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Empresas españolas exploran la semana laboral de cuatro días
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El País Economía24/05/2026Business7 min de lectureSpain

Empresas españolas exploran la semana laboral de cuatro días

L'essentiel

  • Varias empresas españolas han adoptado con éxito la semana laboral de cuatro días sin reducción salarial, destacando beneficios como mayor productividad, satisfacción del personal y atracción de talento.
  • A pesar de los desafíos en coordinación, el modelo se considera una ventaja competitiva.

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“Va fenomenal. Pero fenomenal de verdad”, dice Arancha Solís, responsable de marketing de la empresa granadina Grupo Deluxe, dedicada a productos para el tratamiento de agua. Habla del modelo laboral que rige en su empresa desde la pandemia: concentra la jornada laboral en cuatro días en vez de en cinco. “Al principio teníamos dudas, no sabías por dónde iba a salir esto, pero el resultado es estupendo. Y la plantilla sabe lo extraordinario que es, que en otras empresas no se funciona así”, añade, en un discurso parecido al de Isidoro Martínez, responsable de la empresa tecnológica madrileña Tecalis: “Cuando respetas el tiempo de un profesional, este te devuelve el compromiso multiplicado. Es más creativo, más eficiente y se implica más porque siente que su empresa lo cuida“. ”Si hubiésemos visto que no funciona hubiéramos retrocedido, pero va bien y la gente está muy contenta. Para mí, la conciliación de mis empleados es fundamental”, agrega Daniel Magaz, de Toldos Porriño, de Pontevedra.

Los tres tienen cargos de responsabilidad en empresas que implantaron hace años la semana de cuatro días (sin merma de salario) y que captaron mucha atención en torno a 2022. Entonces, antes de que la conversación laboral girase en torno a la amenaza de la inteligencia artificial, la reducción del tiempo de trabajo copaba más titulares que ahora. Era el tiempo en que había trascendido el experimento de los cuatro días en empresas del Reino Unido y Nueva Zelanda y cuando, a petición de Más País, el Gobierno dio los primeros pasos para subvencionar el intento en empresas industriales. Joan Sanchis, autor del libro Cuatro días (Barlin Libros), recuerda que aquel fue el caldo de cultivo previo al acuerdo de PSOE y Sumar para reducir la jornada laboral ordinaria de 40 a 37 horas y media, iniciativa que descarriló el año pasado en el Congreso por el rechazo de PP, Vox y Junts.

“La jornada de cuatro días”, reflexiona Sanchis, “suscitó mucho interés a partir de la pandemia y de las reflexiones que surgieron entonces, cuando la salud mental y el trabajo remoto ganaron protagonismo. Esos debates han decaído últimamente, e incluso algunas empresas que los defendieron han pasado a reivindicar la presencialidad”.

No hay datos oficiales sobre cuántas empresas mantienen este modelo laboral en España, que tanto interés despertó tras la pandemia. Una de las compañías que lo implantó y lo mantiene es EMA Competición, un centro de formación de mecánica de motos. “Empezamos en 2019 al darnos cuenta de que teníamos muchos menos alumnos los viernes por las carreras del fin de semana. Decidimos concentrar las asignaturas de lunes a jueves”, recuerda Iliana del Barrio, una de las fundadoras de la compañía. Con la perspectiva del tiempo, dice que fue “un gran acierto”, ya que adaptaron su esquema laboral a sus necesidades operativas y, a la vez, ganaron “mucho en satisfacción del personal”. Trabajan 32 horas a la semana, sin recorte de salario respecto al que tenían antes.

En Toldos Porriño, donde trabajan 36 horas repartidas en cuatro días, subrayan que en su sector es difícil encontrar personal y que su esquema laboral es una ventaja en ese aspecto: “Todos los que nos dedicamos a temas manuales tenemos problemas para encontrar trabajadores. Mucha gente de la plantilla está desde siempre y los que han ido entrando no se marchan”. Una parte de su personal trabaja de lunes a jueves y otra de martes a viernes: “Tuve que contratar a más gente, pero sin duda ha merecido la pena”. En la tecnológica Tecalis también creen que la organización en cuatro días les pone en una mejor posición para atraer y retener plantilla. “Hoy el tiempo es el nuevo salario de lujo, especialmente en el sector tecnológico. Hemos eliminado una elección que antes era habitual: carrera profesional o vida personal. Y si obligas a alguien a elegir entre su familia y su trabajo, tarde o temprano perderás a esa persona”.

El responsable de esta empresa subraya otros beneficios asociados a concentrar las 37 horas de sus empleados en cuatro días: “Una mente descansada rinde más que una agotada trabajando por obligación. Esto genera un círculo virtuoso: más productividad y un absentismo prácticamente inexistente”. Pero, a la vez, reconoce que hay retos difíciles de gestionar. “Lo menos positivo es la coordinación. Trabajar en remoto y con este nivel de flexibilidad exige una organización muy cuidada para encajar agendas y asegurar la sincronización de equipos”.

