Víctor de la Serna y sus 'Calles de Madrid': Un paseo por la memoria viva de la ciudad
En resumen
Un nuevo volumen de La Esfera de los Libros recopila las crónicas de Víctor de la Serna sobre las calles de Madrid, un homenaje póstumo al periodista que transformó el callejero en historias vivas, inspiradas en Pedro de Répide, y que reflejan su profundo amor por la capital.
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Por qué importa
El periodista Víctor de la Serna, fallecido en octubre de 2024, es homenajeado con la publicación de un volumen que recopila su serie de crónicas 'Las calles' de Madrid, originalmente publicadas en el suplemento GRAN MADRID de EL MUNDO.
«Mesón de Paredes, por fin una calle con el nombre lógico y apropiado, en los barrios bajos del viejo Madrid que tanto atraían a Pedro de Répide: se llama así porque un señor Paredes tuvo aquí un mesón» o «Augusto Figueroa: caramba, una importante calle -une Fuencarral y Barquillo- del centro histórico de Madrid con nombre de periodista, y ya con una larga historia que hace un siglo glosaba Pedro de Répide».
Con esta aparente sencillez, casi como quien conversa durante un paseo, Víctor de la Serna conseguía que las calles de Madrid dejaran de ser simples nombres en un plano para convertirse en pequeñas historias llenas de memoria.
Este periodista -fallecido en octubre de 2024- tenía el raro talento de convertir el callejero madrileño en un relato vivo, salpicado de ironía, curiosidad y de un conocimiento profundo de la ciudad.
Ahora, un volumen publicado por La Esfera de los Libros recopila toda la serie de Las calles, publicada en el suplemento GRAN MADRID de EL MUNDO, un paseo por la memoria viva de la ciudad y un homenaje póstumo a una de las grandes plumas del periodismo español.
No sólo fue uno de los fundadores de este periódico, sino que Víctor de la Serna reunía tres personalidades en una: para los aficionados al baloncesto fue Vicente Salaner; para los amantes de la buena mesa fue el crítico gastronómico Fernando Point y para varias generaciones de periodistas fue, sencillamente, Víctor de la Serna: un sabio reportero, el guardián de las normas de estilo de EL MUNDO y un madrileño enamorado de su ciudad.
Su hija Cecilia ha sido una de las encargadas de rescatar todas estas crónicas, inspiradas a su vez en el callejero que elaboró Pedro de Répide, cronista oficial de la Villa, cien años antes.
«Queríamos preservar la memoria de mi padre en un libro y pensamos que éste era el que le retrataba mejor. Es un viaje al corazón de mi padre, ya que él iba recorriendo la ciudad en función de sus recuerdos», indica Cecilia de la Serna.
Un libro para los madrileños
No es una obra pensada para los turistas que llegan con una lista de monumentos bajo el brazo. Tampoco para quien sólo conoce Madrid a través de las fotografías de Instagram.
Es un libro para los madrileños, para los gatos que saben apreciar esas pequeñas anécdotas que, a simple vista, pueden pasar desapercibidas: por ejemplo, en la calle Mesón de Paredes no sólo nació el arquitecto José de Churriguera, sino también el escritor y columnista Francisco Umbral, además del cantante Julio Iglesias.
El Madrid de Víctor de la Serna es el de los vecinos que aún llaman a las calles por su nombre; el de los porteros que conocen a todos los habitantes de su bloque o el de los bares donde los camareros todavía recuerdan el apodo de sus clientes habituales.
La serie comparaba el Madrid de hace un siglo retratado por Pedro de Répide -familiar lejano de Víctor- con la urbe actual, con lo que recuperaba personajes olvidados, desmontaba leyendas y encontraba en una simple placa la excusa perfecta para contar cómo había cambiado la capital.
Hay distritos que parecían escritos para él, como Chamberí, el barrio donde nació y que retrató con especial cariño. Sus calles conservan todavía ese Madrid de cafés, portales señoriales, pequeños comercios y conversaciones pausadas que tanto le fascinaban.
De la Serna encontraba en ellas mucho más que arquitectura: veía la biografía de una ciudad que había aprendido a modernizarse sin renunciar del todo a su memoria.
Algo parecido ocurría con la plaza de las Salesas, un lugar muy especial para Víctor de la Serna, ya que se casó en el templo de Santa Bárbara.
«Es una iglesia barroca deslumbrante, y algún periodista veterano que contrajo matrimonio hace casi medio siglo recordará cómo fue descartando el lugar donde celebrarlo, desde los Jerónimos -demasiado rimbombante- hasta el Monasterio de la Encarnación -demasiado pequeño, y ya atosigado de reservas de bodas- para acabar en Santa Bárbara, esa maravilla madrileña», escribía el cronista en 2023.
Amor por su ciudad
El barrio de las Salesas es hoy uno de los lugares más fotografiados del centro por miles de turistas, sembrado de los restaurantes, las terrazas y las tiendas más cool del momento.
Pero De la Serna no se centraba sólo en las grandes avenidas ni en las calles más famosas de la capital, sino que le gustaba bucear en esas rondas más desconocidas.
«Por eso su recorrido por Madrid es distinto. Es un Madrid muy castizo porque mi padre siempre llevó con orgullo su condición de madrileño por el mundo», destaca Cecilia.
Tal vez ese amor por su ciudad se debe a que pasó mucho tiempo fuera de ella. De la Serna creció entre Ginebra y Nueva York, donde se convirtió en el primer español graduado en la Escuela de Periodismo en la Universidad de Columbia.
Nació con la prensa pegada a los talones. Era bisnieto de la escritora Concha Espina y su abuelo fue el famoso periodista Víctor de la Serna y Espina. También lo fueron su padre y su tío, Víctor y Jesús de la Serna Gutiérrez-Répide, mientras que su madre, Nines Arenillas, fue cronista gastronómica.
Con estos antepasados, era difícil que Víctor de la Serna no dejase también su impronta en la profesión. Se curtió como reportero en Estados Unidos, donde trabajó como corresponsal en pleno caso Watergate.
Un periodista todoterreno
Pero hizo de todo en el oficio: redactor jefe de local en el diario Informaciones, autor del Libro de Estilo de EL MUNDO y secretario del Jurado de los Premios Internacionales de Periodismo de este diario.
También ostentó el cargo de adjunto al director y responsable de Relaciones Internacionales, además de recibir tres veces el Premio Nacional de Gastronomía.
Este libro de Las calles de Madrid reivindica ahora su legado y rescata una forma de ejercer el periodismo: la de quien entendía que un buen reportaje no consiste sólo en acumular datos, sino en descubrir el alma de lo cotidiano.






