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La crisis energética por el cierre de Ormuz obliga a medidas de hace 50 años
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El País Internacional21.05.2026Energy6 dk okumaSpain

La crisis energética por el cierre de Ormuz obliga a medidas de hace 50 años

En resumen

  • El cierre del estrecho de Ormuz provoca una crisis energética global, recordando a los embargos de los años 70.
  • Europa y Asia son las más afectadas, con subidas del petróleo y queroseno, y una caída en la demanda.

Resumen generado por IA

Por qué importa

El estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el transporte de petróleo, ha sido cerrado, provocando una crisis energética global. Esta situación recuerda a las crisis de los años 70, con Europa y Asia siendo los continentes más afectados. A pesar de la menor dependencia del petróleo en comparación con entonces, la escasez actual es significativa.

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Once semanas después del primer cierre de Ormuz, muy pocos barcos osan cruzar el estrecho con petróleo o gas a bordo. Y los que lo hacen ―con cuentagotas, a hurtadillas y con el transpondedor apagado, para que no se pueda detectar su posición en tiempo real―, son insuficientes para conjurar una crisis energética que, cortesía de Donald Trump, Benjamín Netanyahu y los ayatolás, está obligando al resto del mundo a aplicar medidas que remiten a cinco décadas atrás.

Europa y Asia, por mucho los continentes más impactados, sufren estos días una incertidumbre que recuerda a los años setenta del siglo pasado, cuando el severo embargo a Occidente aplicado por los países árabes del cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) cortocircuitó la cadena de suministro de carburantes y el crudo cuadruplicó su precio en pocos meses. Aquella crisis, la de 1973 ―seguida por otra sacudida seis años después, con la revolución iraní―, quedó grabada a fuego para muchas generaciones.

La situación actual está lejos de llegar a esos niveles de dramatismo: el petróleo acumula una subida cercana al 60%, el queroseno ―auténtico nudo gordiano hoy― ha llegado a duplicar su precio para debilitarse en los últimos días y la economía, en fin, es mucho menos intensiva en petróleo que entonces. Pero la sacudida, superior incluso a la invasión rusa de Ucrania, que hizo mucha mella en el gas y mucho menos en el crudo, está obligando a hacer malabares para garantizar un suministro que prácticamente se daba por hecho. Ya no: incluso después de aplicar todo el ingenio y los parches disponibles, siguen faltando 2,5 millones de barriles diarios, según los cálculos de la consultora geoestratégica Eurasia. Es, por ponerlo en contexto, más de lo que consume Alemania.

Los oleoductos del Golfo, fundamentales. El cierre de Ormuz es un golpe durísimo para una región acostumbrada a canalizar el grueso de sus bombeos por barco. Pero esa no es la única salida posible para las petromonarquías: dos tubos ―el Este-Oeste, con el que Arabia Saudí gana el mar Rojo y embarca el petróleo desde allí; y el Habshan-Fujairah, en plena fase de ampliación y que permite a Emiratos Árabes Unidos alcanzar el golfo de Omán― están siendo vitales para conjurar los peores escenarios de crisis.

Entre ambos tubos están permitiendo la salida que casi nueve millones de barriles diarios, algo menos de la décima parte de la demanda mundial y, también, la mitad de lo que canalizaba el estrecho antes del cerrojazo. Sin ellos, el escenario sería completamente distinto: el de crisis atroz, con el precio del crudo más cerca de los 200 dólares que de los 105 actuales.

América, gran reservorio global. A lomos de Estados Unidos y Brasil, ambos marcando estos días máximos históricos de bombeos, el continente está poniendo en el mercado casi la mitad de la oferta total. Sin ese paso al frente ―interesado, por supuesto: están haciendo dinero a espuertas―, el resto del mundo estarían teniendo enormes dificultades para cubrir el faltante dejado por Ormuz. Su concurso no solo es clave en crudo, sino también en carburantes ya procesados ―sobre todo, queroseno y diésel―, dada la potencia de tiro de sus refinerías.

“El aumento de las exportaciones de petróleo y derivados ha sido inmenso. Es el factor más importante [para evitar el peor escenario]”, sostiene por correo electrónico David Wech, economista jefe de la firma británica de análisis Vortexa.

