Valencia's brothel under Philip II: Spain's largest
L'essentiel
- A historical account reveals Valencia hosted Spain's largest public brothel during Philip II's reign, described by chronicler Hendrick Cock.
- The establishment, organized like a town with streets and numerous houses, featured security, weekly medical visits, and even a king figure.
- The book 'Burdeles, picaderos y lupanares' by Javier Rioyo explores the history of prostitution.
Résumé généré par IA
Pourquoi c'est important
The article discusses the historical significance of prostitution in Spain, focusing on Valencia's large brothel during Philip II's reign and the research presented in Javier Rioyo's book 'Burdeles, picaderos y lupanares'. It explores the social, economic, and moral aspects of this profession throughout centuries.
El mayor burdel de España en tiempos de Felipe II estaba en Valencia. Hendrick Cock, un holandés que sirvió como arquero y cronista en su Guardia Real, lo describió así: «La putería pública, que tan común es en España, que muchos primero irán a ella que a la iglesia, entrando en una ciudad, no se ha de callar en este lugar. Es ella la mayor, según los curiosos desta materia dicen, de toda España, y está cercada en derredor con un muro, de suerte que paresce una villeta, ansí por la división de las calles como por la multitud de la gente que en ella hay. Dicen que hay no sé cuántas tabernas o bodegones y casas públicas de mujeres en él». De las valencianas dice que «aunque son las más retoçonas y lascivas de toda España, son amigas de polideza, y con su brío tienen una cierta hermosura».
Hay más testimonios históricos en relación al Marina D'Or de la prostitución. A principios del siglo XVI, el chambelán francés Antonio de Lalaing aportó algunos detalles adicionales. Por ejemplo, sobre su buena organización en materia de seguridad y sanidad. «Ante esa puerta se haya levantada una horca para aquellos que cometiesen alguna fechoría en el interior. Y en dicho lugar hay tres o cuatro calles llenas de casitas [...] Dichas mozas serán en conjunto unas trescientas [...] Dos médicos, diputados y pagados por la ciudad, visitan una vez a la semana a las mozuelas».
En aquella mancebía con diseño urbanístico de aldea de Los Sims mandaban los reales de un tipo peculiar y un poco malaje. Era conocido como el rey Arlot. Había creado un señorío independiente y se había otorgado a sí mismo poderes absolutos sobre las personas que por allí pasaban y vivían. Alquilaba las casas a celestinas y hostalers y se embolsaba una parte proporcional de sus ganancias. También sacaba a concurso los puestos. Los reglamentos y controles en semejante feria de la carne crearon escuela: las demás del reino adaptaron sus normas.
Han pasado cinco siglos, y sin embargo el interés por la prostitución sigue muy vivo y coleando. «Produce una mezcla de fascinación y rechazo», analiza el periodista y escritor Javier Rioyo. Acaba de publicar Burdeles, picaderos y lupanares. La historia secreta del deseo, el negocio y la doble moral (Almuzara), un acercamiento histórico a la profesión más vieja del mundo a través de los lugares donde más se ejerció dentro y fuera de nuestro país y a las gentes que la practicaron.
«Me acuerdo de cuando trabajaba en Gran Vía, en la Ser», comenta el autor. «En las calles de detrás, Ballesta y Desengaño, había todo tipo de chicas con todo tipo de clientes. Tengo también el recuerdo de un burdel famoso que era un hotel donde había encuentros de mucha gente. Fascina porque no se trata de la historia oficial; es la historia no oficial, que siempre ejerce poder de atracción».
Rioyo ha fileteado con paciencia la prostitución a lo largo de los siglos. A veces centrándose en Madrid como núcleo irradiador de vicios, que diría el otro; a veces, vagabundeando por territorios lejanos y épocas remotas. «Los maridos romanos, incluso los más exquisitos poetas, eran frecuentadores del lupanar, gozadores de las meretrices. Así, la mujer que quisiera conservar la armonía familiar, se veía impelida a imitar a la prostituta; incluso las más enamoradas asistían al prostíbulo para aprender las refinadas artes del goce sensual», se puede leer sobre las costumbres romanas en la Península Ibérica.
«Te vas metiendo en la Historia. Al principio, te sorprenden cosas que podrías saber superficialmente de los comportamientos de los poderosos», cuenta Rioyo sobre su aproximación al tema. «Sorprende la importancia histórica de la prostitución. Por ejemplo: los Reyes Católicos concedían como gran premio en la Guerra de la Reconquista, la guerra de la expulsión del islam, una concesión de burdeles. A los mejores guerreros se les daba una licencia. Era un premio de honor. Luego el franquismo daba un estanco. En otra dimensión, se trataba de algo parecido».
Rioyo ha ido salseando cotilleos con las fuentes históricas y le ha salido un manual del perfecto voyeur. Llama relaciones peligrosas a los escarceos de Isabel II cuando era infanta. «Entre tocamientos en el jardín, Salustiano de Olózaga le hace leer en francés el muy atrevido libro de Pierre Choderlos de Laclos Las relaciones peligrosas. A la joven se le avivan los sentidos, se despierta el sexo y se convierte en un volcán», revela. «Pocas pueden presumir de una lista de amantes tan públicos; los nombra favoritos, los invita a La Granja o se deja invitar en los reservados del restaurante de moda en Madrid: el Lhardy. Les hace un hueco en palacio o se escapan a discretos palacios».
