Madrid se desborda en la celebración de la selección española de fútbol
En resumen
- Madrid se desbordó con una multitud de más de dos millones de personas celebrando la victoria de la selección española de fútbol.
- Aficionados de todo el país y extranjeros se congregaron en Cibeles para ver la rúa de los campeones, con conciertos y la alegría de la "segunda estrella".
Resumen generado por IA
Por qué importa
La selección española de fútbol logró su segunda estrella en Nueva Jersey, lo que provocó una celebración masiva en Madrid con más de dos millones de personas en las calles.
Se hacía imposible calcular la cantidad de ciudadanos, ataviados con camisetas rojas y blancas, que se amontonaba en la tarde de ayer en las aceras madrileñas. Mareas humanas que colapsaban el centro de la capital. Niños a hombros. Ondeo de banderas. Pero, sobre todo, cientos de abanicos agitándose casi al unísono para intentar mitigar los 35 grados que azuzaban a las cinco de la tarde.
A esa hora, muchos ya guardaban sitio en primera fila para ver la rúa descapotable de los campeones que, iniciada en Moncloa, desembocaría en la plaza de Cibeles, epicentro de la fiesta futbolística donde se instaló un gigantesco escenario que acogió actuaciones de primer nivel, de Lola Índigo a Aitana. Querían poder saludar, y sobre todo agradecer, a los futbolistas que el pasado domingo, en Nueva Jersey, lograron la segunda estrella.
Otros aceleraban el paso para llegar al inicio de los conciertos, como un padre que con sus dos hijos enfilaban el Paseo del Prado. Acababan de llegar desde Sevilla, 400 kilómetros express, para ser partícipes de la gran fiesta y de la alegría compartida por todo un país. «Recuerdo perfectamente la final de 2010... Ahora, la ilusión es la misma».
Unos metros mas adelante, Nico y Raúl estaban entrando en Cibeles, conscientes de que tendrían que esperar «más de cuatro horas» para ver a sus ídolos. Pero no les importaba. «Si pudiera decirle algo a los jugadores sería simplemente gracias. Gracias por cumplir el sueño de todo un país. No sabemos cuándo volveremos a vivir algo así, así que vamos a disfrutar de la noche hasta el último minuto», respondía uno de ellos con una sonrisa.
Según iban pasando las horas, las imágenes aéreas del itinerario por donde iba pasando el autobús con los campeones del mundo mostraban el fervor con el que la sociedad les acogía. En Cibeles, pasadas las 19.30 horas, no entraba un alfiler. Uno de esos asistentes entusiasmados era Michael, croata que no pudo vivir en España la celebración de la Eurocopa de 2024.
Tuvo que conformarse con celebrar el triunfo de la Roja en su país natal, prometiéndose que la próxima vez que levantaran un trofeo estaría presente. Así que hoy se plantó en Barajas, tras pagar un billete de 400 euros que hizo escala en Valencia. «Confié desde el principio en que íbamos a ganar».
Algunos de los presentes se llevaron consigo escaleras de obra para poder ver tanto los conciertos como la llegada de los jugadores desde lo lejos. Fue el caso de Ibai, que llegó con una al hombro. «Quería que mi hijo de seis años pudiera ver a sus ídolos», comentaba. El chaval, emocionado, saludaba a la rúa entre cánticos de «campeones, campeones». Ibai no fue el único que utilizó esta técnica. A lo largo de todo el recorrido se repetía la misma escena: decenas y decenas de escaleras convertidas, por un día, en improvisados palcos desde los que los más pequeños disfrutan de una vista privilegiada.
Según datos de la Delegación del Gobierno, ayer más de dos millones de personas se lanzaron a las calles de la capital, superándose las 120.000 en la plaza de Cibeles. Durante el recorrido del autobús descapotable se pudo ver a Ferran Torres, el goleador de la final, aparecer sin camiseta, misma actitud que Marcos Llorente. También a Borja Iglesias, encargado de amenizar la fiesta actuando de DJ en una mesa de mezclas, y apoyado por el lateral Pedro Porro, micrófono en mano. Juntos le dedicaron el «Feliz cumpleaños» a su compañero Álex Baena, nacido el 20 de julio de 2001. A su paso, algunos de los aficionados les lanzaban objetos, principalmente banderas y balones pequeños, aunque pocos llegaban a su destino y terminaban rebotando en el vehículo.
«No podemos avanzar, no vamos a ver nada desde aquí», se lamentaba un grupo de chavales rezagados, que optaron por acercarse al epicentro de la celebración cuando bajase el calor. Pablo, otro de los adolescentes que no se quisieron perder esta cita ha estado en Bélgica durante la última semana, en un festival de música. «Fui con mi bandera de España, pero la guardé al segundo día ya que la gente me hablaba de la final y me ponía muy nervioso... Apenas podía disfrutar del festival», confesaba entre risas.
El azar hizo que volviese a España justo el mismo día de la final. Su vuelo hizo una escala en Alicante y, desde allí, tomó un tren hasta Madrid. A las 20:23, cuenta, llegó a la estación de Chamartín. Y con el tiempo justo, atravesó la estación corriendo mientras pedía un taxi para llegar a casa y sentarse delante del televisor a «sufrir como nunca lo había hecho con el fútbol». «Hablando con el taxista, cómo no, sobre el partido, me dijo que ya no tenía pensado hacer ningún viaje más. Pero, al ver que mi destino estaba cerca de donde él vive, decidió hacerme el favor de llevarme. Es un gesto que le voy a agradecer siempre», recuerda.






