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Bad Bunny: El fenómeno que revolucionó la música latina y conquistó el mundo
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El Mundo21.05.2026Culture19 dk okumaSpain

Bad Bunny: El fenómeno que revolucionó la música latina y conquistó el mundo

L'essentiel

  • Bad Bunny, el artista latino más grande del mundo, ha revolucionado la industria musical con su dominio implacable, rompiendo barreras lingüísticas y culturales.
  • Su música, que aborda temas sociales y políticos, ha conquistado audiencias globales, convirtiéndolo en un fenómeno cultural y un referente para nuevas generaciones.

Résumé généré par IA

Pourquoi c'est important

Bad Bunny's journey from a quiet student in Puerto Rico to a global music superstar is a testament to his talent and dedication. His music transcends language barriers, addressing social and political issues that resonate with a diverse audience.

Taille de police

En 2012, en el recinto de Arecibo de la Universidad de Puerto Rico, se presentó un chaval que simplemente destacaba en las filas traseras del aula por su tamaño, por su silencio, por su sonrisa y por un dominio implacable de las herramientas de producción musical. Cuando su profesor de producción de audio, Manny Gutiérrez, le preguntó cuándo y dónde había adquirido ese dominio, él le confesó que desde la escuela intermedia –equivalente a la Secundaria española– había estado trasteando con un programa de audio digital, Fruity Loops. Era un alumno de primer año en una clase para estudiantes de tercer o cuarto año y ya sabía crear pistas, producir, componer sus propias letras, actuar... sin necesidad de formación ni de haber llegado a la veintena. Decían que de su etapa preuniversitaria ya arrastraba un grupito de devotos a su canal de Soundcloud. En aquellas aulas del campus, ese grupito de fans se hizo mayor. ¿Su nombre? Benito Antonio Martínez Ocasio.

«Años después, un alumno me vino a contar que Benito estaba teniendo un gran éxito en la industria de la música. Que se hacía llamar Bad Bunny. Yo había escuchado hablar de ese Bad Bunny, lo busqué y allí estaba él. Me puse a escucharle y en esa música estaban muchas de las cosas que habíamos hablado en las clases, que habían planteado también sus compañeros y que él había puesto en práctica. Guau, qué emocionante», detalla Manny Gutiérrez al otro lado del teléfono. En su aula había un chaval silente y pertinaz, el paso de los años le ha convertido en la mayor estrella latina de nuestro tiempo y en una de las más grandes a nivel mundial. Aquel estudiante, que debutó oficialmente en 2016 con la canción Diles, va directo a convertirse en una incontestable leyenda de la música. Con una década de carrera y ocho álbumes de estudio, Bad Bunny va tumbando barreras como creaba sus primeras pistas. Por pura inercia.

Ningún artista había conseguido el Grammy a mejor álbum del año con un proyecto en lengua española, Bad Bunny lo ha hecho con Debí Tirar Más Fotos en la última edición de los premios. El puertorriqueño es el cantante con el álbum más escuchado de la historia de Spotify, Un verano sin ti; tiene el récord de más canciones por encima de los mil millones de reproducciones, y es el único latino con tres álbumes por encima de los 11.000 millones de reproducciones en la plataforma. Su espectáculo en el descanso de la Super Bowl, en febrero pasado, es el cuarto más visto en la historia de la NFL: congregó a 128 millones de espectadores, cuatro millones más que la propia media del partido. Cantando en español y en mitad de una campaña antimigración de la Casa Blanca.

La figura de Bad Bunny se estudia en las universidades estadounidenses: de Yale a Princeton, son varias las que imparten cursos con él como objeto de estudio. Su actual gira va batiendo récords de facturación allá por donde pasa: en España, las 600.000 entradas para sus 12 estadios, dos en Barcelona –el primero, este viernes– y diez en Madrid, se agotaron en apenas unos minutos. Y es imposible saber cuántos podría haber llenado si hubiera optado por seguir sacando nuevas fechas.

