Un Mundial entre la corrupción y la geopolítica: lecciones para el futuro
L'essentiel
- El Mundial en EE UU, inicialmente criticado por corrupción y comercialización, se convirtió en un evento divertido y didáctico geopolíticamente.
- Destacó Rodri como mejor jugador y la final entre Messi y su heredero, con gestos políticos como la reivindicación de Palestina.
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Pourquoi c'est important
El Mundial en EE UU, bajo la presidencia de Donald Trump, comenzó con críticas por su comercialización y un "hedor a corrupción", pero terminó siendo un evento "divertido y altamente didáctico en cuestiones geopolíticas".
La historia empezó mal, imposible negarlo. Un Mundial en los EE UU de Donald Trump dividido en tres sedes. Centros comerciales convertidos en estadios. Una infinidad de partidos intrascendentes, goleadas absurdas. Un hedor a corrupción, a pollo frito y a hamburguesa descongelada en la parrilla más intenso que nunca. Italia, otra vez fuera. Pero como ocurre siempre con los asuntos del corazón, el balón comenzó a rodar y la serotonina y algunos elementos inesperados terminaron convirtiendo esta Copa del Mundo en un asunto bastante divertido y altamente didáctico en cuestiones geopolíticas para los habitantes del futuro. Al final, no nos engañemos, nos gusta demasiado esto como para empeñarnos en boicotear cuatro placeres culpables que quedan.
El Mundial, más allá de lo intangible, permite una lectura positiva objetiva. Rodri, por ejemplo, ha sido nombrado mejor jugador del torneo de forma completamente merecida. El centrocampista del City -veremos qué tiene que decir Florentino en los próximos días- engloba todo lo que conforma a un gran jugador de fútbol y sintetiza perfectamente el juego colectivo de España. También algunas de sus convicciones morales. Impagable el momento que regaló al mundo, ralentizando la celebración, poniendo la sordina, como ha hecho en tantos partidos, para que Donald Trump, el intruso anaranjado que acababa de entregar la copa a un país que representa en los últimos tiempos su némesis en Europa, se largase del plano de una fotografía histórica.
La propia final, más allá de la carnicería propuesta por Argentina, fue una preciosa postal enviada al futuro. El golpe emotivo ahora es reciente y no permite ver con claridad su valor simbólico, pero había pocos equipos más legendarios, trabajados en su mitología para una final como Argentina. Messi se enfrentaba en su último tango a su heredero en el Barça y, quién sabe, también en el fútbol mundial. Un tipo tranquilo que estaba rezando mientras Leandro Paredes agredía a varios compañeros de equipo y que reivindicó tranquilamente los colores de Palestina ante un presidente colaborador en el genocidio perpetrado por Israel en Gaza.
Hubo poco juego, pero grandes partidos. El Mundial brindó duelos como el Argentina-Inglaterra, en el que Messi pudo mirarse en el espejo de Maradona y las Malvinas. También mostró la madurez del fútbol africano, que tirará la puerta del próximo Mundial, y demostró que tener la mejor delantera del planeta no alcanza. Asistimos al sueño de varias noches de verano de la Noruega de Haaland o a ese extrañísimo partido de consolación que nadie quería jugar entre Inglaterra y Francia, cuyo resultado (6-4) mostraba mejor que ninguna declaración previa las pocas ganas que tenían de salir al terreno de juego las dos selecciones. Ojalá nunca nadie piense en cargarse algo tan triste, solitario y melancólico como la idea de una consolación.
Algunas fotografías del Mundial, aunque repugnantes, resultaron espléndidas por la nítida sordidez en la que aparecían retratados sus protagonistas. Así éramos, les diremos a nuestros hijos, aunque seguramente ellos estén ya peor. La de un Mariano Rajoy que considera que los franceses solo pueden ser blancos. O la de Gianni Infantino, por ejemplo, otra vez como un siervo del poder político que antepone la codicia del dinero -este año la FiFA ha alcanzado a una facturación récord de 15.000 millones- a los valores del deporte. Un tipo que recibe una llamada de un presidente presionándole para cambiar el color de una tarjeta en un Mundial y, sorprendentemente, el cartoncito palidece repentinamente. Después de eso, ¿qué garantías de imparcialidad quedan? ¿Qué seguridad podemos tener en la pulcritud de los arbitrajes y las decisiones que tome la FIFA en cuestiones de jurídicas? Ninguna, por supuesto. Pero tener claro a qué jugamos nunca es malo.
Questions ouvertes
- ¿Qué tiene que decir Florentino sobre Rodri en los próximos días?
- ¿Qué garantías de imparcialidad quedan en las decisiones de la FIFA?
- ¿Qué seguridad podemos tener en la pulcritud de los arbitrajes de la FIFA?






