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La Odisea de Christopher Nolan: reinterpretación moderna del mito homérico y debate cultural
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La Vanguardiail y a 6 heuresCulture5 min de lectureSpain

La Odisea de Christopher Nolan: reinterpretación moderna del mito homérico y debate cultural

Un análisis sobre cómo la adaptación cinematográfica entrelaza los valores occidentales con los dilemas contemporáneos, generando controversias políticas.

L'essentiel

La adaptación cinematográfica de La Odisea por Christopher Nolan reinventa a Ulises como un héroe moderno atormentado por la culpa y la moralidad de la guerra, desatando debates sobre valores contemporáneos y guerras culturales.

Résumé généré par IA

Pourquoi c'est important

La poesía épica de Homero relata grandes historias de heroísmo y sufrimiento, las cuales han sido reinterpretadas a lo largo de la historia por diversos autores y directores.

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La poesía épica de Homero –la Ilíada y la Odisea – es un relato majestuoso en el tiempo y el espacio, una historia de extraordinaria grandeza, heroísmo, destino, mortalidad humana, honor y sufrimiento. Pasa de lo grandioso –el choque de ejércitos y la intervención de dioses– a lo dolorosamente íntimo: un padre llorando la pérdida de su hijo, una esposa esperando a su marido, un guerrero confrontando la muerte. El heroísmo y la fama son elementos centrales. Aquiles los encarna de la forma más cruda: elige a sabiendas una vida corta con fama inmortal en vez de una larga y en sombras.

En una de las mejores obras de crítica literaria jamás escritas, Mímesis , Erich Auerbach traza una línea divisoria entre el estilo poético de Homero y el de la Biblia. La Biblia no dice nada del viaje de tres días de Abraham al monte de Moria para sacrificar a su hijo por mandato de Dios (Génesis 22:1-19), un viaje que debió de ser una odisea de tormentos y sufrimientos inconmensurables; Aristóteles, quien en su Poética redujo las aventuras de Ulises a “un viaje azotado por la tormenta”, fue, en ese sentido, más “bíblico” que homérico. Para el Dios de Abraham, lo que importaba era la sumisión al mandato divino al final del viaje, y no tanto la crisis de conciencia que lo precedió. Del mismo modo, en el Ulises de Aristóteles, la preocupación central es el objetivo final del viaje: resolver la crisis que la larga ausencia de Ulises ha provocado en su ciudad, cuyas instituciones políticas se están derrumbando; su esposa, Penélope, está asediada por los pretendientes; y su joven hijo, Telémaco, se esfuerza por estar a la altura de la gran reputación del padre al que nunca ha conocido.

El Ulises de Christopher Nolan, en su oscura y formidable película, no es bajo ese nombre ni el de Homero ni el bíblico-aristotélico. Es un héroe de nuestros propios tiempos, un héroe terrenal, moderno y con el que identificarse. Tanto es así que ha dado pie a la extravagante interpretación de que, al obviar lo que la reconocida clasicista Mary Beard definió como la “sensualidad esquiva” de Homero, extirpando las escenas sexuales del poema y restando poder erótico a sus personajes femeninos, la película de Nolan es un reflejo del decreciente interés de la Generación Z por el sexo. Lo más probable es que, al omitir el romance de Odiseo con Circe y convertir a Calipso en una moderna terapeuta de playa que trata a su paciente con flores de loto, Nolan tomara la decisión deliberada de enfatizar la profundidad psicológica y el desarrollo de los personajes frente al contenido sexual explícito.

Una buena razón para que Elon Musk desestimara la película por sus supuestas decisiones woke , como la elección de la actriz negra Lupita Nyong’o como Helena de Troya y del actor transgénero Elliot Page como el guerrero Sinón. Musk avivó con regocijo las guerras culturales al acusar a Nolan de “profanar a Homero” y al afirmar que La Odisea formaba parte de un plan de la izquierda para “destruir la civilización occidental y todo lo que contribuyó a crearla”.

