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José María Álvarez del Manzano: "No me arrepiento de nada, pero sufrí mucho con ETA"
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José María Álvarez del Manzano: "No me arrepiento de nada, pero sufrí mucho con ETA"

L'essentiel

  • José María Álvarez del Manzano, exalcalde de Madrid, reflexiona sobre su mandato (1991-2003), destacando la creación del SAMUR y la mejora de infraestructuras.
  • Lamenta el sufrimiento causado por ETA y critica la gestión de Tierno Galván y Carmena, aunque valora la de Almeida.
  • Aboga por la gestión local y la honestidad política.

Résumé généré par IA

Pourquoi c'est important

José María Álvarez del Manzano fue alcalde de Madrid entre 1991 y 2003, liderando el Partido Popular. La entrevista repasa su gestión, sus logros y los desafíos que enfrentó.

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«Si lo sé no me corto el pelo», bromea José María Álvarez del Manzano (Sevilla, 1937), coqueto, al pedirle que pose ante la cámara para ilustrar la entrevista con GRAN MADRID. La cita es en la sede de Cremades & Calvo Sotelo, donde trabaja como socio y mantiene su cabeza en orden. Responde sin titubeos, fruto de una privilegiada memoria que sortea, como si tal cosa, las arrugas de su DNI.

Sea sincero, ¿ha dejado alguna vez de sentirse alcalde?

No, nunca. Creo que imprime carácter. Amablemente, la gente me sigue llamando alcalde por la calle y yo lo agradezco mucho. Incluso diría que, sin querer, sigo paseando por la ciudad con ojos de alcalde.

¿Entraba en sus planes manejar el timón de Madrid? ¿Se sueña con eso?

La verdad es que nunca pensé en el Ayuntamiento de Madrid hasta que me encontré encabezando una lista tras pasar por UCD y el PDP (Partido Demócrata Popular). Fue Manuel Fraga el que dijo que yo debía ser el candidato de Alianza Popular y resultó un camino muy inesperado. Hay un libro no autorizado sobre mí donde se dice que yo soñaba con la alcaldía. Pero nunca fue mi sueño.

¿De qué se siente más orgulloso de su etapa como alcalde?

De haber creado el Samur. Es una institución que no existía y que salva muchas vidas. Con el concejal Simón Viñals y José Luis Gilarranz hicimos posible una institución que, por ejemplo, acabó copiando París.

También fue de hacer obras. ¿Cuál es su favorita?

Sin duda, la de la plaza de Oriente, a la que liberamos de tráfico, ya que la calle Bailén estaba entonces llena de autobuses turísticos. Conseguí soterrar aquello para que fuera una plaza maravillosa, dando todo el protagonismo al Palacio Real y al Teatro de la Ópera.

Bueno, también el primer túnel que hice, y que dio una nueva salida a Vallecas, pasando por debajo de las vías del tren. Para mí fue una de las obras más importantes porque toda mi ilusión era equilibrar los barrios de Madrid, que no hubiera barrios de segunda respecto a los de primera

Algún pecado habrá cometido.

Supongo que habré hecho muchas cosas mal, pero no recuerdo nada en especial. Sin duda, lo peor de mi etapa fue que pasé muy mala racha con la ETA. Mataron a mucha gente en Madrid y sufrí mucho. Llegaba a los sitios el primero y la gente me increpaba. Vi nacer a ETA cuando estuve destinado en Bilbao y me tocó sufrir mucho porque todos los días tenías que ir a un funeral.

¿Se parece el Madrid que usted dejó en 2003 a este? ¿Reconoce la ciudad?

Claro. Ha mejorado enormemente y se ha hecho más grande. Nosotros empezamos a hacer posible que se conociera más en el mundo con ese intento de tener unos Juegos Olímpicos, el refuerzo de infraestructuras, los nuevos pabellones de Ifema... Eso ha hecho que Madrid haya evolucionado y que, a mi juicio, sea un Madrid mejor que el que yo soñaba. Aquel Madrid estaba un poco amortiguado y brillaba más Barcelona. Mi idea es que ese esplendor estuviera aquí. Y eso está ocurriendo hoy.