Desplome en las importaciones de China y de la India. Entre febrero y mayo, según las cifras de Kpler, los dos países más poblados del planeta ―y también los dos principales clientes del Golfo― han reducido en 3,2 millones y 700.000 barriles diarios, respectivamente, los volúmenes de petróleo que compraban por barco. Casi cuatro millones de barriles por día, en total, que quedan libres en el mercado para que otros consumidores ―sobre todo europeos y de otras latitudes asiáticas― puedan cubrir lo que antes recibían a través de Ormuz.

“China está aprovechando su diversificación, con más carbón y energías renovables [en ambos casos, para reemplazar el gas natural del Golfo], al tiempo que tira de inventarios [petroleros] y maximiza las importaciones por tierra desde Rusia”, explica Wech. “Y tanto China como la India se han visto beneficiadas por sus altas importaciones anteriores a la guerra”.

En total, son 5,5 millones de barriles diarios los que los grandes importadores mundiales ―una categoría que además de a China y la India abarca a Japón, Corea del Sur y Europa occidental― han dejado de comprar desde el inicio de la guerra contra Irán. Sin este paso atrás, aquilatan Henning Gloystein y Gregory Brew, de Eurasia, en un análisis para clientes, sería “imposible explicar” por qué el precio del petróleo, pese al agujero, no ha pasado de los 120 dólares por barril en ningún momento de esta crisis.

Quema de inventarios (en tiempo récord). La primera medida que puso encima de la mesa la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para afrontar el cierre de Ormuz fue inyectar al mercado 400 millones de barriles de crudo procedente de las reservas estratégicas. Esa liberación, la mayor de la historia, calmó las aguas ―y los precios, aunque por poco tiempo―, al compensar parte de los 1.000 millones de barriles que la clausura del estrecho ha evaporado desde principios de marzo.

El problema es que ese colchón es finito: la propia AIE advirtió la semana pasada de que el mundo, empezando por los países ricos, estaba quemando los inventarios de crudo y carburantes ya refinados a una velocidad sin precedentes. Una señal más de que prácticamente nadie ―solo los petroestados de fuera del golfo Pérsico― puede permitirse llegar al verano con Ormuz cerrado.

Racionamiento y destrucción de demanda. Son las tres palabras clave cada vez que llega una sacudida energética. En 2022, cuando Vladímir Putin dio la orden de invadir Ucrania, la UE hizo un llamamiento claro a reducir el consumo de gas natural para evitar racionamientos. Lo consiguió: cayó un 13,5%, sobre todo en la industria pero también en hogares.

A otra escala, hoy se amontonan los indicios que apuntan en el mismo sentido, aunque con Asia como gran protagonista. Varios países del sudeste asiático, con Indonesia, Filipinas, Vietnam o Myanmar como ejemplos más claros, llevan semanas inmersos en planes de emergencia energética y racionamientos que parecían haber quedado en el olvido. Con un efecto que empieza a verse en las cifras: la AIE ya dibuja una caída de la demanda de casi 420.000 barriles diarios, modesta en términos porcentuales (-0,4%) pero que está poniendo su granito de arena para aliviar la tensión en prácticamente todos los derivados del petróleo. En lo que va de año ―incluidos los dos primeros meses, cuando no había impedimento alguno para el tránsito por Ormuz―, el consumo de gasolina baja en 164.000 barriles diarios; el de gas licuado del petróleo, muy popular en las cocinas de la India, en 152.000; el de diésel, en 70.000; y el de queroseno, en 18.000.

Qué observar

Perspectiva de IA — posibilidades, no hechos

  • El precio del crudo se mantendrá elevado mientras el estrecho de Ormuz permanezca cerrado.

    Muy probable · Medio plazo

  • Se implementarán más medidas de racionamiento y ahorro energético en Europa y Asia.

    Probable · Medio plazo

  • Aumento de la inversión en energías alternativas y diversificación de fuentes de suministro.

    Posible · Largo plazo

Preguntas abiertas

  • ¿Cuánto tiempo permanecerá cerrado el estrecho de Ormuz?
  • ¿Qué otras medidas se implementarán para mitigar la crisis energética?
  • ¿Cuál será el impacto a largo plazo en la economía global?
  • ¿Cómo afectará esta crisis a las relaciones geopolíticas internacionales?

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This article was originally published by El País Internacional.

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