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The Vatican's relationship with Catalonia: from John Paul II to Francis
Política
La Vanguardia11.06.2026Política4 dk okumaSpain

The Vatican's relationship with Catalonia: from John Paul II to Francis

En resumen

The article traces the Vatican's evolving stance on Catalan identity and independence movements, from John Paul II's perceived coldness to Benedict XVI's gestures and Francis's cautious approach, highlighting the political context of each pontificate.

Resumen generado por IA

Por qué importa

The article examines the historical relationship between the Vatican and Catalonia, focusing on how different popes have addressed Catalan identity and the independence movement. It contrasts the approaches of John Paul II, Benedict XVI, and Pope Francis.

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“Barceloneses, ¡españoles todos!”. Con estas palabra empezó Juan Pablo II su alocución en la Sagrada Família el 7 de noviembre de 1982, en el curso de su primera visita a España.

La visita a Montserrat, bajo una lluvia persistente, siguió la misma tónica. Un par de frases en catalán y marchando. Veintitantos años más tarde, Jordi Pujol confesó en sus memorias que le dolió la frialdad de Karol Wojtyla. Le dolió el hielo de Cracovia, pero el presidente de la Generalitat no ordenó poner anuncios en los diarios para recordarle a Juan Pablo II que Catalunya es una nación milenaria, ni puso en marcha ninguna campaña de opinión que el enérgico papa polaco pudiese interpretar como una maniobra de presión. Era otro mundo. Soplaban otros vientos.

Pujol reflexionó. Sabía cuál era el objetivo primordial de Juan Pablo II en España: levantar un muro de contención a la hegemonía socialista, consagrada en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982. El Papa había aterrizado en Madrid tres días después de aquellos comicios para una visita de diez días de duración.

El pontífice que llegó del frío consideraba que Pablo VI había cometido un grave error en España alentando la neutralidad política de la Iglesia católica durante la transición. En 1981 había llamado a capítulo en Roma al cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal, uno de los hombres claves de la transición. “¡Tarancón al paredón!”, solían gritar los ultras. Le puso las manos sobre los hombros y le dijo: “Usted es el culpable, por su culpa hemos perdido España”. Juan Pablo II quería enmendar el mandato montiniano (Giovanni Battista Montini, Pablo VI).

Había que recuperar terreno. A partir de 1985, el nuncio Mario Tagliaferri se encargaría de coordinar la nueva línea. En 1989 nacía el Partido Popular como casa común de todas las corrientes de la derecha nacional española.

Pujol reflexionó. Sabía que esa labor de contención en Catalunya podía corresponderle a él. Ya había captado buena parte de los votos de UCD. El éxito de CiU consistiría en sincronizar bien dos movimientos: atraer el voto antisocialista catalán y cuidar con esmero la emotividad del catalanismo para prevenir la aparición de un partido explícitamente independentista. Pujol no fue nunca un democristiano oficial, pero le gustaba definirse como un “soldado montiniano”, expresión que también gustaba a Giulio Andreotti.

Juan Pablo II siguió frío ante la cuestión catalana. Jamás pronunció una frase en catalán en su saludo después de la bendición urbi et orbi, en la que empleaba muchos idiomas. Jamás en catalán. El cardenal Eduardo Martínez Somalo, eclesiástico riojano, diplomático, sustituto de la Secretaría de Estado (tercer cargo en importancia en el Vaticano) y después cardenal camarlengo, fue un muro infranqueable.

La frialdad la rompió Benedicto XVI en noviembre del 2010. Joseph Ratzinger aceptó una liturgia con notable presencia de la lengua catalana en la ceremonia de consagración de la Sagrada Família. Fue un trabajo de orfebrería llevado a cabo con mucha paciencia por el cardenal Lluís Martínez Sistach arzobispo de Barcelona, con el apoyo del entonces secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone . El contexto no era fácil. En julio del 2010 había tenido lugar en Barcelona una gran manifestación de protesta por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut en la que las consignas soberanistas habían sido predominantes. Volvía Convergència, hablando de soberanía y de pacto fiscal. La herida del Estatut era visible desde Roma, y la Santa Sede aceptó que el Papa entrase en la Sagrada Família rezando en catalán.

El cardenal Bertone, muy conectado con el monasterio de Montserrat, conocía Catalunya. El director de L’ Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede, Giovanni Maria Vian, defendió ese gesto de cordialidad. Ratzinger era sensible a las piezas antiguas del mosaico europeo. Una vez le preguntaron si se sentía alemán. Respondió en latín: “Bavarus sum” (Soy bávaro).

Jorge Mario Bergoglio observó la movilización independentista catalana con notable aprensión. El 12 de junio del 2014, el papa Francisco concedió una entrevista a La Vanguardia, la primera entrevista en un diario español, y dijo lo siguiente: “La secesión de una nación hay que tomarla con pinzas”. En octubre del 2017, Carles Puigdemont buscó la mediación del Vaticano, y no la encontró.

León XIV no ha rehuido la cuestión estos días. Habló en el Palacio Real de “unidad y autonomía”, ha pedido a los catalanes “unidad”, y ha empleado la lengua catalana con mayor profusión que Benedicto XVI. En Madrid algunos han vuelto a fruncir el ceño.

Preguntas abiertas

  • What specific Vatican directives influenced the Partido Popular's formation?
  • How did the Vatican's stance on Catalan independence affect diplomatic relations between Spain and the Holy See?
  • What were the precise motivations behind Cardinal Martínez Somalo's 'impenetrable wall' regarding the Catalan language?
  • To what extent did the Vatican's actions or inactions influence the outcome of the Catalan independence movement in 2017?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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