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Ferran Torres, el héroe que dio a España el Mundial en Nueva York
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La Vanguardiail y a 13 heuresSport4 min de lectureSpain

Ferran Torres, el héroe que dio a España el Mundial en Nueva York

L'essentiel

  • Ferran Torres emuló a Iniesta al marcar el gol decisivo para España contra Argentina en la final del Mundial en Nueva York.
  • Su gol en la prórroga, tras un torneo de concentración, aseguró el título para España, consolidando su lugar entre las grandes selecciones.

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Ferran Torres marcó el gol decisivo para España en la prórroga de la final del Mundial contra Argentina en el MetLife Stadium de Nueva York, emulando el gol de Iniesta en Sudáfrica 2010.

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De Iniesta a Ferran Torres. De Don Andrés al Senyor Ferran. De Fuentealbilla a Foios. De la bota derecha a la bota izquierda. Del Jabulani al Trionda. De Johannesburgo a Nueva York. De un jugador del Barça a otro futbolista blaugrana. La segunda parte de la prórroga volvió a ser roja. Aunque el genio manchego marcase vestido de azul. Buscaba un sucesor para la persona que cosió la primera estrella en el escudo y lo encontró en el delantero valenciano. Para siempre un hilo de oro les unirá. Tantas veces discutido pero él siempre termina por sacar la cabeza, por ser protagonista, por colarse en las portadas. La historia es suya. Ferran II, superstar.

Se desconoce si Ferran Torres tuvo tiempo de pasar por el área de picnic que hay justo debajo del puente George Washington en Nueva Jersey, justo al cruzar desde Nueva York. Allí fue donde el chaval protagonista de la película Big encuentra la máquina Zoltar a la que le pide su deseo. Contra todo pronóstico, el aparato resultó que hizo la magia. A la mañana siguiente, el cuerpo le crece y tiene la apariencia de un joven con edad de trabajar y triunfar.

Ferran también se hizo grande. La ciudad de los rascacielos fue propicia para un Torres. Se le vio incisivo desde que entró en el campo por Oyarzabal. Mordía con la dentellada de Tiburón. Tenía esa mirada que se le pone al atacante, que venía de conseguir 21 goles con el Barça. Rodeado de otros cinco compañeros del equipo blaugrana, se sintió como en casa.

Su torneo arrancó con el larguero contra Cabo Verde y Vozinha el 15 de junio. Nadie se acordará porque un mes y cuatro días después dio la gloria a España contra Argentina y Dibu Martínez, el mejor de la albiceleste. No es como se empieza sino como se acaba. Y el último en reír fue Ferran. Nada será igual para él. Iniesta tenía 26 años cuando marcó en Sudáfrica. De toda la plantilla solo hay dos futbolistas con esa edad: Pedro Porro, un defensa, y Ferran Torres, en el que recayó el papel de héroe justiciero sin máscara.

Ferran ha sido durante todo el torneo como un asceta. Se ha aislado como un ermitaño que se aparta del mundanal ruido. Como un monje que hace casi un voto de silencio. No ha dado entrevistas, no ha querido despistarse. Porque se decían cosas de su futuro y él no quería intromisiones durante el Mundial. Estaba concentrándose, visualizando su gran aparición, focalizándose en su momento. Pocos con su mentalidad, con un coco tan fuerte.

A veces parece que viva en Gotham pero siempre ve la luz. El delantero solo fue titular el primer partido pero ha jugado los otros siete. Es un tipo de confianza de De la Fuente, porque siempre responde. Se estaba reservando su primer gol para la final. No pudo de cabeza porque su remate lo paró el Dibu ni tampoco con la derecha porque no enganchó bien el disparo. A la tercera no perdonó. Nico Williams descolgó una pelota en el segundo palo y la volvió a meter en el corazón del área. Nadie de la defensa argentina pensó en esa solución. Pero ahí estaba Ferran que sabía que no podía controlar y cargó la pierna izquierda de primeras. Un disparo con el alma, como en la jugada de hace 16 años, Ferran no chutó solo. Había ahí depositadas muchas esperanzas. Y en cuanto la pelota salió despedida se vio que en esa estela había polvo de estrellas, del que lleva la magia. Un gol que vale una carrera. Un gol que cambia muchas vidas. La de los 26 campeones, seguro, pero muchas más.

A Messi todo lo salió mal. Primero se lesionó Lisandro, después se rompió Romero, casi en el minuto 90 Enzo Fernández se hizo expulsar en un acción totalmente innecesaria. Eso le hizo jugar toda la prórroga con un jugador menos y sin Lautaro, que no pudo entrar, y casi sin Julián, que tuvo que salir.

En el palco los héroes del 2010 saltaron y se abrazaron. Iniesta, Casillas, Puyol, Ramos, Villa, Jesús Navas o Fernando Llorente no pudieron contenerse de la alegría. Ya tienen acompañantes en el Olimpo del fútbol español.

El último que tocó la pelota en el MetLife Stadium no pudo ser otro que Ferran. Fue un despeje dirigido hacia la izquierda para que corriese Lamine Yamal. Era alejar el peligro. Era dejar a Argentina sin su última vida. Entonces Vincic pitó el final. Era oficial. Ya no se escapaba. El título tenía un dueño para los próximos cuatro años.

Cogió el micrófono y lo gritó bien claro y fuerte: “Españoles, somos campeones del mundo”, se oyó por los diez altavoces gigantes colgados sobre el césped. Pero seguro que la frase se oyó 5.800 kilómetros en España, que estaba de celebración.

La selección volvía a ser la mejor del planeta fútbol. Después de eliminar a las dos últimas campeonas, que eran también las dos últimas finalistas. España ya tiene más Mundiales que Inglaterra, inventores, derrotados en la final de la Eurocopa pasada, y los mismos que Francia y Uruguay. España ya está entre las grandes. Uno de los tres anfitriones del Mundial 2030 será el campeón vigente, el equipo reinante. Gracias a Ferran II.

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