El vertedero de Bantar Gebang en Yakarta: una montaña de desechos que alimenta a miles y es una bomba ambiental
En resumen
- El vertedero de Bantar Gebang en Yakarta, el mayor del sudeste asiático, recibe 7.000 toneladas diarias de desechos.
- Miles de "buscadores" informales trabajan en condiciones insalubres, reciclando plásticos para subsistir, mientras el vertedero genera graves problemas ambientales y de desigualdad.
Resumen generado por IA
Por qué importa
El vertedero de Bantar Gebang, el mayor del sudeste asiático, recibe 7.000 toneladas diarias de desechos de Yakarta, la ciudad más poblada del planeta. Miles de personas trabajan informalmente en él, buscando materiales reciclables para subsistir.
Dicen que a una persona se la puede conocer por el contenido de lo que tira a la basura. Sucede lo mismo con las ciudades. El vertedero de Bantar Gebang, el mayor del sudeste asiático, es una gigantesca montaña hedionda que ocupa más de 100 hectáreas en las afueras de Yakarta y no deja de crecer. Aquí acaban unas 7.000 toneladas diarias de desechos de la ciudad más poblada del planeta, con casi 42 millones de habitantes, según la ONU.
El lugar atrae además a cientos de buscadores que husmean entre las capas de detritus. Son probablemente los trabajadores más olvidados de una urbe atravesada por la desigualdad; los nadie, los que no cuentan. Se mueven como insectos nerviosos cada vez que un nuevo camión vierte su cargamento. Se abalanzan entonces sobre la basura fresca sacando los codos y jugándose la vida entre la bulldozer que apila los desperdicios y las palas de las ocho grúas que elevan las toneladas en cadena hasta la cumbre. Algunos estudios aseguran que podría haber entre 3.000 y 6.000 personas dedicadas al oficio.
Los buscadores llevan un punzón en la mano, una especie de lanza breve de punta curva que lanzan como un latigazo cuando detectan una botella de plástico; rápidamente la pinchan y se la echan a la cesta que cargan en la espalda; sobre todo buscan plástico, que venden al final de la jornada a intermediarios, y estos a su vez a empresas que lo reciclan.
Estas personas son una parte fundamental del entramado informal del reciclaje, un negocio que escapa a todo control público. Se adentran en la mugre por su cuenta y riesgo, trabajan en condiciones insalubres, con las manos desnudas, palpando líquidos fermentados, respirando gases tóxicos, apenas cubierta la nariz y la boca por un pañuelo, envueltos siempre en un hedor picante que golpea en la pituitaria y se queda allí prendido hasta provocar una arcada. Algunos han construido cabañas en las laderas de la montaña para descansar. Todo está lleno de moscas y de cucarachas.
Se trata de un trabajo informal, no regulado, altamente peligroso. En marzo, un desprendimiento de esta mole fétida mató a siete personas. Aun así, se les ve reírse, trabajar de buen humor, rápidos y eficientes, sin descanso. Hay jóvenes y viejos. Nasah, que es analfabeta, cree que debe de tener en torno a 70 años, y lleva entre la basura desde los noventa del siglo pasado. “Si no viniera aquí no tendría dinero”, dice. En un día bueno, puede lograr recoger más de 50 kilos de plástico, que le recompensan con hasta 90.000 rupias (unos 4,4 euros).
“Este flujo continuo de residuos contribuye a lo que los investigadores identifican como una crisis de gestión de desechos en Yakarta, calificada como una bomba de relojería”, asegura un estudio de Supra International, firma indonesia dedicada a consultoría en materia de reciclaje. Las repercusiones ambientales abarcan múltiples dimensiones, según el informe. Las emisiones de metano derivadas de la descomposición de materia orgánica contribuyen considerablemente a la huella de gases de efecto invernadero de Indonesia, mientras que la contaminación por lixiviados (los líquidos tóxicos que se forman cuando el agua de lluvia atraviesa la basura y arrastra sustancias contaminantes) amenaza los recursos de aguas subterráneas, incluida la cuenca crítica del río Citarum, de la que dependen millones de habitantes.
La basura en Bantar Gebang es como un cuadro impresionista: una amalgama de restos de todos los colores que solo van cobrando forma cuando uno se acerca y los estudia. De algún modo estos sedimentos, cuyos envoltorios van perdiendo brillo con el paso del tiempo, cuentan la vida de Yakarta. Antimosquitos King Kong. El poliespán del casco de una moto. Cáscaras de huevo. Huesos de pollo. Antiinflamatorio Dexketopofen Trometamol 2,5%. Indocafe Caffein “3 in 1”. Un ramo de rosas. Cocos. La invitación a la fiesta por la circuncisión de Keanu el 28 de diciembre de 2025. Numerosos envases de paracetamol. Tabaco Camel. La corbata del uniforme del instituto estatal de Yakarta número 228. Un carrete de película fotográfica. Un par de bragas. Calzoncillos de Iron Man.
La montaña es además un termómetro de la desigualdad. Yantoheri Silitonga, de 45 años, y especializado en buscar ropa, asegura que es capaz de distinguir de qué barrio provienen los desperdicios según el estado en el que llegan: “Si son del sur de Yakarta, la zona más acomodada, la basura es mejor; allí tiran las cosas por aburrimiento. Si vienen de otras áreas, como el oeste o el norte, todo ha sido usado al máximo, apenas queda nada que aprovechar”.
De pronto, a su lado, uno de los trabajadores monta un gran revuelo porque ha encontrado un tesoro entre la mierda. Es un frasco de perfume Estée Lauder Pleasures Exotic cuyo precio, en Europa, puede alcanzar los 150 euros. Se ríe como un niño y se lo rocía por el cuerpo como si estuviera fumigando. Pero el hedor a los pies de la montaña de basura es tan intenso que la fragancia resulta imperceptible.
Preguntas abiertas
- ¿Qué medidas concretas tomarán las autoridades de Yakarta para gestionar la crisis de residuos?
- ¿Cómo se podría formalizar y mejorar las condiciones laborales de los buscadores de basura?
- ¿Cuál es el impacto a largo plazo de la contaminación del río Citarum?





