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GeriCarlos Lozano regresa a la televisión con 'Amor o lo que surja'
Carlos Lozano regresa a la televisión con 'Amor o lo que surja'
Kültür
El Mundo30.06.2026Kültür11 dk okumaSpain

Carlos Lozano regresa a la televisión con 'Amor o lo que surja'

Hızlı Bakış

  • Carlos Lozano regresa a la televisión como presentador del nuevo dating show 'Amor o lo que surja'.
  • El presentador reflexiona sobre el amor, las relaciones en la era digital, su carrera y su paso por realities, defendiendo la autenticidad y la sinceridad.

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Carlos Lozano regresa a la televisión con un nuevo dating show tras un periodo alejado de los focos, durante el cual se dedicó a su granja. Reflexiona sobre su carrera, las relaciones y su paso por realities.

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P. Vuelves a la pantalla con Amor o lo que surja. ¿Hacía falta otro dating show en la parrilla?

R. Sí, los dating show siempre funcionan. En el momento en el que empiecen a verse las tramas y que la gente se identifique con ellas, se enganchará más, ¿sabes?

P. ¿Qué hay de verdad y qué hay de actuación en el programa?

R. Hay de todo. Hay gente que irá a hacer televisión y otra que va realmente a buscar el amor. La gente de mi edad ya no está para engañar a nadie, ¿no? Pero siempre hay quien quiere salir en la tele y se le nota. Eso el público lo detecta y lo castiga. A mí me da mucha ternura cómo la gente tiene el valor de ir a un programa así, en directo, a buscar pareja.

P. ¿Es más difícil encontrar a tu media naranja ahora que hace 20 años?

R. Sí, porque somos muy individualistas. Vamos sobrados de todo y no nos hace falta nadie. De hecho, hoy en día hay más divorcios que matrimonios. Ahora la gente no se aguanta. Pero el amor siempre está ahí y es una de las sensaciones más bonitas que hay en el mundo.

P. En estos tiempos de Tinder es cada vez más complicado que surjan relaciones espontáneas cara a cara.

R. Es que Tinder y las redes tienen eso. No sabes quién está detrás de ese perfil. A veces funciona, pero otras puede ser peligroso. Hay mucha gente con perfiles falsos escondidos.

P. ¿Qué pondrías en tu perfil si usaras la aplicación?

R. No soy de usar aplicaciones, gracias a Dios. No me gustan. Yo prefiero el contacto humano. No me fío de los perfiles. Hay mucha mentira. No pondría absolutamente nada.

P. Además, ahora es más fácil quedar para acostarse que para conocerse, ¿no?

R. Tú quedas con una persona y cuando viene es como AliExpress. No es lo mismo lo que ves que lo que te llega. Es complicado. Y piensas: «Pero ¿ésta eres tú?».

P. ¿Cuál es el arma de seducción de Carlos Lozano?

R. Yo soy un tío muy sincero. Cuando me gusta alguien se me nota. Yo no sé ligar, porque nací con una imagen de modelo más o menos bien y no me hacía falta ligar. Gracias a Dios, siempre me salían novietas.

P. Eres de los guapos que no tienen que hacer nada.

R. Al principio sí, cuando tenía 17 años y me dedicaba a la moda. Yo me acuerdo que decía: «Hola, me gustas mucho. ¿Me das un beso?». Es curioso porque cuando me lo daban perdía todos los nervios. En mi programa muchas veces les pido que lo hagan y me dicen que es muy pronto. Y pienso: «¿A qué quieres esperar?». Para un beso no hay que esperar. Pierdes los nervios y ganas confianza. Además, sabes si te gusta o no por la manera de besar, porque el beso es algo muy importante.

P. Si la otra persona besa mal, apaga y vámonos.

R. Totalmente. Entonces, ¿para qué hablar? ¿Para qué preguntar en qué trabajas, qué estudias, a qué te dedicas o cuántos hermanos tienes? Dame un beso primero y así no perdemos el tiempo.

P. ¿Fuiste un don Juan?

R. Se me ha echado más fama de lo que soy. Todo el mundo decía que era un don Juan y que las tenía locas a todas, pero en el fondo no es verdad. Siempre he tenido parejas estables. Eso sí, cuando era muy joven fui muy malo, porque engañé a algunas chicas.

