Veinte años después de los incendios del Empordà, el riesgo de un gran fuego es mayor
نظرة سريعة
- Hace 20 años, el Empordà sufrió incendios que quemaron 2.000 hectáreas.
- Expertos advierten que el riesgo de un gran fuego es ahora mayor debido a la acumulación de combustible forestal y la falta de gestión, a pesar de la mejora en la extinción.
- Se critica la inacción de administraciones y particulares.
ملخص مُنشأ بالذكاء الاصطناعي
لماذا يهم
Hace 20 años, el Empordà sufrió una serie de incendios que quemaron cerca de 2.000 hectáreas, la mayoría intencionados, lo que generó un debate sobre la gestión forestal y la protección de urbanizaciones.
Ahora hace 20 años, en un episodio de fuerte calor, vegetación seca por la escasez de lluvias y un viento de tramontana que se alargó durante dos semanas, en el Empordà quemaron cerca de 2.000 hectáreas en una sucesión de nueve fuegos entre los días 3 y 7 de agosto. La mayoría fueron originados por la mano del hombre, como lo son el 90% de los incendios que se registran en Catalunya. El mayor de aquel episodio del 2006, el que se originó en Ventalló y quemó unas mil hectáreas de varios municipios entre el Alt y el Baix Empordà, según datos de los Agents Rurals, fue intencionado. No hubo daños personales, pero sí materiales y surgió el debate de mejorar la gestión forestal, la recuperación del paisaje mosaico y proteger las urbanizaciones. Unos planteamientos que se repiten cada vez que hay un gran fuego, como el que a principios de julio quemó unas 2.200 hectáreas en el macizo de las Gavarres y que se ha convertido, de momento, en el más importante en lo que llevamos de verano en Catalunya.
Quim Guàrdia trabajaba en el 2006 como bombero en Llançà, cuando lo derivaron al fuego de Cistella, que el 4 de agosto quemó entre este municipio y Terrades. Preguntado sobre si la situación se puede volver a repetir en aquel territorio, lo tiene claro. “Es cuestión de tiempo que un incendio grande se vuelva a repetir”, asume. Guàrdia pone el foco en la gran cantidad de combustible que vuelve a haber dos décadas después de aquel incendio. “Todos tenemos una parte de culpa, las administraciones y los particulares; tenemos que remar en el mismo sentido”, dice Guàrdia, miembro ahora de la Agrupació de Defensa Forestal Puig Segalar, que se constituyó en el año 2016. “Tenemos un bosque inmenso y muy denso que ha crecido en hectáreas y que se ha regenerado a su aire, a cada palmo hay un pino, la prevención pasa por sacar combustible, pero al particular no le sale a cuenta”, dice. Eso explica, por ejemplo, porque solo el 1% de los propietarios forestales de la zona han optado por hacer un clareo y franjas de protección, tal como los proponía el ADF que durante este tiempo ha hecho un trabajo de apertura de caminos y de mantenimiento de pistas y limpieza. “Los bosques están sucios, una ADF con voluntarios no lo puede arreglar, la subvención que tenemos nos da para comprar cuatro máquinas y poco más; se tiene que hacer un plan de limpieza de bosques público o privados”, dice Montse Pala, miembro también del ADF.
A pesar del trabajo hecho, hay más peligro de un gran fuego ahora que hace 20 años, asume el presidente del Consorci Forestal de Catalunya, Rossend Castelló, que pone cifras al dispendio que supone para un propietario limpiar las montes. “Una hectárea del suelo ronda los 1.500 euros; limpiar la zona, entre 2.000 y 3.000,” dice Castelló que pone deberes tanto a los particular para que hagan trabajos de prevención a las fincas, pero también a la administración para impulsar la bioeconomía potenciando por ejemplo, la construcción con madera de los bosques catalanes, sin necesidad de tener que importarla de Austria, el País Vasco o Grecia. Hay que tener en cuenta que el 65% de la superficie de Catalunya es forestal y el 77% es privado. “Al margen que un particular no obtenga beneficios de la gestión del bosque, muchos ni siquiera saben que han heredado una parcela”, afirma la alcaldesa de Viladamat, Dolors Pons. Los ayuntamientos intentan mantener los tramos de bosques públicos limpios. En Capmany, donde en el 2006 se quemaron 400 hectáreas por una negligencia, se abrieron franjas perimetrales en torno a los núcleos habitados, sobre todo a partir del año 2012 con el devastador incendio que quemó más de 10.000 hectáreas en el Alt Empordà. “ Pero en general, el bosque cada vez está menos limpio y más susceptible de ser combustible”, dice el alcalde Joan Fuentes. En la Tallada d’Empordà cada año destinan una partida a la limpieza de fincas municipales, a crear zonas de protección de núcleos habitados y a desemboscar caminos. La alcaldesa, Maria Dolors Guàrdia, explica que algunos particulares se han sumado a la limpieza de las fincas y en algunos casos han sustituido el pino carrasco por olivos y encinas, con menos capacidad de combustión. Son pocos. “Es un gran problema, hay mucha masa forestal y no hay bastantes ayudas”, dice el alcalde de Sant Climent Sescebes, Marc Sala.
La necesidad de gestionar mejor los bosques se demuestra claramente como la gran asignatura pendiente. En cambio, la gestión del incendio por parte de los bomberos ha dado un salto adelante. Aquellos fuegos pusieron a prueba su capacidad en un episodio de simultaneidad como el que hubo. El bombero Jordi Martín, que ahora es jefe de la región de emergencias de Girona, tenía 26 años en el 2006 cuando intervino en los fuegos del Empordà. “Una de las grandes lecciones aprendidas es que no queríamos tener dos incendios grandes”. Una simultaneidad que entonces se dio solo en el Empordà, pero que este verano ha vivido Catalunya. Otra lección es que las carreteras o autopistas ya no eran elementos determinantes para ayudar a apagar el fuego. “Vimos que los focos secundarios saltaban las carreteras”, recuerda Martín sobre aquel incendio de quinta generación ( por la simultaneidad) y que obligó a cortar a la N-II y la autopista.
Hace 20 años todavía no se hablaba de los incendios de sexta generación, aquellos que son capaces de alterar las condiciones meteorológicas de su entorno y que superan la capacidad de extinción de los bomberos, que van acompañados de cambios repentinos de la dirección del viento. “En estos 20 años los bomberos tenemos más conocimiento, sabemos cómo se comportan y cómo interactúan con la atmósfera y también cómo proteger a la población”, explica, si bien reconoce que “en el 2006 con los medios que teníamos se hicieron bien las cosas”.
En este apartado, el de la protección, las nuevas tecnologías han puesto a disposición de la población herramientas como el ES-Alert. El término confinamiento no se había generalizado. Imágenes como las que ilustran este reportaje con vecinos luchando con cubos contra el fuego son ahora más difíciles de ver. La tecnología ha dado un paso adelante. Aquellos días en el Ayuntamiento de Viladamat no se disponía ni de Internet ni de fax.
ما الذي يجب مراقبته
توقعات الذكاء الاصطناعي — احتمالات وليست حقائق
Un incendio forestal de gran magnitud se repetirá en el Empordà.
مرجح · خلال أشهر
أسئلة مفتوحة
- ¿Se implementará un plan de limpieza de bosques público o privado a gran escala?
- ¿Cómo se incentivará a los propietarios privados a gestionar sus fincas forestales?
- ¿Qué medidas concretas se tomarán para reducir el combustible forestal en el Empordà?