Es usted el alcalde de la democracia que más tiempo ha gobernado -de 1991 a 2003- en Madrid.

Y siempre con mayoría absoluta.

Ahora Almeida tiene en su mano igualar su registro. ¿Le inquieta?

Almeida es un buen alcalde y deseo que repita. Pero no podrá igualar mis tres mayorías absolutas [ríe].

Le ha costado tomar la decisión de presentarse por tercera vez. ¿Le ha dado usted algún consejo?

Le he dicho que en estos momentos es necesario que se quede en Madrid.

Pero siempre existe el riesgo de cometer algún borrón...

Yo también corrí ese riesgo. Me quise ir a los ocho años y Aznar no me dejó. Yo era libre, claro, pero Aznar me pidió que siguiera y le dije: «De acuerdo, sigo otra legislatura más. Pero será la última». No quería estar más de 12 años y así lo hice. Cuando la gente me decía que me quedase, me fui.

En ocasiones se ha dicho que usted se quedó con ganas de seguir.

Ya pedí irme cuatro años antes. Considero que en cargos con esta importancia y tensión no se puede estar mucho tiempo. Yo ya había avisado al partido de que me iba, independientemente de lo que ocurriera.

Este año se han conmemorado los 40 años de la muerte de Tierno Galván. ¿Cómo era su relación con él?

Yo fui el jefe de la oposición a Tierno Galván. Y llegó un momento que a mí me parecía que no estaba atento a los problemas que tenía el Ayuntamiento, hasta tal punto de que le pedí públicamente su dimisión. Me parecía que estaba dedicado más a otras cosas. Era un tío muy culto, hizo unos bandos fantásticos y sin embargo creo que no se centraba en lo que era la gestión municipal.

¿Se ha magnificado su figura?

Era una persona muy culta y muy buena, pero no cumplía con lo que yo entendía que era la gestión municipal. Lo digo con honestidad. Barranco sí fue importante en su gestión.

Sorprendió no verle en el homenaje a Tierno que hubo en mayo.

Te he contado la verdad. Yo le dije a Juan Barranco, con el que me llevo muy bien: «Mira, Juan, si voy tengo que contar la verdad y recordar que yo pedí su dimisión. ¿Por que vamos a fastidiar el homenaje? Más vale que no vaya». Lo que no puedo decir, porque sería un hipócrita, es que me parecía muy bien lo que hizo. Toda la gente diría que no soy el mismo de antes y eso no es así.

Se lleva bien con Barranco, pero fue usted fue un poco su bestia negra a nivel político.

Si lo dice por aquella moción de censura -el 29 de junio de 1989, por la que Rodríguez Sahagún (CDS) acabó de alcalde y él de teniente de alcalde-, yo estuve en contra. No quise hacerla porque no me gusta nada que se deponga a un político así. Tiene que haber unas causas muy graves, y a mí me parecía que aquella moción que se articuló entre Adolfo Suárez y Fraga no las tenía. No estaba de acuerdo, pero lo decidieron los dos partidos (PP y CDS) y salió adelante.

Desde entonces no ha vuelto a gobernar aquí el PSOE. ¿Por qué?

Porque, independientemente de todo, se ha hecho una buena gestión desde entonces. Sólo ha habido un paréntesis que fue el de Carmena.

¿Qué opina de ella?

Que tampoco cumplió las expectativas de gestión. Le pasó un poco lo que a Tierno Galván. Una persona importante, con fuerza... Y, sin embargo, la gestión municipal no fue buena. Eso hizo que volviera otra vez el PP. Alberto Ruiz-Gallardón hizo una buena gestión, la continuó Ana Botella y Almeida lo ha hecho muy bien a lo largo de estos años. Fíjate que más que de política hablamos de gestión. En el plano local hay que hablar de gestión, hay que hablar de resolver el problema de los ciudadanos.

¿Se considera mejor gestor que político?

Sí, sí.

¿No le gusta la política?

Regular.

Explíquese.

La política me gusta regular y los partidos muy poco. Siempre he sido muy independiente, aun dentro de la disciplina de un partido. Estar enjaretado dentro de un sistema me asfixia un poquito. Pero lo acepto porque creo que es el único sistema para poderse organizar en política.

