FIFA revierte suspensión de Balogun tras llamada de Donald Trump, evocando precedente de 1962
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Donald Trump intervino ante Gianni Infantino para revertir la suspensión de Folarin Balogun, expulsado en un partido del Mundial, marcando la primera vez desde 1962 que un jugador expulsado puede jugar el siguiente partido por presión presidencial, no por juicio deportivo.
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Donald Trump llamó a Gianni Infantino para revertir la suspensión de Folarin Balogun, expulsado en un partido del Mundial, un hecho sin precedentes desde 1962.
Hay una verdad que el fútbol guardó en un cajón durante 64 años: 1962, Chile. Garrincha había sido expulsado en la semifinal contra la selección local, por propinarle un puntapié descalificador a Eladio Rojas. Cuando marchaba rumbo al vestuario, un proyectil lanzado desde la tribuna impactó en el jugador de piernas chuecas, el más elogiado de esa Copa del Mundo y figura clave en el Brasil que se consagraría bicampeón.
El Tribunal lo sancionó con suspensión automática para el siguiente partido. El presidente chileno, Jorge Alessandri intervino directamente ante Stanley Rous, titular de la FIFA, invocando a lo que se llamó un “clamor popular” para que el genio de la verde amarelha pudiera jugar la final contra Checoslovaquia. La FIFA cedió y Brasil ganó su segundo título mundial. El episodio quedó sepultado bajo la gloria del resultado, que es la manera más eficiente de olvidar una irregularidad.
Este domingo Donald Trump llamó a Gianni Infantino para pedirle que revisara la suspensión de Folarin Balogun, expulsado ante Bosnia y Herzegovina, y la FIFA cedió de nuevo. La primera vez desde 1962, un jugador expulsado puede jugar el partido siguiente en plena disputa de una Copa del Mundo no por razones de juicio deportivo sino de presión presidencial. El cajón se abrió solo.
La diferencia entre ambos episodios no está en el resultado sino en la desnudez del mecanismo. Alessandri al menos construyó un argumento poético: el clamor del pueblo, la emoción de un Mundial en casa, la figura irreemplazable de Garrincha como patrimonio del fútbol mundial. Tenía razón en el fondo, aunque no en la forma. Trump no necesitó poesía. Simplemente levantó el teléfono e Infantino atendió. La FIFA publicó un comunicado citando el Artículo 27 de su código disciplinario, que permite suspender parcial o totalmente una sanción, un artículo que existía antes del partido y que nadie había aplicado en este torneo hasta que el presidente anfitrión marcó el número del cuestionado dirigente suizo.
Después, Trump escribió en Truth Social: “¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!”, sin mencionar la llamada que tres fuentes confirmaron al New York Times, a EL PAÍS y a las agencias AP y AFP. Lo que no se dice en voz alta no existió. El fútbol conoce esa lógica, ya aplicada por el mismo mandatario para limitar la capacidad competitiva de la selección de Irán, que jugó la Copa del Mundo bajo inaceptables condiciones.
La tarjeta roja a Balogun fue polémica, es cierto. El foul al bosnio Tarik Muharemović era un contacto que en la mayoría de las ligas europeas se hubiera resuelto con una falta simple. El VAR lo convirtió en expulsión al verlo en cámara lenta. Lo que es difícil de sostener en paralelo es que Lionel Messi hizo en el primer partido de Argentina un movimiento similar y no recibió ninguna sanción. El fútbol aplicó dos sanciones distintas en el mismo torneo. Pero la solución debería ser corregir el sistema, unificar criterios o, simplemente, debatir seriamente sobre el tema. Lo que hizo Trump, con la complicidad entusiasta de Infantino, no fue justicia. Fue poder ejercido sin disimulo en el evento deportivo más visto del planeta.
أسئلة مفتوحة
- ¿Qué implicaciones tendrá esta intervención para la autonomía de la FIFA?
- ¿Se revisarán otros casos de sanciones polémicas en el torneo?
- ¿Cómo afectará esto la percepción pública de la integridad del fútbol?






