Cumbre de la OTAN en Ankara: Unidad Inesperada y el Giro de Trump hacia Ucrania
L'essentiel
- La cumbre de la OTAN en Ankara concluyó con una unidad inesperada, superando las amenazas de Trump, quien sorprendentemente bendijo los ataques ucranianos a Rusia y apoyó a Zelenski.
- Esto marca una transición hacia una Alianza más europea y canadiense, con Europa asumiendo mayor responsabilidad en su defensa.
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Pourquoi c'est important
La cumbre de la OTAN en Ankara concluyó con una unidad inesperada, superando las amenazas iniciales de Trump y marcando un giro en su postura hacia Ucrania. La Alianza se encamina hacia una mayor autonomía europea en defensa.
Todos regresaron contentos de Ankara. Incluso quienes llegaron enojados. Trump salió encantado por tanta unidad y tanto amor desplegados en la cumbre de la OTAN. Algo debe significar que 32 socios atlánticos hayan mantenido la civilizada pauta multilateralista y eludido la cruenta batalla que anunciaban las bravuconadas trumpistas. Incluso los países invitados por el anfitrión turco regresaron satisfechos a casa y quien más el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, tratado con deferencias de aliado atlántico por todos y especialmente por el presidente que le había humillado hace algo más de un año en la Casa Blanca.
Algunos pelos ha dejado en la gatera el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, como servicial gran chambelán del emperador, pero nadie le disputará el éxito de la cumbre. Ni una sola de las amenazas que pesaba sobre la reunión tuvo reflejo en los discursos y en el comunicado final. La brevedad de la sesión redujo al mínimo el tiempo para las salidas de tono y lo mismo sucedió con la equilibrada y matizada condensación de las conclusiones, donde estaba todo lo necesario y nada se coló del capítulo conflictivo, ni siquiera la cifra polémica del 5% de gasto en defensa.
Unas solemnes y reglamentarias palabras sobre “el compromiso inquebrantable” en la defensa colectiva encabezan el comunicado final, aunque apenas sirvan para despejar las dudas que levanta alguien tan imprevisible como Trump respecto a la solidaridad atlántica del artículo 5 del Tratado. A diferencia de anteriores cumbres anuales, por primera vez no hay convocatoria ni nominación del país donde se celebrará la próxima, un hecho que refuerza la incertidumbre, al menos sobre la intención de Trump de asistir a tal encuentro.
Superado el idilio con Putin, que culminó en Anchorage hace apenas un año, Trump ha señalado en Ankara al perdedor del momento. Es el ruso, no Zelenski, quien lleva el sambenito. Con la superioridad de quien se siente destinado a la victoria, estigmatiza a los desafortunados y se aleja de ellos como del diablo. Donald sabe reconocerlos a primera vista. Teme infectarse. De ahí su tozuda negativa a aceptar cualquier derrota. De ahí también el viraje exhibido respecto a Ucrania.
El territorio infinito de Rusia es ahora el blanco fácil e indefendible para los drones y misiles de largo alcance ucranios. Los ha bendecido Trump en su reunión con Zelenski como medio de presión para conseguir por la malas lo que él mismo no ha conseguido por las buenas, como es que Putin acepte el alto el fuego sobre la actual línea del frente. El 35% de la población rusa está afectado por el insuficiente suministro de petróleo provocado por los ataques ucranias a las refinarías.
Putin perdió la guerra relámpago en los primeros días, luego la naval en el Mar Negro, también la terrestre de desgaste con sus avances insignificantes a cambio de cuantiosas bajas, y ahora la aérea, equilibrada solo por los ataques masivos a las ciudades que facilitan las débiles defensas antiaéreas ucranias. Está perdiendo incluso la última baza del resto de empatía que todavía encontraba en Trump. Con los ataques aéreos a objetivos civiles reivindica la iniciativa que ya no está en sus manos. Ahora está entera en las de Zelenski, gratificado por Trump con la licencia de fabricación de los misiles Patriots y reconocido por la cumbre por su contribución a la seguridad de Europa.
No ha habido en Ankara nada parecido a la ruptura atlántica que algunos temían, sino más bien el inicio de una transición hacia una Alianza más europea y canadiense. No faltan incógnitas ni riesgos en un intervalo que precisará de Estados Unidos en inteligencia, logística, disuasión y munición, naturalmente previo pago de las facturas por los europeos. Sobre ellos recae a partir de ahora la responsabilidad política entera de la asistencia a Ucrania en su defensa ante Rusia, la obtención de un alto el fuego en buenas condiciones y las futuras garantías de seguridad que lo soporten. Durante la transición, Putin será más peligroso que nunca. Como está perdiendo, sus instintos provocadores le instigarán a poner a prueba la solidaridad atlántica con un ataque directo a alguno de sus vecinos.
Quedan apenas dos años y medio de margen, como a Trump en la Casa Blanca y a las fábricas ucranias de Patriots para estar a pleno rendimiento. Entonces Europa deberá tomar por entero su destino en sus manos, como clamaba sin éxito Angela Merkel hace una década cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Según Arancha González Laya, “invertir en defensa es invertir en nuestra forma de vida”. La exministra de Exteriores española ha recordado que “no podemos depender a largo plazo del humor del elector americano”. Después del éxito de Ankara, Europa no tiene más remedio que empezar a actuar como si ya estuviera sola, abandonada a su suerte.
À surveiller
Perspective IA — des possibilités, pas des certitudes
Europa asumirá plenamente su destino en defensa.
Probable · En quelques mois
Fábricas ucranianas de misiles Patriot alcanzarán pleno rendimiento.
Probable · En quelques mois
Questions ouvertes
- ¿Dónde se celebrará la próxima cumbre de la OTAN?
- ¿Asistirá Trump a la próxima cumbre de la OTAN?
- ¿Cómo gestionará Europa su nueva responsabilidad en defensa?