El autor reconoce su fascinación por el uso que dan los poderosos al sexo. «La monarquía y sus alrededores han tenido esa doble historia de disimular y prohibir, de usar y abusar. En la portada del libro aparece Isabel II con Carlos Marfiori, el gobernador de Madrid. Blasco Ibáñez decía de la reina que era muy dada a tener amores extramatrimoniales. Los poderosos han dado premios por servicio de placer a sus validos, a sus cercanos», detalla Rioyo.
Para escribir este manual de la carne comprada, el periodista ha combinado dos clases de documentación. Por un lado, la literaria. «Hay muchas referencias desde el Barroco hasta nuestros días que dan cuenta de la prostitución en nuestro país. Desde el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín hasta Camilo José Cela», apunta. Al mismo tiempo, ha hecho uso de fuentes históricas acerca de los espacios de placer no ortodoxos, la gente de malvivir, los negocios, las ofertantes y sus clientes.
La prostitución, a sus ojos, se presenta como un lugar colmado de sobreentendidos y tabúes en paños menores. «Tiene una leyenda oscura, negra. Siempre ha sido de lo que no se quería hablar tanto. De alguna manera es un asunto paralegal, medio prohibido, que hace sonrojar. Siempre ha sido un poco ese lugar situado en el lado no correcto de la historia. Yo he llegado hasta los años 60 del siglo pasado, coincidiendo con mi Primera Comunión. No quiero meterme en berenjenales de la actualidad. Cuando España era Hispania, la prostitución se ejercía en un lugar público reconocido. Tenía más o menos lujo, pero cumplía una función social, más allá de que fuera perseguida por lo que también tiene de humillante», reconoce el autor.
Para varias generaciones de varones, las putas han formado parte del paisaje habitual. Es así de crudo y de terrible. «Yo soy curioso desde que tengo uso de razón. Vivía en Alcalá de Henares, donde había un gran burdel. Fui a su barra con 15 o 16 años, pero nunca subí. Me sorprendió mucho. Algunos amigos se atrevían a ir con señoras muy mayores. Es un mundo prohibido. Después, las bases americanas modernizaron Costa Fleming. Las chicas dedicadas a la prostitución se ponían más modernas y hacían una oferta diferente».
Rioyo se convirtió luego en reportero de guerras más a mano, de luchas cotidianas a la vuelta de la esquina. «Hice reportajes en cárceles, manicomios, prostíbulos... De muchos de ellos tuvimos que salir escopeteados. Llegaba el chulo y te amenazaba seriamente, eh. Lo he vivido en primera persona, como cuando fui al Barrio Chino de Barcelona, donde había muchos peligros».
Con su libro ha pretendido cambiar el relato de la infancia asomado a la ventana de la mancebía por un repaso histórico repleto de fuegos artificiales. Los adjetivos y los sinónimos estallan en medio de las fechas y los nombres con un punto orgásmico. «Conozco a gente que ha tenido esto como rito de paso: iba a desvirgarse. Por suerte, nuestra generación empezó a cambiarlo. Tuvimos libertad y no hacía falta ir a un prostíbulo para vivir una sexualidad abierta. Por aquí han pasado todos. Borges siempre dijo que tenía una sexualidad complicada. El motivo es que su padre le llevó a un sitio con 18 años para que le desvirgaran. Se dio cuenta de que era la misma mujer con la que su padre se veía», ataja.
Burdeles, picaderos y lupanares. La historia secreta del deseo, el negocio y la doble moral no es un aséptico libro de laboratorio, sino que su interior lleva el ajetreo de la calle y el vicio. «Creo que a Camilo José Cela le habría divertido», especula Rioyo. «El poeta Ángel González me contaba cómo iba a la calle Ballesta, al burdel, y allí dentro estaba el compositor Manuel Alejandro tocando el piano. Era un burdel con piano y barra americana».
El mapa que esboza hasta los años 60 muestra algunos de esos vestigios. «Hay cosas que cuento sobre Chicote o Cock muy interesantes. Por ejemplo, Chicote tenía un decálogo de comportamiento de señoritas prostitutas». Y también un túnel que lo conectaba con el Cock. Por ahí se burlaban los besos o los manoseos a las miradas del resto de clientes. «Cuando conocí Chicote era el Chicote de señoras ajadas. Cock es anterior. Es el primer bar inglés y el primer bar de España considerado como tal. Había cafeterías, parrillas de hoteles, tabernas, pero bares no. El primero es Cock y en 1929 abre Chicote». Lo dicho: uno y otro local acabaron unidos por el cordón umbilical del folleteo.
De toda la historia radiografiada como una habitación con bidé que atraviesa los siglos, Rioyo se queda con algunas contradicciones en relación al estatus social. «Mi favorita es la que tiene lugar en la primera posguerra. Los bares elegantes y de señoritos luego tenían otros usos. Se había instalado una moralidad muy rígida, pero extraoficialmente eran otra cosa».
Dicen que la Casa de las siete chimeneas, situada en la plaza del Rey de Madrid (barrio de Chueca)y actual sede del Ministerio de Cultura, está encantada. Pero es probable que unos cazafantasmas que acudieran a neutralizar ectoplasmas confundiesen los gemidos. «Era un enorme burdel. Allí fichaban todos los poderosos de Madrid. Les gustaba el juego y el encuentro furtivo entre hombres y mujeres. La Historia nos sorprende: la vida de Alfonso XIII es pornografía pura y dura. Como los escritores del Romanticismo, que tenían una doble vida», recuerda Rioyo.
Questions ouvertes
- What was the exact number of women working in the Valencia brothel?
- What were the specific regulations imposed by 'king Arlot'?
- How did the Franco regime's 'estanco' compare to the Reconquista brothel prizes?
- What are the current legal and social debates surrounding prostitution in Spain?



