Lo peor que se le puede hacer a una pareja no es la infidelidad
Un análisis sobre la importancia del cuidado en la enfermedad frente a la fidelidad conyugal.
L'essentiel
- El artículo argumenta que no cuidar a la pareja durante una enfermedad es peor que la infidelidad, basándose en la tesis de la autora y un tuit viral.
- Se relatan experiencias de mujeres que no recibieron apoyo de sus parejas en momentos de vulnerabilidad, destacando la magnitud de esta realidad y la perspectiva de género en el cuidado.
Résumé généré par IA
Pourquoi c'est important
La autora defiende que no cuidar a la pareja durante una enfermedad es el peor daño posible, una tesis reforzada por un tuit viral sobre quién cuida a las personas solas y las respuestas de mujeres casadas sin apoyo.
He defendido a menudo que la infidelidad no es lo peor que se le puede hacer a una pareja. No es bonita, no está bien, no es esto ni mucho menos una apología de la infidelidad. Pero convertirla en el chivo expiatorio de los males conyugales lleva a una trampa mortal, la de concentrar la virtud de la pareja en la fidelidad. Es decir, alegar “mi marido es un buen hombre porque me es fiel”, de modo que mientras te es fiel puede ser en realidad una mierda de persona pero eh, es un buen hombre.
He contado esto en tantas conversaciones y sobremesas que una vez me preguntaron de vuelta: entonces, ¿qué es lo peor que se le puede hacer a una pareja? En el momento suspiré y me quedé dándole vueltas a mi bebida con la pajita pero, en sucesivas observaciones, he llegado al fin a una respuesta: lo peor que se le puede hacer a una pareja es no cuidarla cuando está enferma. Y es que lo peor que se le puede hacer a una pareja es, en realidad, lo peor que se le puede hacer a cualquier ser humano.
Recordé esta, mi gran tesis amorosa, al toparme con un tuit de hace unos meses que decía: “Personas solteras que viven solas, ¿quién te cuida cuando estás enfermo?“. Se lo pregunta @Marcela252016 y, en el momento en que escribo esto, el tuit tiene más de tres millones de visualizaciones. Basta con echar un rápido vistazo a las respuestas y los citados para que se le parta a una el corazón. No sé cuantísimas mujeres relatan cómo pasaron por una operación, un posoperatorio, una cesárea, un posparto, un embarazo de riesgo o sencillamente una santísima gripe, y sus maridos o novios, esos hombres con los que habían firmado un contrato, comprado una casa o procreado, no estuvieron allí para cuidarlas. A ver si la pregunta no ha de ser: ”¿Quién cuida a las mujeres casadas cuando están enfermas?“.
El tuit, desgraciadamente, sólo me confirma la magnitud de una realidad que no tengo que imaginarme. Tengo una amiga que, cuando salía del dormitorio tras tres días de gripe, tenía que recoger la batalla campal en que se había convertido su apartamento, todavía moqueando y en pijama. Tengo una amiga cuyo marido le dijo en la sala de espera de un hospital, el día antes de entrar a quirófano, que “dejara de quejarse” cuando ella expresó su nerviosismo. Tengo una amiga a la que le dio vergüenza preguntarle al médico “¿podré conducir yo después de la intervención?“. Tengo una amiga que, ante la necesidad de ir a urgencias en mitad de la noche tuvo que escuchar un ”¿Quieres que te acompañe?” (¿Quiero? No sé José Luis, ¿quieres tú?). Tengo una amiga que, cuando tenía 40 de fiebre, sus días eran exactamente iguales al resto de días, pero con 40 de fiebre. Tengo una amiga cuyo marido salió a comer y cenar por ahí todos los días de la semana de su posoperatorio. Tengo, como veis, muchas amigas.
La perspectiva de género no me la invento yo. Son muchos los estudios (por mencionar uno, el análisis del Fred Hutchinson Cancer Research Center) que señalan que las mujeres tienen hasta seis veces más posibilidades de divorciarse tras un diagnóstico de cáncer que los hombres.
A mí al lado de esto, que uno se dé un magreo inopinado cuando no procede, porque la vida es ancha y larga y complicada, me parece cuando menos una tontería.
Claro que, así planteado, pareciera que la infidelidad y la falta de cuidados fueran cosas excluyentes. Por supuesto, nada más lejos de la realidad. Hay hombres infieles a los que se puede perdonar o no; hay hombres que no te cuidan, y que son imperdonables; y hay hombres que hacen pleno al quince y no te preparan la cena porque están cenando con otra: esos son los extraordinarios.
Questions ouvertes
- ¿Cómo pueden las parejas mejorar el apoyo mutuo en la enfermedad?
- ¿Qué factores contribuyen a la falta de cuidado masculino en estas situaciones?
- ¿Existen iniciativas para abordar esta disparidad de género en el cuidado?





