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Enrique Falcón: "Mi generación tiene pendiente pedir perdón a los jóvenes"
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El Mundo·7 sa önce·🇪🇸Spain·Education

Enrique Falcón: "Mi generación tiene pendiente pedir perdón a los jóvenes"

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#educación#juventud#cambioclimático#desigualdadsocial#pantallas#fascismo#poesía#literatura
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Enrique Falcón (Valencia, 1968) entra en el aula y, como disculpándose ante la "chavalería" -así llama a sus alumnos-, bromea con que va "más peinado de lo normal". "Es que han venido para un reportaje sobre las tonterías que os digo", comento. "Por ejemplo, que las falacias argumentativas bien pueden explicarse hablando de amor. "Los tíos que chantajeáis a vuestras parejas diciéndoles que o hacen algo o no os quieren... Ojo si os dan a elegir un menú con dos platos cuando la vida ofrece 20". Una advertencia contra el amor tóxico para entender la falacia del falso dilema.

Como la vida no va de elegir entre A o B, Falcón escogió ser poeta y profesor de Literatura en Bachillerato en las Escuelas San José-Jesuitas de Valencia. Tampoco en la vida es todo blanco o negro, por lo que él indaga en esa zona de claroscuros. Autor de una obra disidente, entre la que destacan poemarios como La marcha de 150.000.000 (Ed. Delirio) o La Trilogía de las sombras (Huerga y Fierro), vislumbró el apocalipsis antes incluso de que se nos viniera encima (o lo pareciera). Del colapso habló en Sílithus (La oveja rota), que escribió entre 2013 y 2019 pero cuya publicación tuvo que retrasar por la pandemia.

Pero Falcón es, sobre todo, un creyente. No solo como pastoralista y miembro de una comunidad cristiana de base. La disidencia de Falcón es también la de su fe en los jóvenes.

"Mi generación tiene pendiente pedir perdón a los jóvenes, porque les hemos regalado pantallas, fascismo, cambio climático y desigualdad social", asume minutos antes de entrar en clase. "Mis alumnos van a tener que adaptarse a ese escenario y protagonizar cambios sociales, a pesar de que no son los culpables".

Falcón nada a contracorriente en una sociedad adulta que ha despreciado a sus jóvenes tildándolos de perezosos, acomodados, generación de cristal... "Si los discursos públicos tuvieran razón sobre unos jóvenes por los que no vale la pena apostar, yo no me dedicaría a la educación", afirma.

Porque a la pregunta de qué hace un poeta dando clases de literatura a adolescentes, él responde riendo: "En este país los poetas no podemos comer. Rafael Alberti decía que, como mucho, podíamos invitar a una merienda". Pero Falcón, el maestro, también tiene claro que "la docencia es uno de los oficios más hermosos del mundo". Y "el oficio de acompañar a los jóvenes es hermosísimo". Por algo su nombre figura en las quinielas para llevarse este año el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

No duda de que "en la historia de la humanidad, toda generación adulta se queja y maldice a los jóvenes". Hasta el punto de que "en la Antigua Grecia y en la Roma clásica ya se decía que la civilización moriría por culpa de los jóvenes". "No es cierto", puntualiza, como ha demostrado obviamente el devenir de los siglos. Para Falcón, "claro que hay motivos de queja y de pesimismo". Ahora bien, especifica, "cuando dirijo mi mirada al mundo adulto, ese pesimismo también sale, e incluso con mayor gravedad", señala. Por cierto, advierte de que "los adultos también fueron educados en colegios y en un sistema educativo que supuestamente funcionaba mejor".

¿Y cuál es esa mirada de Falcón sobre la juventud? "Llevo 33 años trabajando con adolescentes. Han pasado por mis aulas dos generaciones y media, casi tres. Y esta generación sí que tiene algo que yo no había percibido antes: unescenario de futuro más duro que los precedentes". Sus chavales, según sus propias palabras, "son la primera generación de la edad moderna que se enfrentará a una grave crisis de civilización". El cambio climático, insiste, lo altera todo.

"En el escenario duro con el que esta generación va a tener que lidiar, también va a tener que aprender nuevas maneras de organizarse. Ninguno de los adultos que trabajábamos con la juventud española a finales de los 90 y principios de los 2000 sabíamos que en 10 años se iba a enfrentar a una de las crisis más graves del capitalismo. Y no imaginábamos que una parte de esos jóvenes iba a dar una respuesta social a través del 15-M".

Hay algo que reivindica este profesor: mirar más allá del ruido. Porque puede haber chicos que lancen proclamas machistas, que sean negacionistas del cambio climático o que vivan para hacer tiktoks con la única aspiración de convertirse en gymbros. "También hay de estos entre los adultos", matiza. Ahora bien, Falcón cuantifica estos jóvenes en un 30%: "Antes hablábamos de una minoría silenciosa, cuando hoy es una minoría que hace mucho ruido".

