Mirra Andreeva alcanza las semis en Madrid y revela su lucha contra la presión
La rusa de 17 años, tras superar a Leyla Fernandez, habló de su crisis emocional en octavos: «Quería demostrarme a mí misma que estaba equivocada»
Hızlı Bakış
- La rusa Mirra Andreeva, número ocho del ranking WTA, alcanzó este martes las semifinals del Masters 1000 de Madrid al derrotar a la canadiense Leyla Fernandez (7-6(1) y 6-3).
- La jugadora de 17 años, nacida en Krasnoyarsk y formada en la academia de Patrick Mouratoglou en Cannes, logró su primera semifinal en un WTA 1000 desde marzo de 2024.
- Andreeva, que trabaja con la española Conchita Martínez desde 2024, reveló que tras el partido de octavos tuvo una crisis emocional tras dominar 5-1 en el tercer set y casi perder, gritándose a sí misma que no era una campeona.
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Mirra Andreeva irrumpió en el circuito WTA con apenas 15 años en 2023, alcanzando la cuarta ronda en Madrid. Desde entonces ha escalado hasta el top 10, ganando dos WTA 1000 (Dubái e Indian Wells) y alcanzando una semifinal en Roland Garros 2024.
Se comenta estos días en todos los rincones de la Caja Mágica la fantástica explosión de Rafa Jódar. El madrileño, 19 años, es el tercer tenista nacido en 2006 —tras Martín Landaluce y João Fonseca— que pisa unos cuartos de final de un Masters 1000, donde se medirá el miércoles con el número uno del mundo, Jannik Sinner. Antes de que esta generación de chicos comenzara siquiera a asomar la cabeza en la élite del tenis, en Madrid ya había despuntado en 2023 una adolescente del 2007 que por entonces solo tenía 15 años. Mirra Andreeva fue un talento tan precoz que esa temporada firmó una cuarta ronda en el torneo del barrio de San Fermín. En 2024 y 2025 escaló hasta el antepenúltimo escalón y en esta edición ha alcanzado por primera vez las semifinales tras superar este martes a la canadiense Leyla Fernandez (7-6(1) y 6-3, 1h 44m). El jueves tendrá enfrente a la vencedora del duelo de esta noche entre la número uno del mundo y tres veces campeona en la Manolo Santana, Aryna Sabalenka, y la estadounidense Hailey Baptiste. Andreeva —diestra, revés a dos manos, 1,75 metros de estatura y mucha movilidad— ya es la número ocho del ranking, y el año pasado logró incluso ser la quinta, cuando venció en los WTA 1000 de Dubái e Indian Wells, los dos grandes títulos que ha levantado en su aún corta carrera como tenista. La rusa nació y se crio en Krasnoyarsk pero se cinceló en la academia de Patrick Mouratoglou en Cannes. La suya fue una irrupción tan prematura que hasta que cumplió la mayoría de edad ni siquiera podía ir a todos los torneos que quería debido a la normativa de la WTA —la Women's Tennis Association, el ente rector del circuito femenino—, que limita los eventos a los que pueden asistir las menores para evitar que se carguen de partidos y sufran una sobreexposición demasiado elevada. Los éxitos de Dubái e Indian Wells llegaron menos de un año después de que empezara a trabajar con Conchita Martínez. La española, que dirigía a Garbiñe Muguruza cuando la hispanovenezolana conquistó la arcilla de París (2016) y la hierba de Londres (2017), decidió en 2024 apuesta por unirse a un diamante en bruto, una jugadora talentosa y versátil en estos tiempos en los que la potencia y los cañonazos son el registro mayoritario en el circuito. Antes de alzar los dos WTA 1000, Andreeva ya se había convertido en mayo de 2024 en Roland Garros en la semifinalista más joven de un Grand Slam desde que Martina Hingis —cinco grandes— alcanzase la penúltima ronda del US Open en 1997. A la rusa, sin embargo, le ha costado lidiar en el último año con las expectativas que pesan sobre ella en un deporte tan mental como el tenis. Desde que en marzo del año pasado levantó Indian Wells, Andreeva no había pisado las semifinals de un WTA 1000 ni de un Grand Slam. En la tierra batida de Madrid, su superficie favorita, su juego ha vuelto a elevarse. Por el camino hacia las semifinals se ha deshecho de Udvardy (78ª), Galfi (117ª), Bondar (63ª) y Fernandez (25º). Solo en octavos se dejó un set ante la húngara. Su frustración fue máxima cuando dominaba 5-1 la tercera manga y vio cómo Bondar igualaba el marcador. «¡No soy una campeona! ¡No soy una campeona! ¡No! ¡Voy a perder! ¡Voy a perder!», estalló cuando estaba sentada en la silla. Después se impuso en el tie-break y rompió a llorar tras el triunfo. Preguntada hoy por la escena en la que se reprochaba a sí misma con dureza haber dejado entrar a su rival en el partido, Andreeva explicó hoy tras superar a Leylah Fernández: «Quería demostrarme a mí misma que estaba equivocada. Ayer lo intenté, pero por alguna razón, incluso después de ganar, me sentí bastante negativa conmigo misma por haber llegado a esa situación. Hoy simplemente intenté darle la vuelta a la situación y evitar que volviera a suceder. Siento que lo hice mejor hoy. Aun así, obviamente en algunos momentos también me emocioné bastante. Es un partido de tenis y a veces pueden pasar cosas, pero lo más importante es cómo lo manejas y cómo te recuperas para el siguiente punto. Siento que hoy lo hice mucho mejor que ayer».
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- ¿Podrá Andreeva ganar el torneo de Madrid?
- ¿Cómo afectará esta victoria anímica a su rendimiento futuro?
- ¿Llegará a enfrentar a Sinner o Sabalenka en la final?