Los datos de Chartmetric, la aplicación que utiliza gran parte de la industria musical para monitorizar la carrera de sus artistas, a los que ha accedido este diario, muestran ese crecimiento sin límite de la última década. Pero, sobre todo, muestran que esa curva no ha llegado a doblarse, sigue siendo ascendente sin haber tocado aún el máximo. Bad Bunny aún es, por tanto, un artista «en crecimiento» pese a que sus oyentes de Spotify han pasado de 41,3 millones en mayo de 2020 a 102,1 millones en el mismo mes de 2026. Su tasa de conversión de fans en la plataforma –una métrica que explica cuántos oyentes casuales se convierten en fieles de un artista– ha crecido de 51,9 a 113,2. Las visitas a su canal de YouTube se han multiplicado por cinco –de 8,5 a 45,9 millones– y el uso de sus canciones en vídeos de TikTok lo ha hecho casi por 30 –de 5 a 147 millones– en ese mismo período. De hecho, tras la Super Bowl, las cifras de uso en la red social china han aumentado de 58 a 147 millones.

Y estos son únicamente datos absolutos que permiten medir al puertorriqueño y que confirman un dominio numérico que se puede percibir a simple vista. Hay una escucha masiva de su música sin importar la plataforma, sin duda. Su figura se agranda con los años, por supuesto. Pero hay algo más. Bad Bunny ha introducido la industria musical en una batidora, ha apretado el botón y la ha puesto a dar vueltas hasta revolucionarla por completo. Ha cruzado dimensiones, ha reventado tópicos, ha reconstruido géneros y, sí, ha disparado la música urbana latina hasta lo más alto.

En Estados Unidos, el gran mercado mundial, la música en español ya supone el 8,8% de los ingresos en música grabada tras crecer un 30% en cinco años, según el último informe de la Recording Industry Association of America, en la que se encuadran la mayoría de las discográficas. El gran reclamo de ese género no es otro que Bad Bunny, que, según datos de Charmetric, tiene su segunda mayor concentración de oyentes en el país de Trump. El 20,2% de sus seguidores están en México; el 19,8%, en sus vecinos del norte, con cuatro ciudades entre las 15 primeras –Nueva York, Los Ángeles, Chicago y Miami– y ocho en el top 50. España es el quinto mercado en importancia, con un 6,4%.

«Yo enseño acá en la universidad y no solo tengo alumnos latinos. Cuando toda la explosión del Super Bowl preparé una charla sobre Bad Bunny; había alumnos blancos y negros que cantaban y seguían con inflexión de Puerto Rico todas las canciones del show. Cuando lo quité, eran incapaces de conversar en español conmigo. Es lo mismo que pasaba con los Beatles en Latinoamérica, cantan sus canciones aunque no las entiendan», explica Juan Carlos Quintero-Herencia, escritor, profesor de la Universidad de Maryland y promotor del curso Contemporary Puerto Rican Musicality: From Plena to Bad Bunny.

Este estudioso de la literatura caribeña equipara a Benito con Celia Cruz, la reina de la salsa, y Fania All-Stars, la orquesta referente en la historia de ese mismo género. «Estamos ante el poeta contemporáneo más importante de Puerto Rico y ante uno de esos músicos elegidos que nunca se plantearon renunciar al español y, aún así, conquistaron el mundo. Su musicalidad es tan avasalladora que supera el lenguaje mismo. Me gustó mucho una cosa que leí sobre su sonoridad tan particular que decía que era como si estuviese cantando debajo del bajo. Y ese misterio de su voz aún le hace más grande».

La mirada hacia la raza también es importante porque, aunque sus fans sean de origen hispanoamericano en un 65%, una cuarta parte –24,7%– son blancos y caucásicos, y esa cifra se ha mantenido estable desde 2020, con alguna pequeña variación según el año que se observe. Lo que sí se ha alterado más es el idioma que hablan sus fans. En diciembre de 2019, cuando Charmetric fija los primeros datos, el 51,4% de sus oyentes hablaban español y el 22,3% lo hacía en inglés. Siete años después, el porcentaje del español ha ido creciendo constantemente hasta colocarse en el 77,1%, dejando al inglés en el 17,4%. Y eso se puede explicar en que Bad Bunny, allá donde ha ido, no ha renunciado en ningún momento a su idioma materno. Su show en la Super Bowl es el gran ejemplo, pero en programas estadounidenses de máxima audiencia como Saturday Night Live o The Tonight Show con Jimmy Fallon tampoco ha renunciado a su idioma materno. Todo su discurso al recoger el Grammy a mejor álbum de 2025 fue en español salvo su último mensaje: «Fuck ICE».