Esto es, por supuesto, una tontería. El Ulises de Nolan trata de entrelazar los valores occidentales y los dilemas contemporáneos, cuestiones de identidad, guerra y paz, crimen y culpa, sexo y abstinencia, sobre la trama de un poema épico griego. En la película de Nolan, Ulises está presente en todas partes. Para transmitir las crisis de nuestra época, Nolan necesitaba un Ulises atormentado y consumido por la culpa; otro Oppenheimer, el angustiado héroe de una película anterior de Nolan, que lucha de manera agónica con su conciencia por haber desafiado a los dioses, o incluso por intentar sustituirlos (“Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, dice Oppenheimer). El Ulises retratado en la película, explicó Nolan en una entrevista, “está moralmente horrorizado por la guerra”. Esto supuso imponerle valores completamente ajenos a las aventuras de Ulises. Y es que, en la versión de Homero, la guerra es siempre una empresa normal y potencialmente gloriosa.

Nolan optó por situar en el centro de su película la lucha del hombre contra los dioses y el castigo por su rebeldía o, lo que es lo mismo, la cuestión de si estamos o no sujetos a un código moral. Para Homero, en la genialidad estratégica del caballo de Troya, Ulises es un héroe por aprovecharse de la veneración que Troya profesa a los mismos dioses a los que él rinde culto para teñir de rojo las calles de la ciudad con sangre. Para Nolan, es un alma que necesita redención, esencialmente un criminal de guerra, que solo puede redimirse mediante la confesión y la penitencia, no mediante el desafío. Entre la época de Homero y la nuestra se produjo una revolución en los valores civilizacionales, un cambio radical incluso de lo que la civilización significa. Helena de Troya, en la Odisea de Nolan, es solo una excusa para una guerra lanzada con el fin de dominar las rutas comerciales. Pregúntenselo a Trump y a los iraníes en el enfrentamiento por el estrecho de Ormuz.

Nolan hace que su Ulises sufra por sus violaciones del orden moral. No fue la “victoria” lo que resume la historia de Troya, sino la ruina que la guerra trajo consigo por todas partes: Agamenón, el rey que desencadenó la guerra, fue degollado por su esposa; Troya queda destruida; Ítaca, la patria de Ulises, es invadida por pretendientes que buscan a su esposa y planean asesinar a su hijo en su empeño. Ulises y sus hombres no luchaban contra los bárbaros; ellos eran los bárbaros. Y sus acciones condujeron a más barbarie. No debería haber piedad para los hombres de Ulises, y Circe los transforma en cerdos, porque “¡violaron y saquearon por todo el mundo por tu culpa! Soldados asquerosos con el estómago vacío y la sangre en ebullición. ¡Míralos y reconoce a tus propios hombres!”.

El Ulises de Nolan plantea cuestiones morales que son centrales para las matanzas de nuestro tiempo, como las guerras en Gaza y Ucrania: ¿qué es una guerra justa y qué límites debemos respetar con nuestros enemigos? ¿Qué transgresiones merecen el castigo definitivo? ¿Y quién, al final, determina el conjunto de valores comunes de la civilización? La verdad central de la película es que las personas irreflexivas deben pagar por sus pecados, y desafiar a los dioses —es decir, romper el código moral— es un crimen dostoievskiano que llenará de remordimiento al autor, y la redención solo llegará a través del sufrimiento y la aceptación de la responsabilidad moral. La cabeza rota de Atenea es un símbolo del pecado de Ulises, no un signo de su triunfo sobre lo divino. Al igual que en el espíritu oscuro de su anterior Oppenheimer, el Ulises de Nolan se verá atormentado hasta el final de sus días por la idea de que sus acciones pueden conducir al fin de la civilización.

Questions ouvertes

  • ¿Cómo afectarán las decisiones de casting a la taquilla de la película?
  • ¿Cuál será la recepción general del público ante la visión moral de Nolan?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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