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Aung San Suu Kyi recibe una visita de la Cruz Roja tras más de cinco años de aislamiento, según su hijo
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El MundohierMonde4 min de lectureSpain

Aung San Suu Kyi recibe una visita de la Cruz Roja tras más de cinco años de aislamiento, según su hijo

Kim Aris valora como una señal esperanzadora el encuentro con el CICR, pero exige acceso regular y su liberación incondicional.

L'essentiel

Aung San Suu Kyi, exlíder de Birmania de 81 años, recibió la visita de un representante de la Cruz Roja tras más de cinco años incomunicada por la junta militar, según confirmó su hijo Kim Aris, quien reclama su liberación y la de todos los presos políticos.

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Aung San Suu Kyi permanece detenida y aislada desde el golpe de Estado militar del 1 de febrero de 2021 en Birmania.

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Unas horas antes de que los tanques tomaran las calles de Rangún y los generales enterraran la frágil primavera democrática de Birmania, la entonces líder de facto Aung San Suu Kyi hizo una última llamada a su hijo. No le habló abiertamente de un golpe de Estado, pero dejó entrever que se acercaban tiempos oscuros. Kim Aris, carpintero de 49 años, lo entendió todo poco después. Aquella conversación, el 31 de enero de 2021, fue la última vez que escuchó la voz de su madre.

Durante más de cinco años, la premio Nobel de la Paz ha permanecido desaparecida tras los muros del régimen militar. Su familia no ha podido hablar con ella, nadie ha podido verificar de forma independiente cuál es su estado de salud y las escasas imágenes difundidas por la Junta golpista siempre han sido recibidas con enorme escepticismo. Por eso, la noticia de que la ex líder birmana, de 81 años, recibió este lunes la visita de un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha sido interpretada como la primera señal de vida realmente esperanzadora en mucho tiempo.

Kim Aris, que reside en Londres y se encuentra de viaje en el Sudeste Asiático, recibe la noticia con una mezcla de alivio y cautela. Ha sido él quien, durante los últimos meses, ha impulsado la campaña Proof of Life (Prueba de vida). "Mi mayor preocupación siempre ha sido saber si mi madre seguía viva", explica en una entrevista con EL MUNDO.

"La última vez que hablamos fue apenas unas horas antes del golpe militar. Desde entonces, mi familia no ha tenido ningún contacto directo con ella ni ha recibido información sobre su estado de salud que haya podido verificarse de forma independiente".

Para Aris, la visita de la Cruz Roja representa mucho más que un simple gesto diplomático. "Se trata del primer avance humanitario positivo en más de cinco años". Pero el hijo de Suu Kyi insiste en que una fotografía o una única reunión no bastan para disipar años de incertidumbre.

"Esto debe ser el principio, no el final. Espero que conduzca a un mayor acceso humanitario, a un contacto directo con mi madre, a información creíble e independientemente verificada sobre su estado y, en última instancia, a su liberación inmediata e incondicional, junto con la de todos los presos políticos".

Aris evita presentar su reivindicación como una batalla política. Prefiere hablar de una cuestión profundamente humana. "Nunca se ha tratado de una exigencia política. Es una demanda humanitaria. Todo hijo debería poder saber cómo se encuentra su madre. Toda madre debería tener derecho a comunicarse con su familia".

Desde el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021, el Ejército birmano ha convertido el secretismo en una de sus principales armas. El actual Gobierno, encabezado por el general Min Aung Hlaing, derrocó al Ejecutivo democráticamente elegido de Suu Kyi -que ejercía como consejera de Estado- alegando un supuesto fraude electoral nunca demostrado.

Poco después comenzó una cascada de procesos judiciales celebrados a puerta cerrada que terminaron con Suu Kyi condenada a 27 años de prisión por una larga lista de delitos que van desde la corrupción hasta supuestas violaciones de las restricciones sanitarias por la pandemia. Organizaciones internacionales, gobiernos occidentales y expertos jurídicos consideran aquellos juicios una farsa destinada únicamente a apartarla definitivamente de la vida política.

Durante estos años, las autoridades militares nunca han autorizado visitas independientes ni contacto alguno con su familia. El hijo de la Nobel considera que ahora la presión internacional empieza, por fin, a dar algunos resultados. "Durante años las autoridades militares no respondieron a nuestras peticiones de una prueba de vida creíble. Lo que sí me ha animado es el creciente apoyo de gobiernos, parlamentarios, organizaciones humanitarias y ciudadanos de todo el mundo que han entendido que este es, ante todo, un asunto humanitario".

Por ello, reclama que países como España y otros aliados de la Unión Europea aumenten la presión sobre el Gobierno golpista birmano. "Una sola visita humanitaria no es suficiente. Debemos conseguir un acceso regular, contacto directo con mi madre, información verificable sobre su salud y su liberación inmediata. La comunidad internacional niega que el secretismo se convierta en algo normal. Los derechos humanos no desaparecen porque alguien sea ocultado al mundo".

Mientras Suu Kyi permanece aislada, Birmania se desangra. Más de cinco años después del golpe, el país vive inmerso en una guerra civil que enfrenta al Ejército con guerrillas étnicas y con las milicias prodemocráticas surgidas tras la asonada. Los combates, los bombardeos aéreos y la represión han provocado decenas de miles de muertos y millones de desplazados, mientras la economía se ha hundido y la pobreza se extiende por todo el país.

"El pueblo birmano sigue pagando un precio insoportable", lamenta Aris. "Millones de personas han sido desplazadas, comunidades enteras han quedado devastadas por el conflicto, los presos políticos continúan encarcelados y las necesidades humanitarias no dejan de crecer".

Describe un país donde los jóvenes ya no encuentran futuro, miles de personas huyen al extranjero para escapar del reclutamiento forzoso y los niños de las zonas rurales crecen sin escuelas porque muchas han sido destruidas o cerradas por la guerra. A ello se suma, advierte, la expansión del crimen transnacional. "Los centros de estafas, la trata de personas, el fraude por internet y el narcotráfico ya no representan sólo una crisis para Birmania; se han convertido en un problema para toda la región".

Pese a todo, no ha perdido la esperanza. "Pero la esperanza debe ir acompañada de acciones. Un futuro duradero no puede construirse mediante la violencia o el miedo. Debe edificarse sobre el respeto a la voluntad del pueblo, la rendición de cuentas, los derechos humanos y el Estado de derecho".

También sabe que la figura de su madre seguirá siendo objeto de debate por su controvertida defensa del Ejército frente a las acusaciones internacionales por la persecución de la minoría rohinyá. Sin embargo, cree que el juicio de la historia no debería eclipsar la situación actual.

"La historia debería recordar a mi madre en toda su dimensión, y no únicamente a través del prisma de un momento concreto. Dedicó su vida al pueblo de Birmania y sacrificó décadas de su libertad personal por la democracia. Antes de que la historia juzgue su legado, el mundo tiene la responsabilidad de garantizar que reciba un trato humano, pueda volver a comunicarse con su familia y recupere su libertad".

Después de más de cinco años sin escuchar la voz que le advirtió de que se acercaba la tormenta, Kim Aris se aferra ahora a una única esperanza: que esa visita del Comité Internacional de la Cruz Roja sea el principio del fin de uno de los mayores agujeros negros informativos del Sudeste Asiático, y que la mujer que durante décadas simbolizó la lucha por la democracia en Birmania deje, por fin, de ser una prisionera invisible.

Questions ouvertes

  • ¿Cuál es el estado de salud exacto de Aung San Suu Kyi?
  • ¿Permitirá la junta militar más visitas del CICR o de familiares?

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This article was originally published by El Mundo.

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