Rayo Vallecano's European Journey Ends in Leipzig, Supported by Family and Fans
نظرة سريعة
Rayo Vallecano's European campaign concludes in Leipzig, with players' families and loyal fans like Lola, who travels in memory of her late husband, showing unwavering support.
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Lola espera ante la puerta de embarque que marca el final del camino de Rayo Vallecano en Europa: Leipzig. «¡Cómo está tu hijo! Mira, te has dejado una trencita como él», le dice al padre de Sergio Camello, Juanjo, mientras le planta dos besos. Son familia, familia futbolera, porque Lola es una fiel de la franja y no hay nadie en el estadio de Vallecas que no la conozca y que no haya probado las magdalenas que ayer repartía a los familiares de los jugadores. Lleva la camiseta puesta con un dorsal que es el motivo por el que subía al avión camino de Alemania, como ha hecho por media Europa en esta Conference. No es Trejo ni su Isi Palazón ni Ciss ni Álvaro García. Es Antonio, su marido.
Murió hace un año, antes de que el Rayo se metiera en Europa, pero estaba absolutamente seguro de que lo lograrían y de que él cumpliría su sueño de acompañarles. Lola lo hace por él y no hay jugador ni fiel de Vallecas que no conozca su historia. Como club de barrio que es, el Rayo viajó con su gente, familias, aficionados y hasta prensa, algo cada vez más inusual. Naturalidad ante todo. Había padres, mujeres, algunas, como la de Jorge Frutos, embarazadas. Esa normalidad es la que mostraron los hijos de Íñigo Pérez lanzándose a los brazos en cuanto lo vieron aparecer en el aeropuerto.
Los niños que, sin ser conscientes del significado de lo que iban a vivir, destensaron el gesto del entrenador, a quien le quedan pocas horas en Vallecas. Otro aficionado con solera -aunque de Coslada- , le pregunta si se marchará a un equipo que viste de amarillo. Él solo sonríe. Primero tiene que acabar su trabajo en el Rayo. Y eso supone volver con la Conference bajo el brazo. Eso sí, el viaje no lo hizo en Primera. No había sitio para toda la plantilla y él, junto a su staff y a Fran Pérez, que no está inscrito en la competición desde enero, se sacrificaron y fueron en las primeras filas de turista.
Parecía buen presagio que el avión de Air Europa se llamara Julio Iglesias. En esa primera fila también estaba el presidente del Rayo, Raúl Martín Presa, con una camiseta negra informal. Junto a él, Juan José Hidalgo, presidente de la compañía Globalia, a la que pertenece Air Europa. Quien fue dueño del Salamanca sabe valorar más que nadie lo que cuesta que un equipo de barrio -que no sea londinense- se pasee por Europa y se cite con la historia en una final. Presa no estuvo solo. Algún personal de su empresa le acompañó, incluida su secretaria, que mantuvo a raya a Pathé Ciss y Mendy, no en vano habla hasta tres idiomas africanos y le hacen caso como si fuera la jefa cuando le pide al senegalés que le firme una sudadera de la Copa África, aunque esté en cuestión si fue o no campeón.
Los dos senegaleses fueron los primeros en levantarse iniciado el vuelo. Iban y venían a saludar a familiares, suyos y de sus compañeros. Porque todos son familia, se hacen selfies, y comparten mate, que no falta en el séquito del Pacha Espino ni en el de Óscar Trejo, como buenos argentinos.







