Harvard, en la mira de Trump: la batalla por la democracia y la educación superior
Hızlı Bakış
- El profesor Randall Kennedy compara la presión de la administración Trump sobre Harvard con la crisis de 1968, defendiendo la democracia frente al control gubernamental.
- La universidad resistió amenazas financieras y exigencias ideológicas, pero la batalla continúa.
Yapay zekâ özeti
Neden Önemli?
El profesor Randall Kennedy compara la actual presión gubernamental sobre Harvard con la crisis de 1968, argumentando que la democracia está en peligro. La universidad se ha enfrentado a la administración Trump por cuestiones ideológicas y de admisión de estudiantes.
Al acabar una larga conversación en su desordenado despacho de la Escuela de Derecho de Harvard, el profesor Randall Kennedy echa la vista atrás y dice: “¿Sabes? Yo recuerdo lo que pasó en este país en 1968 porque lo viví. Mataron a Martin Luther King. Luego a Robert F. Kennedy. Había disturbios en las calles. Mucho miedo. Se celebraron unas elecciones en las que Nixon venció por poco a Humphrey. ¿Alguien serio pensaba entonces que no se fueran a contar los votos? ¿Que el perdedor no reconociera la derrota? ¿Temíamos una reacción del ejército? ¡No! Que no me digan que lo que estamos viviendo es normal, porque no lo es. Lo que está en peligro ahora es la democracia, evitar que el Gobierno controle todas las instituciones. Y, en esta batalla, va a ser clave lo que ocurra en esta universidad”, dice de carrerilla este reputado profesor, que lleva una camiseta con la cara del abolicionista William Lloyd Garrison, una de sus personas favoritas de la historia.
A punto de comenzar el verano, Kennedy no se ha movido de su despacho atestado de libros, cuadernos de notas, fotos y diplomas académicos. Se ha quedado para ultimar un libro en el que aborda lo que ha vivido esta universidad en los últimos 15 meses. El texto ya tiene título: El asedio de Harvard. Pero es muy probable que vaya a imprenta sin conocer el capítulo final de la historia, sencillamente, porque aún está por escribir.
A lo largo de este último año, Harvard ha logrado resistir la arremetida de la Administración de Donal Trump. Pero es pronto para decidir quién ganará la guerra entre el Gobierno más poderoso del mundo y la universidad más rica y prestigiosa del país, que en una década cumplirá 500 años de historia.
En lo más duro de la batalla, Harvard se plantó y dijo no. Se arriesgó a perder 2.200 millones de dólares (unos 1.900 millones de euros) de financiación federal al negarse a aceptar las exigencias del Gobierno en asuntos como la admisión de estudiantes extranjeros, la lucha contra todo lo que oliera a apoyo a las minorías o lo que los republicanos tildan de ideología woke. Y lo hizo en un momento en el que medios de comunicación como ABC y CBS, grandes bufetes de abogados y universidades como la de Pensilvania y Columbia sí accedían a los deseos del presidente. Entonces, según recuerda el profesor Ricardo Hausmann, reinaba un “pánico absoluto”.
Los responsables de la Escuela Kennedy donde este venezolano enseña desde hace más de 20 años temían que se cancelaran los visados de todos los estudiantes extranjeros, que en esta escuela de políticas públicas son más de la mitad del alumnado. El claustro ya estaba preparado para volver a la época de la pandemia y dar todas las clases online.
Pero la sangre finalmente no llegó al río. Los escenarios más pesimistas no se cumplieron. Los estudiantes internacionales han seguido llegando. Y la financiación federal no se cortó, sobre todo gracias a que los tribunales pararon los pies al presidente de Estados Unidos.
“Negarse a aceptar la extorsión fue sumamente importante. Porque entonces el Gobierno se veía con energía y poder. Y Harvard fue de los pocos que supieron aguantar. Pero la universidad sigue inmersa en una auténtica batalla. Y mi temor que es finalmente llegue a un acuerdo, quizás no tan ofensivo como el que buscaba Trump hace un año, pero en el que claudique en ciertos aspectos”, continúa Kennedy.
Elevar la presión
Porque, pese a los traspiés judiciales que ha sufrido, el Gobierno ha continuado elevando la presión en su objetivo general de hacerse con el control de la educación superior, guerra en la que Harvard era la pieza más preciada. El pasado marzo, el Departamento de Justicia demandó a la universidad por vulnerar los derechos de estudiantes judíos e israelíes a los que supuestamente no protegió al permitir las manifestaciones contra la política de Benjamín Netanyahu tras el inicio de la guerra en Gaza en 2023. Además, Trump anunció en febrero que reclamaría a Harvard 1.000 millones de dólares por “daños y perjuicios”, una acusación genérica que no supo ni concretar ni explicar por qué pedía esa cantidad y no el doble o la mitad. Con esta estrategia, el Gobierno amenaza una de las fuentes de riqueza y prosperidad de este país al menos en el último siglo: su extraordinaria capacidad de atraer talento de todo el mundo.