"No soy partidario de la rapidez, el meme y el jueguecito gracioso, creo en la escuela como lugar de resistencia cultural"

Y, de nuevo, pone a sus estudiantes como ejemplo: los hay que en sus Cartas al director publicadas en los periódicos instan a los políticos a actuar frente a la emergencia climática, muestran su preocupación por el impacto de la inteligencia artificial o reclaman un currículo académico adaptado a la vida real. "El 30% activo -porque el otro tercio es indiferente- es el que introduce el cambio social", subraya Falcón, que pide no olvidar que, pese a todo, la juventud actual es, por ejemplo, mucho más feminista.

Lo que paradójicamente no ve Falcón es un aumento del fervor religioso entre los jóvenes. ¿Hay un auge de la fe y la espiritualidad entre la llamada generación Z? "No hay un regreso de la espiritualidad entre los jóvenes. Creo que es algo falso y fruto del meme. No ha habido ningún despertar de la religiosidad, aunque Rosalía haya publicado no sé qué". Y añade: "La espiritualidad forma parte del ser humano. No nos creamos que ahora está de moda porque hayan salido cuatro productos culturales que inciden en lo religioso".

Lo que inquieta de verdad a quien ni siquiera tiene móvil -"es una manera de estar en el mundo, pero no hay que darle importancia"- es la adicción a las pantallas. "Me preocupa mucho como educador el fenómeno cultural de la falta de atención, que es algo que está pasando en el mundo adulto y que se refleja en el joven", dice Falcón. "Un niño al que le hemos dado una pantalla para que no moleste es un niño al que ahora educaMark Zuckerberg. [El fundador de Facebook]. Es uno de los grandes educadores del siglo XXI y, por tanto, mi rival".

Falcón apunta a una obviedad: "El algoritmo no trabaja desde la amabilidad, la reflexión o la contemplación". Y por eso, desliza, "la escuela es un lugar de resistencia. Como el monasterio medieval, donde la cultura iba lenta en un mundo dominado por la barbarie, la ignorancia y los señores de la guerra".

Y si muchas veces se ha criticado al sistema educativo por pretender que chicos y chicas del siglo XXI aprendan tal y como lo hacían los jóvenes en el XIX, ahí va la reflexión de este poeta profesor: "A lo mejor necesitamos islas de silencio. A lo mejor tenemos que insistir en determinados saberes desde perspectivas tranquilas y serenas. Por eso no soy partidario de introducir en el aula la rapidez, el meme y el jueguecito gracioso superficial. Creo en el papel de la escuela como lugar de resistencia cultural porque, cuando las organizaciones sociales o la misma familia entran en crisis, la escuela se convierte en una institución sobre la que recaen un montón de demandas".

"En 58 años no he sufrido ninguna agresión física, pero sí agresiones intelectuales"

También es crítico con determinados "posicionamientos didácticos". Modas pedagógicas que, por ejemplo, "no se centran en conectar la literatura con la vida" (sostiene que "la literatura, si no tiene que ver con la vida, es un arte muerto"). O que su único enfoque es lograr que el alumno saque buenas notas en las pruebas de acceso a la universidad ("a mis chavales les digo que la vida, gracias a Dios, no es un examen"). "A lo mejor estoy equivocado, pero me parecen perspectivas mediocres".

Y avisa contra los adalides de la gamificación en la escuela: "Si vamos a convertir la escuela en un meme, perderemos la educación en competencias". Pero también contra "aquellos que reivindican esa forma tradicional de clase magistral basada en la transmisión de contenidos". Se olvidan, dice Falcón, de que "para que haya una clase magistral tienes que ser un maestro". Y "profesores somos muchos, pero maestros hay pocos". Maestro al menos entendido como esa figura que "sobrepasa el buen hacer del oficio".

Por el contrario, a Falcón no le preocupa tanto la irrupción de la inteligencia artificial en las aulas. Asegura que los docentes tienen herramientas para esquivar el "mal uso" de la IA entre el alumnado. "Recuerdo cuando se introdujo internet en el mundo educativo. ¡Aquello era un escándalo! Pues al final nos ha dado herramientas de mejora".

¿No es de los que piensan que la IA contribuirá a la idiotización de la sociedad? "La idiotización también se consigue sin inteligencia artificial". Falcón va más allá. Ahora que elucubramos sobre si la distopía de 1984 ha acabado por cumplirse, él deja caer que tal vez George Orwell se equivocó. ¿Y si en realidad no hace falta reescribir los libros como hacía el Ministerio de la Verdad para reformular la historia y adaptarla a la verdad del poder? ¿Y si basta con que la gente simplemente no quiera leer? "Quizás no había que ocultar la verdad, sino dar a la gente memes para que en un mar de irrelevancia nadie quiera descubrir la verdad".

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