En Japón, el pasado 6 de marzo, Spotify organizó un concierto gratuito y exclusivo donde el artista cantaba y se dirigía por momentos al público en esa misma lengua; la respuesta de sus fans fue un perfecto español con acento puertorriqueño en todas sus letras. «Eso te demuestra que Bad Bunny es mucho más que un artista, que hay algo también de activista en él. Con su música demuestra una conciencia histórica y un compromiso social muy fuertes, sobre todo con su país de origen. Eso es muy interesante en una figura tan grande en la industria», aporta Soledad Valdivia, profesora de la Universidad de Leiden y promotora del coloquio Bad Bunny at the Super Bowl: Dissecting Latino power, language and culture en este centro universitario de los Países Bajos.

Ese compromiso social lo viene demostrando el artista desde hace años. Canciones como El apagón o Lo que le pasó a Hawaii son dos ejemplos contra el colonialismo de Estados Unidos, la privatización del sistema eléctrico y la gentrificación de Puerto Rico. En el segundo de esos temas, canta: «Quieren quitarme el río y también la playa/ Quieren al barrio mío y que tus hijos se vayan/ No, no sueltes la bandera ni olvides el lelolai/ Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái».

Porque Bad Bunny ha crecido en un territorio en el que se ha intensificado el control fiscal de EEUU, especialmente desde el año 2016, justo cuando su carrera empezaba a ser pública. El nivel de deuda de la isla se disparó desde finales de los 90 y las leyes obligaron a afrontarlo como máxima prioridad, lo que produjo una etapa política de austeridad, privatizaciones continuas de servicios públicos, oleadas de despidos de trabajadores y protestas masivas por parte de la población en las calles.

Ya convertido en estrella, de hecho, Bad Bunny fue uno de los artistas que encabezó las marchas del verano de 2019 para forzar la dimisión del gobernador Ricardo Roselló, con Ricky Martin o Residente. Para las elecciones de 2024, financió vallas publicitarias contra el Partido Nuevo Progresista (PNP) en las que se podía leer "Quien vota PNP no ama a Puerto Rico", o "Votar PNP es votar por la corrupción". Incluso, para esos mismos comicios, participó en una manifestación en el cierre de la campaña de la Alianza –coalición del Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana–. «Yo nunca voy a olvidar cómo aquéllos nos abandonaron durante el huracán [María]. Este 5 de noviembre, nosotros seremos la tormenta y no hay quien los salve a ellos», defendió en esa marcha por la isla.

«Él habla del colonialismo, él habla de la vuelta del control fiscal, él habla de la corrupción, él habla de los feminicidios de mujeres... Todo eso está en su música. Sobre todo, en su último disco, que está muy centrado en Puerto Rico. Y eso le ha permitido conectar con otras generaciones que no eran la suya. Mi madre tiene 81 años, escucha la lírica de este último disco y se siente conectada por esa nostalgia de lo que era el pasado y los tiempos mejores», apunta Sarah V. Platt, profesora de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, el mismo campus al que acudió aquel Antonio Benito Martínez Ocasio.

En octubre de 2018, esta docente presentó una ponencia en el Coloquio sobre hombres y masculinidades de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico titulada Cómo el fenómeno Bad Bunny está redefiniendo la masculinidad. Y el tiempo ha acabado dándole la razón. El reguetón –y también el trap latino– se ha enfrentado históricamente a críticas por la misoginia de sus letras. Con Bad Bunny eso ha cambiado. Solo de mí, uno de sus temas de 2018, ya abordaba el empoderamiento femenino frente al matrato. En el videoclip de Ella perrea sola, de 2020, en el que aparece convertido en mujer, hay dos luminosos en los que se lee «Ni una menos» y «Las mujeres mandan». Al final de ese vídeo aparece también un mensaje en rojo sobre un fondo negro: «Si no quiere bailar contigo, respeta. Ella perrea sola». Andrea, de su disco Un verano sin ti, de 2022, es la historia de Andrea Ruiz Costas, una mujer calcinada por un hombre cuyo cuerpo se encontró en la cuneta de una carretera pese a que había pedido hasta en dos ocasiones protección a las autoridades de Puerto Rico. Y eso explica también cuál es la audiencia a la que ha llegado el artista.

