetos que han sido extraídos de la basura por los adictos.

Algunos ejercen también como gorrillas frente al mercado municipal. Bajo el pasaje que conecta el bulevar con Martínez de la Riva aparecen en ocasiones sillas ocupadas por personas que observan la entrada y salida de vehículos. Según los testimonios recabados en la zona, estos aparcacoches oficiosos no siempre trabajarían por su cuenta, sino bajo algún tipo de organización en la que otros individuos supervisan y actúan como vigías.

Un antiguo empleado municipal con dilatada experiencia profesional en Puente de Vallecas asegura que lo que sucede en esta zona sería «impensable en cualquier otra parte de Madrid» y sitúa el origen del problema en «la permisividad de las administraciones y en la permanencia histórica de consumidores en las inmediaciones del centro de atención a las adicciones». Según explica, «muchos de ellos nunca llegaron a abandonar completamente el entorno del bulevar y sirvieron como punto de referencia para la llegada de nuevos adictos en situación de calle».

Preguntas abiertas

  • ¿Qué medidas concretas tomarán las administraciones?
  • ¿Existe una estrategia a largo plazo para abordar la situación?
  • ¿Cómo se coordinan los servicios sociales y la policía?

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This article was originally published by El Mundo.

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