Como señala Steve Levitsky, que además de autor de Cómo mueren las democracias enseña aquí Estudios Latinoamericanos, es imposible saber si los nuevos anuncios significan que el asedio contra Harvard va a continuar en el próximo curso o si Trump, distraído en asuntos como Irán o las elecciones de medio mandato de noviembre, tiene ahora otras prioridades: “Esta es una Administración muy caótica, incoherente y fragmentada internamente, un Gobierno muy personalista, dirigido por muchos ineptos que compiten para complacer al jefe. Resulta muy difícil identificar cualquier tipo de estrategia a medio o largo plazo. Creo que cada día se levantan y deciden qué hacer”.
Lo que parece evidente es que el republicano no debe estar satisfecho al no haber conseguido el objetivo que se marcó cuando volvió a la Casa Blanca: dar la vuelta como a un calcetín a esta institución centenaria.
El ambiente estos días en Cambridge, la pequeña población pegada a Boston que acoge a Harvard, es muy distinto al de hace un año. Ya no reina el pánico. Cada nuevo anuncio se interpreta como parte de la cansina cacofonía de esta Administración. Aquí ahora hay pocas personas que sigan al día de todas las demandas y amenazas que llegan de Washington. Pero eso no quiere decir que no haya cambiado nada.
Intranquilidad por los recortes
Primero, porque la intranquilidad continúa. Como la que siente Elizabeth Dabek ante las medidas de ahorro. Esta investigadora de 30 años ha visto cómo su contrato se reducía a la mitad. Ha tenido que crear una empresa para redondear unos ingresos con los que no llegaba a fin de mes. “Muchos estudiantes de posgrado de mi laboratorio quieren convocar una huelga ante unas condiciones cada vez peores con un coste de la vida que no para de subir. Y eso que Harvard suele pagar mejor que otras universidades”, asegura Dabek. En el último año, la universidad acometió profundos recortes y despidos ante lo que pudiera traer el futuro. Y lo hizo pese a las saneadísimas cuentas que tiene gracias a un fondo de reserva que el año pasado ascendía a casi 57.000 millones de dólares (unos 50.000 millones de euros).
Y segundo, porque la institución que preside Alan Garber sí ha dado algunos pasos que podrían interpretarse como un intento de calmar la furia de Trump. Como descabezar al Centro de Estudios de Oriente Próximo. O arremeter contra las protestas estudiantiles. O suprimir cualquier actividad que pueda percibirse como defensa de la causa palestina. Es, en palabras de Levitsky, una de las personas que mejor han estudiado el proceso por el que las democracias se deslizan por la peligrosa pendiente del autoritarismo, la estrategia del niño al que sus padres le dicen que ordene su habitación y responde: “Vale, pero lo hago porque quiero, no porque tú me lo digas”. “Garber ha seguido una estrategia inteligente, que ha funcionado, pero ha tenido sus costes. Harvard sigue actuando con miedo. Siendo muy cautelosos para que no se le perciba como demasiado woke o demasiado propalestino, algo que creo que es un error”.
En Harvard es difícil encontrar voces a favor de la Administración de Trump, pero no imposible. Voces conservadoras sí que creen que la ideología izquierdista se había implantado demasiado, haciendo cada vez más difícil debatir en la libertad. Es el caso de Milton -nombre ficticio, ya que prefiere no revelar su identidad-, un estudiante de ciencias que aprovecha el buen tiempo para comer al aire libre de un tupper que ha traído de casa. “Algunas críticas tenían sentido. En China hay universidades de élite destinadas a formar a sus jóvenes y a nadie le extraña. ¿Por qué aquí no ocurre lo mismo? También creo que la calidad de la enseñanza ha decaído por la captura ideológica por parte de la izquierda”, asegura, reconociendo que muchas veces choca con sus compañeros por sus opiniones.
La mayor parte de estudiantes y profesores de Harvard están estos días fuera del campus, descansando de un año que ha sido agotador. Los que quedan dedican su tiempo a preparar artículos o a cursos de verano. Saben que el próximo curso tampoco será fácil. Los éxitos que Trump ha logrado para dibujar un panorama mediático a su favor —como la inminente fusión de Paramount y Warner en un gigante controlado por sus amigos Larry y David Ellison— no se han trasladado a todas las universidades. La cuestión no es tanto si volverá a la carga. Si no cuándo y cómo.
Bundan Sonra Ne Olabilir?
Yapay zekâ öngörüsü — kesinlik taşımaz
El gobierno de Trump continuará elevando la presión sobre Harvard y otras instituciones educativas.
Muhtemel
Harvard podría claudicar en ciertos aspectos para evitar mayores conflictos financieros y legales.
Olası · Orta vadede
Açık Sorular
- ¿Continuará el asedio contra Harvard el próximo curso?
- ¿Claudicará Harvard en aspectos clave ante la presión gubernamental?
- ¿Cómo afectarán las acciones de Trump a la atracción de talento global?




