Dos tipos de risa activan diferentes áreas del cerebro
En resumen
- Neurocientíficos identifican dos tipos de risa: la espontánea, ligada a la cohesión social y con efecto analgésico, y la voluntaria, asociada al lenguaje.
- La risa espontánea activa áreas cerebrales profundas, mientras que la voluntaria involucra el córtex.
Resumen generado por IA
Por qué importa
Neurocientíficos han investigado las diferencias cerebrales entre la risa descontrolada (espontánea) y la provocada por el humor (voluntaria), descubriendo que activan distintas áreas y tienen efectos diversos.
Cuando una persona tiene un ataque de risa descontrolado, se le activan áreas del cerebro distintas que cuando ríe por un chiste o por una situación graciosa, afirman neurocientíficos que han investigado qué ocurre en el cerebro cuando reímos.
En ataques de risa involuntarios, se activan regiones del cerebro profundo que evolucionaron hace millones de años para favorecer la cohesión social y reducir la agresividad entre miembros de una misma especie. La activación de estas regiones tiene además un potente efecto analgésico.
Por el contrario, en el humor provocado por situaciones cómicas, que los investigadores llaman risa voluntaria, se activan regiones del córtex cerebral que han evolucionado más recientemente en el género humano y que están relacionadas con el lenguaje. A diferencia de la risa descontrolada, la risa voluntaria se caracteriza por sonrisas y episodios de risa breves.
“El juego entre animales puede comportar golpes accidentales que se pueden percibir como ataques. La risa espontánea emergió como un comportamiento para comunicar a los demás ‘solo estamos jugando’”, declara a La Vanguardia Fausto Caruana, coautor de la investigación, del Instituto de Neurociencias de Parma (Italia). “En la risa espontánea, se modulan la serotonina y las endorfinas, lo que hace que se experimente placer en presencia de los individuos con los que se está riendo”. Las vocalizaciones asociadas con este tipo de risa se han observado en múltiples especies de mamíferos sociales, como chimpancés y gorilas, pero también elefantes y ratones, entre otros.
Según la investigación presentada hoy en Trends in Neurosciences, la risa voluntaria es un tipo de risa diferente. No provoca la misma descarga de endorfinas y serotonina, ni la misma sensación de alegría, ni tiene el mismo efecto analgésico y además se manifiesta de manera distinta.
“En la risa espontánea, algo se pone en marcha y no puedes parar. En la risa voluntaria, las personas ríen al mismo tiempo al final de una frase y después paran y respiran al mismo tiempo”, declara en un comunicado Sophie Scott, también coautora de la investigación, del University College de Londres. Esta sincronización entre personas en la risa voluntaria indica un nivel de control que no se da en la risa involuntaria.
Los autores del trabajo creen que la risa voluntaria “apareció como una forma de imitación de la risa espontánea”, declara Caruana. “Dado que la risa espontánea tiene un efecto de cohesión social, es posible que fingir risa fuera una estrategia para reforzar un vínculo social con un agresor potencial”.
Las pruebas de estimulación cerebral con electrodos practicadas a personas con epilepsia o con parkinson han mostrado que hay dos tipos diferentes de risa que activan circuitos cerebrales diferentes, señalan los investigadores.
En la risa espontánea, tiene un papel central una región de unos 4 centímetros cúbicos llamada corteza cingulada anterior pregenual (o pgACC, por sus iniciales en inglés). Está en la parte anterior del cerebro, aproximadamente entre las sienes, y estimularla con electrodos provoca una risa involuntaria descontrolada. También tienen un papel importante en la risa espontánea el núcleo accumbens y el polo temporal, dos regiones con las que la pgACC está estrechamente conectada.
El pgACC tiene un papel clave en la capacidad de contagio de la risa, señalan los investigadores, ya que se activa cuando vemos reír a alguien y nos lleva a reír también.
La risa voluntaria, por el contrario, se desencadena cuando se estimulan áreas diferentes del cerebro. Concretamente, cuando se estimulan con electrodos el globo pálido, el opérculo rolándico o el área motora presuplementaria, los pacientes empiezan a sonreír o a reír brevemente, pero sin experimentar la misma sensación de alegría que con la risa involuntaria.
Estudios con resonancia magnética han revelado que los movimientos de la lengua y de la laringe también son diferentes en los dos tipos de risa. En la risa espontánea, baja la posición de la laringe, se aplana más la lengua y se reduce la elevación del velo del paladar.
“La risa es una conducta social común (...), pero es uno de los fenómenos menos comprendidos desde la perspectiva de la neurociencia”, advierten los autores de la investigación en Trends in Neurosciences. Atribuyen la falta de investigación a la dificultad para estudiar la risa, ya que es difícil provocarla en laboratorio y además es difícil que las personas que se ríen estén quietas, lo que dificulta el registro de su actividad cerebral.
Pero, dada la relación entre la risa y el bienestar, una mejor comprensión de la risa podría fructificar en terapias para mejorar el bienestar, tanto emocional como físico. Una línea de investigación futura apunta a aclarar la relación entre los dos tipos de risa, ya que estimular la risa voluntaria puede favorecer la risa espontánea con los beneficios que aporta. También “estamos interesados en investigar el papel analgésico de la risa”, apunta Fausto Caruana.
Qué observar
Perspectiva de IA — posibilidades, no hechos
Investigación futura aclarará la relación entre risa voluntaria y espontánea.
Probable · En meses
Se investigará el papel analgésico de la risa.
Probable · En meses
Preguntas abiertas
- ¿Cómo se puede inducir la risa espontánea en laboratorio?
- ¿Cuál es el potencial terapéutico completo de la risa?
- ¿Qué papel exacto juegan la serotonina y las endorfinas?




