Tensión política y fervor deportivo: Irán y Nueva Zelanda se enfrentan en Los Ángeles
L'essentiel
- En Los Ángeles, el partido entre Irán y Nueva Zelanda se vio empañado por protestas contra el régimen iraní.
- Mientras algunos apoyaban al equipo nacional como símbolo cultural, otros lo rechazaban por ser "el equipo del régimen".
- A pesar de la tensión política, el estadio vibró con el fervor deportivo.
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Pourquoi c'est important
El partido de fútbol entre Irán y Nueva Zelanda en Los Ángeles coincidió con protestas contra el régimen islámico iraní y un anuncio de paz en Oriente Próximo.
Tim Bush es un convencido de que la política no debería mezclarse nunca con el deporte. "Yo solo he venido a ver a los mejores jugadores del mundo, los de mi país. Lo demás no me interesa", dice con su inmensa bandera neozelandesa atada a modo de capa y su característico acento kiwi. Pero en un partido en que el rival de la selección de Nueva Zelanda es Irán, dejar de lado la agitación por el conflicto en Oriente Próximo resulta misión imposible. Y más en Los Angeles, donde vive la comunidad iraní más grande del mundo lejos de Irán.
Una hora y media antes del choque, la tensión era palpable en las inmediaciones del estadio SoFi de Los Angeles donde el lunes se vieron las caras las dos selecciones. Entre 300 y 500 personas se congregaron para protestar contra el régimen islámico que sigue gobernando el país, horas después de que Estados Unidos anunciara un acuerdo de paz para poner fin a más de tres meses de conflicto armado.
Ali Mina, megáfono en mano, gritaba consignas sin parar contra los ayatolás y su gobierno. "Enhorabuena, están a punto de ver a terroristas jugando al fútbol por primera vez", afirmaba rodeado por un grupo de simpatizantes que ondeaban las banderas previas al régimen islámico de 1979, las mismas que la FIFA ha prohibido en los estadios durante el torneo.
Poco parecía importarle a Michael, que llevaba la bandera a la espalda con el emblema central del león y el sol: un león con una espada y un sol naciente sobre su lomo, símbolo milenario de la monarquía persa. "Lo voy a intentar al menos", confesaba medio asustado. "La voy a esconder para pasar el control de seguridad a ver qué pasa". Después, explicaba la ausencia de más compatriotas apoyando al equipo a esas horas de la tarde. "Son el equipo del régimen y la gente lo sabe. No es el equipo del pueblo. Solo espero que haya un cambio de régimen pronto".
A su lado, Neta Mehr posaba orgullosa con su familia y otra familia amiga para una foto frente al monumental SoFi de Inglewood, decidida a apoyar al equipo nacional pese al embrollo político. "No vamos a dejar que toda esta basura de la guerra nos arruine el entusiasmo", soltaba con emoción en la voz. "Estamos todos con nuestras familias para apoyar a Irán porque el régimen islámico solo ha estado aquí durante 47 años y nuestra cultura lleva más de 2.500 años. Estamos con nuestra gente, no con este gobierno repugnante".
En la cola para pasar seguridad de acceso al estadio, se palpaba el nerviosismo. Los que antes habían desfilado con sus banderas, las empezaron a esconder, con un buen número de empleados de seguridad, policía y agentes del FBI prestando atención ante cualquier incidente que pudiera surgir.
Pero una vez dentro, a muchos les cambió el gesto. Sacaron sus banderas prohibidas, se pusieron pegatinas en la cara con el emblema prerrevolucionario y lucieron con orgullo las camisetas en apoyo del primogénito del último Sha de Persia, Reza Pahlavi. Vive en el exilio en Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979.
Pitada al himno iraní
La sonora pitada al himno iraní dejó paso a la fiesta. En pocos minutos, el estadio se olvidó de las reivindicaciones políticas y se entregó al amor por su país y por los once hombres que llevaban sus colores en el campo. Hasta acabaron haciendo la ola, con más de 70.000 espectadores presentes. Curiosamente, el jugador más aplaudido no fue iraní sino neozelandés, Tim Payne, el lateral derecho kiwi que, por un capricho de las redes sociales, se ha convertido en una de las sensaciones del Mundial sin haber disputado ni un solo minuto en el torneo. En realidad, el de Irán fue su debut en la máxima competición de naciones.
Su estatus poco tiene que ver con sus habilidades futbolísticas. El influencer argentino El Scarso lo señaló como "el jugador menos conocido" del Mundial y pidió a sus seguidores que lo apoyaran en Instagram. Payne, que tenía 4,700 seguidores, pasó a tener 1.7 millones en 48 horas. Ahora tiene más de 5,7 millones y el interés de marcas como Kentucky Fried Kitchen, Domino's, Samsung o Kit Kat.
Cerca estuvieron los suyos de firmar una gesta histórica, un triunfo en un Mundial. El doblete de Elijah Just, el extremo de 26 años, acercó a los oceánicos a la victoria que aún no han conseguido en sus tres participaciones en los mundiales.
À surveiller
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Posibles sanciones de la FIFA por la pitada al himno iraní.
Possible · En quelques semaines
Questions ouvertes
- ¿Cómo afectará la tensión política al futuro del equipo iraní?
- ¿Continuarán las protestas en eventos deportivos?