P. ¿Eres infiel por naturaleza?

R. Era infiel, pero de joven, porque era la vida loca que te tocaba vivir en los 80 y los 90... Entonces había más libertades que ahora, digan lo que digan. Estábamos mucho más locos, nos juntábamos personas de todas las condiciones, gays o no, nos daba igual. Estábamos más abiertos y era más fácil ligar. La gente iba más al grano.

P. Regresas como presentador después de muchos años. ¿Cómo te sientes al volver a ponerte ese traje?

R. Es una maravilla. Cuando subo al escenario me entra la energía que siempre he tenido. Me vino muy bien retirarme un tiempo a mi granja con mis gallinas. El tiempo pasa y yo también tengo que pensar en mí. Me ha dado mucha paz y mucha tranquilidad. Y todo empezó con Gran Hermano, la verdad. Lo pasé muy mal, pero gané.

P. ¿Cuál fue el momento más duro de esa experiencia?

R. Cuando me quedé solo. Cuando ya se fueron Carmen, Belén y Cristina Piaget, que eran mi compañía. Los chavales se dedicaron a intentar hundirme, pero no lo consiguieron. Bastante paciencia tuve. Eso es algo que me ha dado la granja y la naturaleza. Si esto me hubiera pillado diez años antes, como me pilló en el otro GH, la habría liado más gorda. Pero aguanté, respiré hondo y, al final, el público me dio la razón y me hizo ganador.

P. Eras un poco tú contra todos. ¿Por qué te caían tan mal esos concursantes?

R. A ver, yo ya no tengo rencor a nadie, pero se portaron muy mal conmigo. Siempre estaban nominándome, echándome por tierra y diciendo que era un monstruo televisivo acabado. Me decían cosas muy feas. Y Jorge Javier les dio un toque un día: «Perdonadme, Carlos lleva 40 años en la profesión». Yo les dejaba que se expresaran para que ellos mismos se hundieran con comentarios de ese tipo.

P. Te llegaron a acusar de viejo verde, baboso y decían que te restregabas con las concursantes.

R. Han dicho de todo. Yo sabía que era mentira todo lo que decían, pero ellos lo que querían era hundirme de esa manera. Se ven imágenes donde Sandra me pone aposta la mano encima de su compañera para desprestigiarme. Estaba todo amañado.

P. También te tacharon de llorón. ¿Sigue habiendo ese estigma de que los hombres no pueden llorar?

R. Pues claro que lloro y me emociono. Si veo a una persona que lo está pasando mal o una película de amor, lloro. Eso de que el hombre no llora, ¿quién dice esa gilipollez tan grande? El hombre que no llora no tiene sensibilidad, tía.

P. Teníamos la imagen de un Carlos Lozano muy angelical como presentador. Y cuando empiezas a concursar en los realities descubrimos a otro Carlos totalmente distinto.

R. Claro, es que una cosa es ser presentador y otra presentarte a un reality. Sería una estafa que un presentador fuera a un reality sin ser él mismo. Cuando te metes en un reality, la gente quiere ver cómo eres, cómo duermes, cómo te duchas... Hay gente que va con una forma de ser que no es la suya y, al final, el público la castiga. A los realities hay que ir a corazón abierto. Siempre lo he dicho: si no, no vayas. Quédate en tu casa y no engañes al público.

P. Has tenido enfrentamientos con todo el mundo, incluso con Isabel Pantoja.

R. Ya está todo perdonado. Tanto Isabel como Azúcar Moreno fueron a Supervivientes y me dijeron que ellas eran artistas y que no cogían leña. Y yo les decía: «Tú estás con un taparrabos muerta de hambre como yo, y tienes que coger leña y trabajar. Me da igual quién seas». Cuando tengo que dar zascas los doy directamente y digo lo que pienso. Me da igual que seas Isabel Pantoja o el rey de España.

P. Fue entonces cuando llegó ese momento histórico de la televisión en el que le soltaste a la Pantoja que la más grande era Rocío Jurado.

R. Para mí es verdad. La mujer es muy buena tonadillera, lo que quieras, pero... Ahora estoy trabajando con su sobrina. Las cosas que pasan en los realities se quedan en los realities.

