Un vuelo especial persigue el eclipse total de sol en España para arañar segundos de oscuridad y ciencia
A bordo del vuelo IB1473, 99 pasajeros disfrutaron del eclipse más largo y limpio desde 11.000 metros de altitud.
En resumen
El vuelo IB1473 despegó de Barajas para perseguir el eclipse total de sol a 700 km/h y 11.000 metros de altitud, logrando la máxima duración y nitidez para los pasajeros, además de servir como plataforma para cuatro misiones científicas.
Resumen generado por IA
Por qué importa
Un vuelo comercial adaptado persiguió la trayectoria de un eclipse total en España para observaciones científicas y turísticas.
Un aullido eufórico recorrió las 48 filas del vuelo IB1473 a las 20.38 horas exactas de la tarde: "¡Uuuuuuuuh! ¡Qué pasote! ¡Qué pasooooooteeeee!"
No cabían arabescos poéticos ante el espectáculo más salvaje procurado por la naturaleza. Ni reflexiones sesudas que trataran de explicar lo inexplicable. Sólo expresiones boquiabiertas y una loquísima euforia infantil que un pasajero encapsuló en seis palabras certeras: "¡Ni el gol de Ferran, tú!".
"¡Qué pasoteeeeeee!", repetíamos en trance los 99 viajeros del vuelo que había partido de la T4 de Barajas un par de horas antes. Todos gozábamos de un privilegio único: rascar unos segundos adicionales de oscuridad total al eclipse más esperado del siglo.
A las 20.38, decíamos, mientras la sombra del eclipse galopaba por la submeseta norte a la altura de Palencia, el Airbus A321XLR pilotado por el comandante Javier Lopera Alcalá lo perseguía a 700 km/h de velocidad y 11.000 metros de altitud. Sí, la Naturaleza viajaba todavía más rápido, pero aun así la potencia de la aeronave logró rascar una veintena de segundos extra a la fase más espectacular del supereclipse que ha paralizado España.
"Con una totalidad estimada de 127 segundos, somos los españoles que hemos disfrutado de un eclipse de mayor duración", presumía Miquel Serra-Ricart, director científico de la misión, minutos después de la experiencia que conmovió a los 93 pasajeros y seis tripulantes de la nave.
Pero esa prórroga fue sólo la primera de tres ventajas que convertían a este avión de pasajeros en el mejor observatorio posible para el eclipse. La segunda era la ausencia casi garantizada de la nubosidad y la contaminación que distorsionan la imagen del Sol desde la superficie terrestre. A sus 11.000 metros, el avión vuela por encima de la capa de nubes troposféricas (entre 2.000 y 8.000 m) y de las boinas de partículas en suspensión que cubren los núcleos poblacionales. "Hemos visto el eclipse más limpio que nadie", se felicitaba Serra-Ricart.
Y la tercera ventaja es la delgadez de la atmósfera que rodeaba la aeronave: a esa altitud, ya se ha reducido en más del 75%. Según los especialistas, así se reduce drásticamente la absorción por ozono y el llamado scattering que enrojece y difumina las imágenes y la absorción por vapor de agua en el infrarrojo. El resultado: imágenes de la corona más nítidas, con mayor contraste y mejor rendimiento espectrofotométrico.
Serra-Ricart, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, ya había presenciado 15 eclipses totales en todo el mundo, incluido uno a bordo de un avión, en la Antártida en 2003. Pero lo de este miércoles fue especial e hizo que se le quebrara la voz más de una vez. "Después de viajar por todo el mundo en busca de totalidades por fin he vivido el mayor espectáculo de nuestro planeta... en casa", aseguraba visiblemente emocionado.
Pero el vuelo IB1473 iba mucho más allá del flipe personal, del paraíso selfístico o del microcirco mediático provocado por una veintena de periodistas. La misión también incluía un sofisticado elemento científico, con cuatro misiones que se ejecutaron a bordo y de forma simultánea durante más de dos horas de vuelo.
Primero, un telescopio Seestar capitaneado por Serra-Ricart registró imágenes de altísima resolución de la corona solar. El formato compacto de este aparato lo hace ideal para operar desde la ventanilla de un avión en condiciones de campo, sin las limitaciones del llamado seeing atmosférico.
Al mismo tiempo, dos cámaras (una gran angular y una de 360°) capturaron el entorno del Sol durante toda la secuencia del eclipse. Con el disco solar oculto por la Luna se hace visible un amplio campo del cielo en torno a la corona, incluyendo planetas y estrellas próximas. Así es posible documentar el entorno solar con contexto espacial, como la posición de Venus, Mercurio y estrellas próximas.
Además, una coincidencia extraordinaria hacía aún más interesante la jornada para los científicos: el eclipse ha coincidido con el máximo anual de la lluvia de meteoros de las Perseidas. Durante los dos minutos largos de totalidad, con el cielo totalmente oscurecido, los científicos gozaron de una posibilidad única de detectar Perseidas en el mismo campo de visión que la corona solar.
En tercer lugar, una cámara de vídeo con zoom regulable emitió imágenes del eclipse en tiempo real a través de sky-live.tv, plataforma de astronomía en vivo accesible a audiencias de todo el mundo. Su objetivo era difundir el eclipse total a una audiencia global desde una perspectiva aérea única.
Finalmente, está el proyecto CORONA (Comportamiento y Respuesta Observados en Navegación Aérea), que busca documentar la vivencia del eclipse total tanto desde la Tierra como a 11.000 metros de altitud. Su objetivo era detectar cambios significativos y medibles en el comportamiento tanto de los pasajeros como de los 'terrícolas': del aumento de la conducta prosocial espontánea a la alteración de la percepción del tiempo, pasando por la sincronía conductual de grupo -aplausos, gritos o lloros colectivos...- o la creación de un estado temporal de asombro (el llamado 'awe') que modifica actitudes y conductas durante las horas posteriores al vuelo.
"Así sabremos, por ejemplo, si una experiencia colectiva como un eclipse puede emocionarnos como el concierto de nuestro grupo favorito", detalla Carlos Rodríguez Jiménez, doctor en Aprendizaje Experiencial de la Universidad de Extremadura, máximo responsable del estudio.
-¿O como el gol del Mundial?
Preguntas abiertas
- ¿Qué conclusiones arrojará el proyecto CORONA sobre la conducta?
- ¿Se repetirá esta misión en futuros eclipses?