Justo esos desafíos son los que, según el responsable de la agencia Good Rebels, Fernando Polo, desanimaban (y desaniman) a muchas compañías para tomar este camino. “Yo antes trabajaba en consultoría y me decían que este cambio era insostenible. Les explicaba que al cliente no le vendemos horas de trabajo, sino un resultado. Si eres suficientemente productivo y puedes darle esa felicidad al trabajador, ¿por qué no hacerlo?“, dice Polo, que alude a la importancia de la flexibilidad: ”Si un cliente quiere tener una reunión un viernes lo hacemos, pero se van acostumbrando a cómo funcionamos”. En Grupo Deluxe van más allá: “Los clientes ya se han acostumbrado y lo respetan. ¿Tú te enfadas porque un banco no abra por las tardes? Pues igual. El viernes no se trabaja”.

Cambios en algunas compañías

Algunas de las empresas pioneras en implantar la jornada de cuatro días han introducido cambios, en función de sus experiencias en estos años. Es el caso de los rocódromos Sputnik: empezaron con 36 horas repartidas en cuatro días (sin recorte de salario respecto a cuando se trabajaban 40), pero ahora alternan semanas de cinco días y de tres. “Así nos organizamos mejor y nos facilita que no siempre sean los mismos trabajadores los que se encargan de los fines de semana”, explica Fernando Hernández, consejero delegado de Sputnik. También alude a la fidelidad del personal que consiguen con este modelo, lo que redunda, dice, en un mejor servicio para el cliente: “A la gente le gusta ver que no cambias de personal cada dos por tres, que el empleado está feliz para rendir mejor”.

Una empresa que probó la jornada de cuatro días pero que la ha terminado aparcando es la agencia digital Estati.co. “El tiempo que estuvimos con la jornada de cuatro días, unos dos años, fue positivo. Redujimos las reuniones innecesarias y vimos que el ánimo de los trabajadores era muy bueno”, explica Jesús Blanco, responsable de la empresa. Pero llegó un momento en que, al especializarse en comercio electrónico, creció la necesidad de cubrir toda la semana laborable. “Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer demasiados malabarismos para seguir trabajando cuatro días, que como pyme se nos quedaba corto. En empresas más grandes entiendo que tienen más margen, pero para empresas pequeñas es más difícil”, agrega este empresario. Volvieron a los cinco días, “pero con muchísima libertad horaria, que cada uno se organice y concilie como le parezca”.

Estas reflexiones conectan con una de las grandes preocupaciones de Sanchis, profesor asociado de Economía Aplicada en la Universitat de València: “Es importante que la jornada de cuatro días no cause una intensificación de las tareas que acabe siendo contraproducente. La mejora de la productividad es clave, pero no a costa del estrés del trabajador. Debe haber un equilibrio”.

Polo, de Good Rebels, reconoce su “sorpresa” de que la jornada de cuatro días no sea más común: “Yo pensé que se iba a adoptar en más empresas, pero no está pasando. No sé si es un bloqueo mental o inseguridad de quienes deciden, al pensar que es irreversible. Eso nos inquietaba, nos hacía pensar que nos habíamos equivocado, pero los resultados nos demuestran lo contrario”. Martínez, de Tecalis, reconoce que el primer año “hubo mucho escepticismo y alguna que otra broma” de la competencia. “Muchas empresas siguen gestionando desde el control y la sospecha; nosotros lo hacemos desde la confianza plena. Cada vez será más difícil competir por talento sin ofrecer flexibilidad real”, añade Martínez.

Estas dos empresas, muy tecnologizadas, con empleo por tareas y que permiten el teletrabajo, lo tienen más fácil para implantar este tipo de modelos. “En sectores como el mío”, dice Magaz de Toldos Porriño, “es más difícil y por eso hay quien pensaba que no lo íbamos a poder mantener. Pero no hemos tenido ningún problema, al contrario. Me gusta innovar, porque antes trabajé en sectores en los que se echan muchas horas y no quería eso para mi empresa. Creo que el bienestar del trabajador es prioritario”.

Jornadas a menos, pero despacio

Según cálculos de CC OO a partir de microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA), la jornada media pactada viene cayendo en los últimos años, pero muy despacio y con una gran brecha entre asalariados públicos y privados. La de los empleados por empresas a jornada completa se situó en 2025 en 39,4 horas, frente a las 36,9 de los trabajadores de la Administración pública. Son dos horas y media de diferencia a la semana, media hora al día, en un cálculo que no toma en cuenta el recorte a 35 horas en la Administración General del Estado.

La estadística de convenios colectivos reduce las horas del empleo privado a 38,3, pero cabe destacar que esa cifra se basa en el promedio de esos pactos, mientras que la EPA también toma en cuenta a los trabajadores que no están protegidos por esos acuerdos entre sindicatos y patronales. De vuelta a la EPA, desde 2015 las horas pactadas se han contraído un 1,8% en lo público y la mitad en lo privado, un 0,9%.

Asimismo, el 85% de los asalariados a jornada completa del sector público tienen jornadas pactadas de 37 horas y media o menos, frente al 12% de los empleados por compañías privadas. Y, como un espejo, solo el 14% de los empleados públicos tienen jornadas de unas 40 horas, frente al 84% de los asalariados privados. Por sectores, las jornadas más largas del mercado privado se dan en la construcción (97% en torno a las 40 horas), con la educación (40%) en el otro lado de la balanza. Los docentes de la pública están en una situación aún mejor, con solo un 6% en torno a las 40 horas.

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