P. Atravesaste una larga travesía en el desierto después de Operación Triunfo.

R. Cuando has estado mucho tiempo en Televisión Española, Antena 3 es reacia a contratarte. Siempre nos han pasado estas cosas. Yo tuve una época gloriosa con Operación Triunfo en Televisión Española y, para las cadenas privadas, ya estaba quemado. Son parones. Cumplo 64 años en noviembre y llevo trabajando desde los 18 o 19, cuando empecé en la moda. Me ha ido muy bien con programas como La ruleta de la fortuna o El precio justo. Nunca he ido llamando a puertas. Me alegro cuando me llaman y me dan trabajo, pero nunca me verás en el despacho de un jefe pidiéndolo. Tengo dignidad y orgullo. No me gusta ir haciendo peloteo. Eso me lo ha dado el barrio.

P. ¿De qué zona eras?

R. Yo nací en una familia muy humilde, en el barrio de Simancas. El único valor que teníamos era el respeto y la educación. Llevarle las bolsas a la gente mayor o ceder el asiento a una embarazada en el metro. Eso me ayudó mucho. También me dio mucha seguridad cuando me fui a Milán sin saber idiomas. Tuve que aprender inglés e italiano a base de trabajar y convivir con extranjeros. Los comienzos fueron duros, pero el barrio te enseña quién eres, a no venderte por dinero y a ser un tío ecuánime. Claro que me ha costado mucho. He vivido la pobreza. El dinero y la fama no me impresionan. Ahora vivo con mis ovejas en un pueblo perdido y soy feliz. No busco otra aspiración que ser feliz.

P. Hablaste de una mano negra para que no trabajases en televisión.

R. Siempre ha habido muchas manos negras. No voy a dar nombres, pero hay gente a la que no le caes bien y no te contrata. No sólo me ha pasado a mí, sino también a muchos compañeros. Hay que asumirlo porque es lo que hay. Al final, los directivos también cambian.

P. También te quejaste de que hay directores de contenidos que llevan toda la vida y que no dejan trabajar a la gente joven con buenas ideas.

R. Sí, eso pasa siempre. Yo pongo el ejemplo de Estados Unidos, donde hay senadores con 25 años porque se dan más oportunidades. Aquí está cambiando un poco, pero la gente no se levanta del asiento hasta que se jubila. Pasa también en la política con los alcaldes. Cuando llevas demasiados años en el mismo sitio, las ideas se agotan. Hay que renovar y dar oportunidades a gente con ideas nuevas. No puedes atarte a un sillón porque, si no te levantas, acabas hundiendo cadenas y programas.

P. ¿Hay muchos directores de contenidos así?

R. Sí, hay muchos en todas las cadenas. No voy a señalar a nadie porque no es mi estilo, pero es algo general. La gente tiene que darse cuenta de que, si ya no funciona su forma de ver la televisión, tiene que dar un paso a un lado.

P. ¿Te has sentido minusvalorado a lo largo de tu carrera?

R. Yo me siento muy afortunado. La gente siempre me ha querido mucho y me sigue queriendo. Enemigos hay en todas partes. Mira a Jesucristo, que lo crucificaron. Estoy muy orgulloso de mi carrera. He hecho programas muy buenos y he tenido oportunidades maravillosas. He hecho moda, teatro, cine... Trabajé con Amparo Larrañaga en Los bellos durmientes, hice películas con Almodóvar y he presentado algunos de los mejores programas de televisión.

P. ¿No hiciste también Un tranvía llamado Deseo?

R. También. Hice de Kowalski y luego Almodóvar sacó esa obra en Todo sobre mi madre, con la que también nos llevamos el Oscar. He tenido mucha suerte. Bueno, suerte y trabajo, porque la suerte existe, pero si no le pones esfuerzo, se va. Soy un tío muy constante y muy trabajador.

P. Cuéntame tu momento «tierra, trágame» en directo.

R. Uno en Telemadrid, cuando era jovencito y estaba con Terelu en Con T de tarde. Hacía un concurso que tenía más audiencia que el programa entero. Regalábamos unas zapatillas de goma o un flotador. Una vez le pregunté a una señora qué quería y me respondió: «Te quiero a ti». Me puse rojo y pasé mucha vergüenza. Me quedé cortado porque todavía no tenía tanta soltura.

P. ¿Qué has aprendido durante estos años lejos del foco mediático en tu vida de granjero cuidando tus gallinas?

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