El calor nocturno interrumpe el sueño y afecta la salud pública mundial
L'essentiel
- Las noches calurosas, exacerbadas por el cambio climático, están provocando una pérdida significativa de horas de sueño a nivel global, afectando la memoria, la estabilidad emocional y la regulación fisiológica.
- Expertos advierten sobre el aumento de irritabilidad, impulsividad y problemas cognitivos, especialmente en adultos mayores y niños.
Résumé généré par IA
Pourquoi c'est important
El cambio climático está provocando noches más calurosas, lo que dificulta el enfriamiento corporal necesario para un sueño reparador. Esto afecta la salud física y mental, y la capacidad cognitiva.
Despertarse en mitad de la noche, apartar la sábana con el pie, girar de un lado a otro en busca de un rincón más fresco del colchón. Esta molesta coreografía estival se ha convertido en un problema que avanza sobre la salud pública mundial. La falta de sueño no solo se vive en la piel, también se infiltra en la arquitectura íntima del cuerpo y desordena los sistemas que sostienen la memoria, la estabilidad emocional y la regulación fisiológica del organismo. El año pasado, España experimentó niveles históricos en la frecuencia e intensidad de las noches calurosas. Y para finales de siglo, las proyecciones apuntan a un escenario en el que, a nivel global, cada persona perderá más de 50 horas de descanso al año.
Lo normal es que, al anochecer, el cuerpo inicie un proceso de enfriamiento hacia zonas como brazos y pies mediante vasodilatación, lo que significa que transcurre más sangre por los vasos sanguíneos ―arterias, capilares y venas— para perder calor. Cuando la diferencia de temperatura entre el cuerpo y el ambiente no es suficiente, este proceso se desfasa. Celia García, neuróloga del Centro Integral de Sueño y Neurociencia, explica que cuando la habitación supera los 26 o 28 grados, la temperatura corporal controlada por el ritmo circadiano —algo así como el reloj del cuerpo— se altera.
“Las fases más afectadas son el sueño profundo o de ondas lentas y el sueño REM”, sostiene. Ambas desempeñan un papel esencial en la recuperación del organismo. La primera favorece la reparación física de tejidos y el fortalecimiento del sistema inmunitario; la segunda interviene desde la consolidación de la memoria hasta el aprendizaje. La melatonina, hormona estrella de este proceso para conciliar el buen dormir, no se fabrica de manera adecuada en el cerebro. Al día siguiente, la falta de energía es notoria como consecuencia de un descanso superficial y con microinterrupciones. “Las personas se sienten más cansadas que al acostarse”, agrega esta experta.
La mala calidad de sueño no solo se refleja en unas grandes ojeras. También deja huella en el estado emocional y cognitivo de las personas. María Ángeles Bonmatí, profesora e investigadora principal en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria, advierte que puede producir problemas afectivos. “Las personas están más irritables y presentan una mayor impulsividad. También disminuye la capacidad para razonar y tomar decisiones de manera adecuada”, asegura la autora del libro Que nada te quite el sueño (Editorial Crítica, 2023).
El impacto de las noches tropicales no afecta a todos por igual. Entre quienes más sufren sus efectos están los adultos mayores, cuya capacidad de vasodilatación disminuye; los niños; las mujeres embarazadas; los pacientes con diabetes o aquellos bajo tratamiento de fármacos que alteran la respuesta térmica del cuerpo. Las expertas advierten que una crisis de calor puede actuar como el “disparador” que inicia un círculo vicioso de ansiedad e insomnio, transformando un problema ambiental transitorio en un trastorno del sueño crónico.
En la búsqueda de alivio, muchas personas recurren a hábitos que terminan empeorando la situación. El alcohol, por ejemplo, aunque induce una falsa sedación inicial, fragmenta el sueño y deteriora aún más la termorregulación. O el uso indiscriminado de melatonina u otros hipnóticos sin supervisión. “Estas prácticas pueden enmascarar trastornos subyacentes”, enfatiza Bonmatí.
Para mitigar los efectos del cambio climático en el descanso, García recomienda mantener la habitación fresca con persianas y cortinas durante el día para bloquear la radiación solar, usar ropa transpirable y evitar dispositivos electrónicos. Estas medidas resultan relevantes si se tiene en cuenta que solo el 41% de las viviendas en España dispone de sistemas de climatización, según un análisis de Idealista de 2024. “El acceso a la climatización está trazando una línea en la calidad de vida por el coste de equipos y facturas eléctricas”, subraya García.
Las ciudades europeas no están preparadas
Europa se convierte en un laboratorio de cómo el calor erosiona la salud desde dentro. No solo sofoca las calles, sino que penetra en la intimidad del dormitorio. Un estudio de la revista Environment International realizado en 44 países reveló que el exceso de calor nocturno, medido tanto por intensidad como por duración, está asociado a un aumento significativo de muertes, con una geografía que evidencia las vulnerabilidades del sur del continente. En España, las ciudades más afectadas fueron Granada, Madrid y Córdoba.
Otra investigación de 2025 revela que ciudades como París o Londres tienen entre un 60% y un 75% de aumento en la probabilidad de sueño corto. En el contexto español, los datos para Madrid son críticos. La capital se posiciona en un nivel de “alta vulnerabilidad” junto a Atenas y Budapest. Por el contrario, en las principales ciudades de Estados Unidos o Australia, ese incremento se queda entre el 10% y el 30%.
À surveiller
Perspective IA — des possibilités, pas des certitudes
Pérdida de más de 50 horas de descanso anual por persona a nivel global para finales de siglo.
Spéculatif · En quelques années
Questions ouvertes
- ¿Qué medidas específicas se implementarán para mitigar el impacto?
- ¿Cómo evolucionará la tecnología de climatización?
- ¿Se desarrollarán políticas públicas para garantizar el acceso a la climatización?