Usted ha visto y vivido muchas cosas en política, ¿pero recuerda algo parecido a lo que está hoy salpicando al PSOE y al Gobierno?

La corrupción es un mal que enturbia la política. Hay una política blanca, que se dedica al interés público, y luego está la de los que viven de ella. Los que se aprovechan de ella para un beneficio propio. Esa política que en algunas ocasiones ha existido también en nuestro partido, ahora se ha desarrollado de modo muy notable y perjudica la imagen del político. Hoy está mal considerado y es una pena porque es necesario que alguien haga política. La gente se decepciona. Eso de que de pronto 21 imputados, el otro día que si las joyas... Es necesaria la política y hay necesidad de políticos honestos.

¿Era más sana la política de antes?

Mira, yo monté el G-7 donde estaban los alcaldes de Sevilla, Zaragoza, Valencia, Bilbao, Barcelona, Palma de Mallorca y Madrid. Éramos de distintos partidos políticos y nos poníamos de acuerdo sobre lo que teníamos que hacer en nuestras ciudades. Y funcionaba también como presión al Gobierno.

Eso hoy resulta impensable.

Impensable. Fíjate que Azkuna era del PNV, Rita era nuestra y Maragall, del PSOE. Nos reuníamos y nos entendíamos. Igual que yo me entendía muy bien con Barranco cuando era su opositor y luego alcalde. También con Tierno. Éramos adversarios políticos, pero no enemigos. Comíamos y viajábamos juntos. Nos respetábamos personalmente aunque teníamos ideas distintas.

O sea, que para usted los muros de la política actual...

No entiendo el planteamiento de carácter personal que existe. Esa es la parte negra de la política que a mí no me gusta. A mí me gusta la parte blanca, esa que te permite debatir con el adversario y si te convence, pues de acuerdo. Y si no te convence, tiras palante. Pero no denigrar al adversario.

Retornemos a la capital. Las obras, la limpieza, el tráfico... ¿Le suenan esos problemillas?

Una ciudad que no tenga obras es una ciudad muerta. Necesita vitalidad. Recuerdo aquellas palabras del actor Danny DeVito sobre mis obras: «Hay que preguntarle al alcalde qué tesoro está buscando». Y en cuanto a la limpieza, es esencial como la casa propia. Y para que la casa esté limpia hacen falta dos cosas: limpiar bien y no ensuciar. Es clave una campaña constante de que los madrileños deben cuidar a su ciudad.

Cosas del destino, es su yerno, Borja Carabante, quien está ahora al frente del Urbanismo y, también, el que ha jubilado el Plan de Ordenación Urbana que usted implementó en 1997.

Bueno, no lo ha jubilado. No se han atrevido...

¿Qué quiere decir?

Una de las cosas más importantes que hice fue el plan de urbanismo. A mí me mandó una carta Juan de Arespacochaga -alcalde entre 1976 y 1978-, que estaba todavía vivo, que decía: «José María, solamente con el plan de urbanismo que has hecho justificas la Alcaldía». Fue tan bueno que permitió ensanchar Madrid. En mi época se crearon los barrios de Montecarmelo, Sanchinarro, Las Tablas y Arroyofresno. Hicimos el PAU de Carabanchel. ¡Dios mío! Y el plan de los cuarteles militares que 30 años después todavía está sin desarrollar. Ese plan de urbanismo se ha ido rectificado, pero su estructura sigue igual.

¿Habla de estas cosas con su yerno?

Hablamos poco. Yo le doy mi opinión de vez en cuando si me la pide.

¿Y él toma nota?

Yo creo que en algunas ocasiones sí y en otras no [ríe].

Ha mencionado la Operación Campamento, que ahora vuelve a estar de nuevamente de actualidad.

Sí, la firmé yo con Federico Trillo siendo ministro y la ratificó Alberto Ruiz-Gallardón con Bono. Pero no se ha hecho nada de todo esto

¿Cómo es posible que esté tardando tanto en despegar?

A mí no me lo cuente. Yo lo dejé como lo dejé...

¿No se lo explica tampoco?

