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Rusia bombardea Kyiv con ferocidad, pero evidencia frustración por el estancamiento en Ucrania
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La Vanguardia·10 sa önce·🇪🇸Spain·Monde

Rusia bombardea Kyiv con ferocidad, pero evidencia frustración por el estancamiento en Ucrania

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La Vanguardia
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Rusia ha vuelto a bombardear esta semana Kyiv con ferocidad, pero ese ataque, lejos de ser una victoria, evidencia una creciente frustración: las cosas no marchan bien para el Kremlin en el campo de batalla.

Según datos del Instituto de Estudios para la Guerra, con sede en Washington, Ucrania acumula ya dos meses consecutivos –mayo y abril– recuperando más territorios de los que es capaz de conquistar su enemigo. Estos avances ucranianos son mínimos, pero ponen de manifiesto el estancamiento del ejército ruso en una época del año propicia para llevar a cabo grandes ofensivas.

La plataforma DeepState, utilizada por los analistas para monitorear el frente, confirma esta tendencia, y resalta que las ganancias territoriales registradas por Kyiv en mayo se produjeron a pesar de que Moscú lanzó cerca de 7.000 ataques, un 37,5% más que en el mes anterior.

Los drones explican en gran parte el buen momento que vive Ucrania. En los últimos meses, el país ha intensificado la producción de vehículos no tripulados de medio y largo alcance. Con ellos, puede golpear lo más profundo de la retaguardia rusa –basta ver lo sucedido ayer en San Petersburgo, ciudad ubicada a 1.100 kilómetros de la frontera ucraniana– y efectuar ataques continuados contra objetivos críticos, como infraestructuras energéticas, refinerías, fábricas de armamento y centros logísticos y de mando. Eso está debilitando de manera notable las capacidades bélicas de Moscú, ya de por sí mermadas por el efecto de las sanciones y los problemas de reclutamiento.

Un lugar que ejemplifica bien las dificultades que atraviesa Rusia es Crimea, región que el Kremlin se anexionó en el 2014. Desde hace semanas, Ucrania está lanzando sus drones contra la autopista que conecta la península con el resto de territorios ocupados, con el objetivo de imponer un bloqueo logístico. Y el plan funciona: muchos camiones rusos cargados de suministros acaban calcinados, y las autoridades locales se han visto obligadas a decretar un racionamiento de gasolina. En Sebastopol, el principal puerto de Crimea, las restricciones están provocando largas colas en las estaciones de servicio.

Este momento de debilidad rusa quiere ser aprovechado por Volodímir Zelenski para buscar una salida a la guerra. El pasado domingo, en una entrevista a la cadena CBS, el presidente ucraniano dijo que los líderes mundiales deben ejercer “más presión” sobre el Kremlin para que retome las negociaciones. “Antes del invierno, debemos encontrar la manera de sentarnos a dialogar”, afirmó el mandatario, quien recalcó que Rusia se encamina “hacia una gran crisis”.

Los mandos militares ucranianos coinciden con ese diagnóstico. El general Andriy Biletsky declaraba recientemente a la agencia Reuters que el ejército ruso está exhausto, y que Kyiv tiene que mantener el impulso actual para obligar a Moscú a abandonar sus planes para hacerse con el control total del Donbass. Según este oficial, “los próximos seis a nueve meses serán un punto de inflexión”.

Vladímir Putin, sin embargo, ignora cualquier oferta de diálogo. El presidente ruso parece vivir en otra realidad. La semana pasada, durante una visita a Kazajistán, reiteró que Rusia tiene todas las de ganar. “Según el análisis de los datos del campo de batalla, nuestras tropas avanzan cada día en todas direcciones”, aseguró.

Mientras, en su mesa se van apilando los informes económicos en los que se le recomienda que ponga fin a la guerra, ya que las arcas del Estado no dan para más.

Según la agencia Bloomberg, altos funcionaros del Ministerio de Finanzas y del Banco Central han advertido a Putin que el gasto bélico es insostenible y que urge aplicar recortes en el presupuesto de defensa. Una idea a la que se opone frontalmente el sector militar, que exige inyecciones extra de dinero para sufragar su interminable “operación especial” en Ucrania.

This article was originally published by La Vanguardia.

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