Según Charmetric, en diciembre de 2019, el 36,6% de su público era femenino. En enero de 2021, esa cifra estaba ya en el 48,9%, con un repunte de casi 10 puntos el día después de publicar Dákiti con Jhay Cortez –aún hoy es uno de sus temas más exitosos–. Y, desde enero de 2025, de forma ininterrumpida durante año y medio, Bad Bunny tiene más oyentes femeninas que masculinos. Hoy el 51,9% de su audiencia es femenina. «Muchos de sus temas políticos apelan a madres solteras o a mujeres que lideran sus familias. El tema de la resistencia al colonialismo, el trauma por los huracanes y los apagones... La mayoría de hogares acá son presididos por madres solas, y todo eso conecta con ellas», señala Sarah V. Platt.

Todo eso –a lo que también hay que sumar el uso de géneros tradicionales como la plena o la salsa en su último disco– hace que también su público haya cambiado. En 2019, la franja de edad entre los 18 y los 24 años suponía el 65,8% de quienes le escuchaban frente a un 19% de oyentes entre 25 y 34 años. Esa tendencia se ha ido modificando año a año hasta casi invertirse. Los oyentes han crecido al ritmo que lo hacía Bad Bunny y su público es hoy mucho más adulto que el de sus inicios. La franja de 18 a 24 ha bajado hasta el 43,8% y la de 25 a 34 se ha disparado hasta un 41,1%. Ambas están casi igualadas. «Mi sobrino es Mora, que colaboró con él, y siempre me ha dicho que es un genio, que puede llegar a quien él quiera. Lo que hacen los poetas es convocar a gente, ponerla a gozar y hacerla pensar de otra manera. Bad Bunny ha conseguido todo eso al mismo tiempo», destaca Juan Carlos Quintero-Herencia.

Sucedió mismamente en la Super Bowl. La audiencia era millonaria, el instrumento conductor del show era la fiesta y la celebración de ser latinos y el propósito pasaba por la protesta ante las políticas migratorias de Donald Trump. El ligero disfrute convertido en férreo mensaje. Ese hecho fue el que motivó la investigación de Elisa Alt, profesora asociada del King’s College de Londres, bajo el título Bad Bunny, the entrepreneur: Lessons from the Super Bowl halftime show on creating opportunities for positive social change, donde la docente brasileña expone por qué el cantante tiene muchas de las características que se le presuponen a un emprendedor. Concretamente, a uno social, que prioriza el impacto positivo de su trabajo sin olvidar lo económico.

«Esto surge a raíz de una discusión con alumnos por el Super Bowl, pero debemos ir más allá. Su residencia en Puerto Rico es un buen ejemplo de cómo se utiliza la imagen y la narrativa de su origen para contar una historia que tiene un impacto social y económico muy fuerte. Hay una teoría que enseñamos en clase, Effectuation: para tener éxito no empiezas a buscarlo con una fórmula, sino que vas aprovechando sorpresas y oportunidades desde dónde tú estás.

Ahora que es una estrella global con muchos recursos, puede hacer lo que quiere», explica esta docente. Plataformas como Chartmetric permiten ir más allá en la medición de Bad Bu

À surveiller

Perspective IA — des possibilités, pas des certitudes

  • Bad Bunny will continue to break streaming and sales records, solidifying his status as one of the most influential artists of all time.

    Très probable · Long terme

  • His influence will lead to more universities offering courses on his music and its socio-political impact.

    Probable · Moyen terme

  • Bad Bunny will remain a prominent voice in advocating for Puerto Rican rights and social justice issues.

    Très probable · Long terme

Questions ouvertes

  • What will be Bad Bunny's next major artistic or social initiative?
  • How will his continued global success impact the future of Latin music?
  • What are the long-term implications of his activism on Puerto Rican politics?
  • Will other artists follow his path in using music for social and political commentary?

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This article was originally published by El Mundo.

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