Es que no tiene fácil explicación. Y más necesitando vivienda. ¿Por qué no se ha desarrollado? No lo sé. Ha ocurrido algo similar que con la operación de Madrid Nuevo Norte, donde se ha alterado su sustancia inicial.

Pero algún motivo habrá, ¿no?

Pues un mal entendimiento entre las administraciones. La socialista del Estado ha paralizado mucho.

Es obligado preguntarle por los Juegos Olímpicos. ¿Qué cree que le faltó a Madrid para que fuera sede?

Nada. Podíamos haber conseguido esos Juegos. En Singapur estábamos cinco. Francia, que quedó de las primeras de cambio y Moscú que cayó. Quedamos Estados Unidos, Londres y Madrid y Estados Unidos nos dijo que nos iba a votar. Yo hablé con el alcalde de entonces y fue lo que pactamos. Pero eso no ocurrió. La gente creyó que perdimos porque el entonces príncipe de Mónaco dijo que Madrid no era una ciudad segura. Pero no fue por eso, sino porque los Estados Unidos cambiaron su voto.

¿Quizá son hoy menos necesarios para Madrid que entonces?

Yo le he dicho a Almeida que debe insistir con los Juegos Olímpicos.

Pues no parece que le esté haciendo demasiado caso...

Pero debe insistir. Madrid se merece unos Juegos. Gallardón lo intentó también, pero no hubo suerte. Hay que insistir. La vida consiste en eso.

Hubo algo de envidia sana con Barcelona por aquellos Juegos de 1992.

Un poco de envidia sana sí que tuve. Apoyé sus Juegos Olímpicos y, 20 años después, pensé que había llegado el momento de que Madrid presentara su candidatura. Samaranch -presidente del COI- y Goyeneche -Comité Olímpico Español- me dijeron que hacían falta más infraestructuras y grandes acontecimientos deportivos. Por eso traje el Open de Madrid, impulsé la Caja Mágica, amplié IFEMA y aumenté las plazas hoteleras. IFEMA ha sido un punto absolutamente esencial para el desarrollo de Madrid».

Lo que sí ha llegado finalmente es la Fórmula 1. Y en Ifema, que usted presidió 24 años. ¿Qué le parece?

Que es un ensayo extraordinario y cuajará. Es un elemento muy importante para seguir poniendo a la capital en el mapa mundial. Madrid es hoy una de las cinco ciudades más importantes del mundo y de mejor calidad de vida. Los madrileños desconocen que viven en una de las ciudades más importantes del mundo.

Lo que no todo el mundo sabe es que usted fue compañero de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, en UCD.

Sí, estábamos en la lista de José Luis Álvarez y fíjate si era buena que Florentino iba el 14.

¿Cómo era aquel Florentino?

Un tío fenomenal. Había sido delegado de Saneamiento del Ayuntamiento e hizo el primer plan de saneamiento. Yo estaba en Hacienda y nos entendíamos. Era muy listo y alguna vez hasta me engañó [ríe].

Por cierto, ya que hablamos de listas, ¿está dispuesto a cerrar otra vez la de Almeida, como en 2019 y 2023?

Hombre, yo no creo que Almeida sea tan loco como para pedírmelo de nuevo. Pero no le voy a negar esa posibilidad si lo hiciera.

Y para rematar, ¿cuál es su lugar favorito de Madrid?

La esquina del Paseo Pintor Rosales, esquina con la calle Altamirano. Allí es donde desarrollé mi infancia. Donde nos reuníamos las pandillas. Allí fue donde tuve los primeros amigos. Mis padres me trajeron a Madrid con tres años y vivíamos en ese rincón de la ciudad donde empezamos a tener los amigos. Allí jugábamos pintando las metas de tiza para las carreras ciclistas con chapas. Jugábamos al fútbol en mitad de la calle. Entonces, cuando pasaba un coche, le silbábamos porque nos cortaba el partido de fútbol que teníamos en marcha. Era otro Madrid.

Questions ouvertes

  • ¿Por qué la Operación Campamento y Madrid Nuevo Norte se han retrasado tanto?
  • ¿Qué factores específicos llevaron a la pérdida de los Juegos Olímpicos de Madrid?

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This article was originally published by El Mundo.

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