Italia y la ausencia de su selección en el Mundial: Un trauma nacional
En resumen
- Italia, tras ganar Eurovisión y la Eurocopa en 2021, sufre su tercera eliminación consecutiva del Mundial.
- Esta ausencia, que dura 12 años, genera un trauma nacional y un vacío identitario, a pesar de las buenas audiencias.
Resumen generado por IA
Por qué importa
Italia vivió un 2021 de esplendor recuperado con la victoria de Måneskin en Eurovisión, la llegada de fondos de la UE y el liderazgo de Mario Draghi, culminando con la Eurocopa ganada por la Nazionale.
El grupo Måneskin ganaba la edición de Eurovisión en 2021 con su arrebatador Zitti e buoni, convertido en la banda sonora de aquel esplendor recuperado del rock. Pero también de Italia. El país había recibido meses antes la mayor cantidad de fondos de la Unión Europea tras la pandemia y había nombrado presidente del Consejo de Ministros al hombre que salvó al euro, Mario Draghi. Regresaba la luz. Y como colofón, la Nazionale levantaba la Eurocopa celebrada ese año, que no ganaba desde 1968. Nadie tenía dudas de que era un mensaje claro sobre el cambio de rumbo, el fin del maleficio forjado con dos eliminaciones seguidas del Mundial. Duró lo que duran este tipo de cosas en Italia.
La Nazionale, dirigida por Gennaro Gattuso, volvió a tropezar el pasado marzo. Esta vez contra Bosnia. Tercera seguida fuera de un Mundial, que no juega desde julio de 2014. Aunque el recuerdo de aquel torneo en Brasil, donde cayó en la fase de grupos después de perder contra Uruguay y Costa Rica, tampoco fuera precisamente maravilloso. Luego llegaron los desastres, el tedio.
Hay una generación —chicos y chicas que ahora tienen 15 o 16 años— sin un solo recuerdo de la Nazionale en una Copa del Mundo, un paisaje emocional que Italia transitó con mano de hierro y cuatro campeonatos. Un trauma nacional. Y también un asunto psicoanalítico, porque si era cierto que no existía la identidad italiana más allá de la Nazionale cuando juega un Mundial, ¿dónde deja este vacío a toda una República? Lo interesante es que los datos de audiencia en Rai 1 y en Dazn son muy buenos. Aunque se trate ya para muchos de un espectáculo ajeno, tristemente alejado de su imaginario cultural reciente, como si fuera la Super Bowl.
La única manera de mantener vivos a los que se fueron es hablando de ellos, recordándoles, afirma el manual de instrucciones del duelo, prometiendo que algún día, de algún modo, volverán a estar entre nosotros. Es mejor pensar así en Italia, en esa silenciosa ausencia a la que nos hemos ido tristemente acostumbrando estos 12 años, como si ya no hubiera remedio y resultara imposible volver a encontrarnos en una cita importante. Aunque su representación tenga ahora otra forma.
Lo extraño, vista la incapacidad de sus técnicos en estos 12 años para construir un equipo ganador (Capello cree que el país se ha centrado demasiado en la táctica), es que Italia siga exportando entrenadores para otras selecciones. Tres en este Mundial, empezando por Carlo Ancelotti, demiurgo de ese éxito tranquilo que necesita Brasil como nunca. O Fabio Cannavaro, al frente de Uzbekistán, último capitán que levantó una Copa del Mundo. Incluso el pobre Vincenzo Montella, que se fue con la maleta a otra parte y ha dejado ya fuera a Turquía, palmando los dos primeros partidos de la fase de grupos.
“Sabiendo como sabes lo que siempre le hago a la gente”, decía la canción de Astrud, “¿cómo pensabas que contigo iba a ser diferente?“.
Preguntas abiertas
- ¿Cómo afectará esta ausencia a la identidad italiana a largo plazo?
- ¿Podrán los técnicos italianos revertir la tendencia en futuras competiciones?




