Vicepresidente de la FMTO, sospechoso de fraude en licencias de armas
En resumen
- El vicepresidente de la Federación Madrileña de Tiro Olímpico (FMTO), Enrique Vaquero, es sospechoso de manipular exámenes para otorgar licencias de armas.
- Se le acusa de reemplazar dianas suspensas por otras aprobadas, falsificando sellos y códigos de identificación.
- La federación otorga unas 60 licencias F al mes, con un 97% de aprobados.
Resumen generado por IA
Una sombra larga y oscura se cierne sobre la Federación Madrileña de Tiro Olímpico (FMTO). Es un sábado de abril, día de exámenes. Los aspirantes a la licencia F, la de tirador deportivo -que a la postre da acceso a tener una pistola en casa-, están disparando al otro lado de un largo pasillo. Suenan detonaciones a lo lejos, detrás de una puerta. En el pasillo también hay disparos, pero no están hechos con armas, sino con un boli Bic.
Vamos por pasos. Las dianas de los aspirantes que ya han completado su examen se llevan a ese pasillo, un lugar atestado de maderas, plásticos, dianas viejas y polvo. De ahí se llevarán a otra zona, la llamada «zona de clasificación», donde están los árbitros.
Según un vídeo obtenido en exclusiva por EL MUNDO, en una mesa de ese pasillo, de pie, el vicepresidente de la federación, Enrique Vaquero, mira las dianas y parece muy atareado. Para aprobar, los aspirantes tienen que tirar a una diana de tamaño 55x52 centímetros desde 25 metros de distancia. Deben hacer al menos 50 puntos, o no obtendrán la licencia.
El vicepresidente va mirando el montón de dianas y contando los puntos. Las aprobadas las amontona a su izquierda. Pero cuando una no llega, se agacha, mete la mano detrás de unas maderas y saca una diana nueva. Para que sean únicas, todas las dianas de examen llevan una marca en la esquina inferior derecha: un código numérico que identifica al participante y un sello de la federación.
El vicepresidente pone la diana nueva al lado de la suspensa, saca un boli y, mirando a ambas, escribe algo en la esquina inferior derecha de la diana nueva. Luego saca un sello de la federación de su riñonera y lo pone rápidamente.
Por último, pasa la diana nueva al montón de las aprobadas, pero todavía queda un último asunto que resolver: hay que deshacerse de la diana original. La agarra, le arranca la esquina donde vienen los datos del participante y la mete, bien abajo, en una papelera llena de plásticos y cosas. El resto de la diana la esconde detrás de otros tablones.
Después de realizar varias veces esa misma maniobra -tantas como suspensos hay, parece-, le da el taco de dianas a un empleado de la federación y se lo llevan a la «zona de clasificación», donde llegarán todos aprobados.
De toda esta sospechosa historia, llaman la atención varias cosas: la primera, la tranquilidad y el método con el que funciona el hombre al sustituir las dianas. Antes de todo, se le ve cómo perfora agujeros con un boli Bic en las dianas que después esconde tras las tablas. No da la sensación de ser la primera vez, ni tampoco la última.
Es curioso que el porcentaje de aprobados desde hace meses en los exámenes de licencia F es de un 97%. Y otra sospecha: durante años también fue muy habitual que apruebe el 100% de los que se presentan a las licencias D y E, que son para armas largas. En este caso, la diana es mucho más pequeña, más difícil de acertar.
Hasta que un día, según recuerdan miembros de la federación, un alto mando de la Intervención de Armas de la Guardia Civil decidió escoltar las dianas desde el puesto de tiro hasta la zona de clasificación y resulta que ese día suspendió el 100%. A partir de ese día, se puso una diana más grande para hacer el examen y se comenzaron a impartir clases prácticas previas al examen.
Otra particularidad llamativa: no puede pasar mucho tiempo entre que las dianas se sacan del examen y se llevan a la zona de clasificación, cuando hay que atravesar forzosamente ese pasillo en el que se produce el presunto fraude. Por eso toda la maniobra parece casi cronometrada.
Y otro detalle más: el sello oficial de la federación solo puede tenerlo una persona, pero esa persona no es el vicepresidente. ¿Por qué tiene uno y lo estampa en las dianas, entonces?
Hay que destacar otros asuntos que agravan especialmente esta concesión masiva de licencias de armas con el consiguiente peligro potencial. En la Comunidad de Madrid es obligatorio pasar por la federación para tener permiso de armas. Y la licencia F asegura la posesión de una pistola más rápido que otras licencias. En apenas un mes es posible tenerla: una clase teórica, tres prácticas y el examen final.
La Federación Madrileña de Tiro Olímpico está dispensando unas 60 licencias F nuevas cada mes, pese a que acertar a un blanco a 25 metros y sin apenas experiencia no es nada fácil, como sabe cualquiera que haya disparado un arma corta.
La gestión de la licencia reporta 650 euros a la federación, más la cuota de los que se quedan federados. Además, mientras que con la licencia F es posible comprar solo 100 balas al año en armerías, en la propia federación se pueden comprar 100 balas ¡al día!
Se supone que todas esas balas deben gastarse el mismo día que se compran tirando a diana, pero... «a veces vienen clanes familiares de ocho personas, se compran 100 balas cada uno con sus licencias, se toman un café y se van», cuentan con lógica preocupación algunos federados.






