Aficionados españoles critican los precios "desorbitados" de las entradas para el Mundial
L'essentiel
- Aficionados españoles expresan su descontento por los "desorbitados" y "abusivos" precios de las entradas para el Mundial, que superan el salario mínimo mensual en España.
- Las tarifas dinámicas y los altos costos de transporte también generan críticas hacia la FIFA.
Résumé généré par IA
Adrián Núñez (Langreo, Asturias, 40 años) ha seguido a España en casi todos los grandes torneos desde la Eurocopa de Francia de 2016. Es de los afortunados: consiguió sus entradas para el Mundial en diciembre, en la primera ronda de venta reservada para los socios de cada federación, entre las más baratas disponibles —los asientos de esta categoría son muy limitados y están ubicados en las esquinas superiores de los estadios—. Irá a los dos primeros partidos de España en fase de grupos, ambos en Atlanta, y se desplazará en coche de alquiler desde Miami, alojándose en ciudades cercanas más baratas para amortiguar el golpe.
Los aficionados consultados usan un léxico parecido para referirse a los precios de esta cita futbolística: “Desmedidos”, “desorbitados”, “abusivos”. En fase de grupos, algunos partidos cuestan más que el salario mínimo mensual en España, de 1.221 euros. El organismo introdujo además una nueva tarifa de asientos de “primera fila”, lanzada después de las primeras rondas de venta, que generó indignación entre quienes creían haber adquirido los mejores dentro de su categoría. Basta una comparación para dimensionar el fenómeno: en Qatar, la categoría más cara de entradas rondaba los 1.600 dólares, y 1.100 en Rusia. Para esta edición, cuando la FIFA puso los billetes a la venta, esa misma categoría subía a 8.680 dólares. Con el sistema de precios dinámicos, que varían en función de la demanda, superaron los 30.000 dólares.
“Debemos ser casi unos expertos matemáticos”, resumeAdrián Núñez. “Tenemos la sensación de que la FIFA trata de exprimir al aficionado y conseguir el máximo beneficio posible sin que podamos disfrutar de verdad el mundial”. En la última Eurocopa había idoa siete de los ocho partidos que jugó España. Ahora se conforma con dos. Y considera que España salió ganando: “Hemos tenido suerte de que no nos haya tocado Boston o Nueva Jersey, donde los estadios están en las afueras y el traslado es carísimo”.
Si las entradas ya suponen un esfuerzo, llegar a los estadios ha sido otro foco de conflicto. NJ Transit, la red de transporte público de Nueva Jersey, llegó a anunciar un precio de 150 dólares de ida y vuelta en tren desde Manhattan (Penn Station) hasta el MetLife Stadium —donde se disputarán ocho partidos, incluida la final—, frente a los 12,90 que cuesta habitualmente. La cifra generó tal reprobación que el precio fue reducido a 105 dólares, y el autobús bajó de unos 80 dólares iniciales a 20. La raíz de este problema, que recae sobre los aficionados, es una disputa entre el Gobierno de Nueva Jersey y la FIFA: el organismo de fútbol no ha aportado financiación para atender a unos 40.000 aficionados por partido, al considerarlo responsabilidad de las candidaturas locales. Inicialmente, en 2018, los acuerdos firmados contemplaban transporte gratuito, pero luego este punto fue dejado de lado.
Juan José Abascal (Toledo, 56 años), conocido como Curro, es presidente de la peña Furia Española y asiste a los partidos de la selección desde la Eurocopa de 2012. En Qatar ocupó el lugar del fallecido hace un año Manolo el del Bombo, quien no pudo asistir por problemas económicos. Desde entonces lleva el suyo propio a todos los partidos. Este año no se ha planteado no ir, pero tampoco está satisfecho con los costos de las entradas: “Los precios son prohibitivos. A las peñas nos han hecho un pack y lo hemos sacado más barato, pero no están pensando en el aficionado”, lamenta. Para ajustarse, dormirá en hostales o en casa de amigos y optará por los vuelos más económicos.
Con todas estas trabas, las críticas a la FIFA no se han hecho esperar. El organismo alega que la mitad de las entradas corresponde a las categorías más asequibles —un 40% de “grada asequible” y un 10% de “grada básica”—, pero la otra mitad empuja el precio medio hacia arriba de forma notable. Su presidente, Gianni Infantino, ha señalado que la demanda fue altísima. “Hay entradas caras, sí, pero también hay entradas accesibles”, se defendió. Lo que no mencionó es que las entradas de reventa en la plataforma oficial son ya, en algunos casos, más baratas que las que la propia FIFA vende directamente; ello significa que muchos de quienes compraron con el objetivo de revenderlas más caras no están pudiendo hacerlo.
Hay aficionados que ni siquiera llegaron a mirar vuelos ni hoteles. Pedro Miguel Gómez De La Fuente (Toledo, 51 años), empresario hostelero y habitual en los partidos de la Selección durante años, descartó el mundial en cuanto vio el precio de las entradas. “Con el trabajo se me pasó pedirlas a través de la peña. Me dije que no pasaba nada, que iba por mi lado. Pero los precios que ponen son una locura”, afirma este aficionado que asistió a varios mundiales y Eurocopas. Él no suele ir a la fase de grupos —“voy ya a la parte seria, cuando hay que mimar al equipo”— así que sus referencias son las de los partidos más decisivos. En la Eurocopa de Múnich de 2024 recuerda haber pagado la habitación de hotel (cuatro estrellas) a 150 euros y la entrada de la semifinal España-Francia a no más de 300. “Yo manejo una vida agradecida, normal, pero con estos precios no me muevo. No voy a regalar el dinero por regalarlo”, concluye.





