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La expansión de los espacios 'solo para adultos' y el debate sobre la niñofobia
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El Mundohace 6 horasSocial8 min de lecturaSpain

La expansión de los espacios 'solo para adultos' y el debate sobre la niñofobia

En resumen

  • La tendencia de espacios 'solo para adultos' se expande desde el ocio a eventos familiares, viajes y vivienda, generando debate sobre la discriminación infantil.
  • Expertos y figuras públicas critican el creciente individualismo y la falta de empatía hacia los niños, mientras el sector turístico ve un nicho de negocio.

Resumen generado por IA

Por qué importa

La tendencia 'adults only', iniciada en el sector hotelero de Jamaica en 1981, se ha expandido globalmente, especialmente en España, y ahora afecta a celebraciones familiares, transporte y vivienda, generando un debate social sobre la exclusión infantil.

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Esteban se llevó una sorpresa cuando abrió el sobre alargado color crema. La última línea de la invitación detallaba específicamente: «Será un evento sólo para adultos». Eso implicaba que aquella boda en Madrid no la iba a poder disfrutar con sus pequeños. En el instante en el que se dio cuenta, la alegría quedó un poco rebajada. Y aparecieron las lágrimas: las del mayor de los nenes al conocer su exclusión de la fiesta.

Igual que él, muchos progenitores ven con inquietud cómo la tendencia adults only se está expandiendo de forma imperceptible pero imparable desde el mundo del ocio (hoteles, restaurantes, bares, piscinas, cruceros...) a otros espacios y servicios, como los viajes en tren o en avión. E incluso, mal que le pese a Esteban -que en realidad no se llama así- al ámbito íntimo de las celebraciones familiares.

«En menos de 10 años vamos a tener días sin niños en los parques de atracciones», bromea (o no) Albert Vinyals, profesor de Psicología del Consumo en la Universitat Autònoma de Barcelona.

¿Por qué de repente parece que los niños provocan alergia, como las arizónicas o el gluten? ¿Qué intereses hay detrás de la invisibilización de una parte de la ciudadanía que todavía no tiene poder de decisión, se expresa con dificultad y es ajena a los procesos electorales? ¿Se puede permitir un país con una tasa crítica de reemplazo, en el que lo que no sobran son críos, un apartheid infantil?

«En absoluto», resume Alejandro Macarrón, director de la Fundación Renacimiento Demográfico. «Cada vez hay más gente que sólo ve a los niños como una molestia, que no los observa con empatía. Una sociedad que los valora tan poco está cavando su propia tumba».

A juicio de Vinyals, este fenómeno segregacionista se explica por la confluencia de dos factores: la transición de un modelo de sociedad comunitaria a otro más individualista y la obsesión con la gratificación inmediata y sin límites. «Gran parte de nuestras decisiones de consumo se basa en la búsqueda de espacios de seguridad y control. Los establecimientos adults only seríanun refugio frente a lo imprevisible y lo incómodo, en tanto que los niños representarían el caos, una interferencia que impide gozar del hedonismo absoluto que ofrecen esos establecimientos. Sin niños propios ni ajenos, se ven como las vacaciones perfectas», resume un docente que en sus clases lo mismo se apoya en el ensayo de Ulrich Beck La sociedad del riesgo global (Ed. Siglo XXI, 2006) que en los reels más disfrutones. «Los sitios donde vas con niños no son los más instagrameables», remacha Vinyals.

Las vacaciones de verano son un excelente banco de pruebas, ya que la sustitución de la rutina escolar por todo tipo de planes alternativos permite a madres y padres comprobar de primera mano si vivimos en un planeta adultocéntrico... o directamente niñofóbico. El pasado jueves, en el cierre de temporada de La revuelta (TVE), la actriz Candela Peña aprovechó su presencia en el programa para dar las gracias a su madre por evitar algo que se ha normalizado hace rato: la exclusión infantil doméstica. «Nunca me sentó en la mesa de los niños. Me dejó dar mi opinión, aunque fuera un zurullo», confesó la intérprete.

Abundando en la escatología, Peña tildó a los hoteles adults only de «puta mierda» y lanzó un mensaje a progenitores como ella: «No seáis mojones con los chiquillos. El adulto de hoy es el niño herido que fuiste».

El sociólogo Iván Rodríguez, que da clases en la Universidad de Huelva, ve implicaciones que van mucho más allá de las que tienen que ver con la diversificación de la oferta turística. «Por desgracia, lo que está impulsando este cambio es que los niños se han convertido en un grupo muy minoritario en lo demográfico a los que muchos ya no toleran fácilmente. Como tenemos una sociedad que, además, tiende a encerrarse en cámaras de eco en las que evitamos encontrarnos con personas que difieren de nuestros gustos u opciones de vida, aparecen todos los elementos para que haya personas que vean en esto un nicho de negocio. Un negocio boyante posibilitado por el hecho de que cada vez se retrasa más el momento de tener hijos, con lo que no somos conscientes de sus necesidades, o bien directamente se planifica una vida en pareja sin ellos y entonces parece que los de los demás nos estorban», argumenta quien también es miembro del comité investigador sobre Infancia en la Federación Española de Sociología.

«Lo peligroso es que esta tendencia está saltando desde lo que puede ser más o menos anecdótico -hoteles, restaurantes, etc.- a lo que debiera constituir un derecho básico. Como por ejemplo, la vivienda. Ya hay muchas que no se alquilan a familias con niños», alerta Rodríguez sobre los caseros que prefieren no tener que repintar las paredes o acuchillar el parqué con más frecuencia de lo habitual.

¿Qué mensaje transmite una sociedad que veta el acceso de los niños a los hoteles y los restaurantes y ahora empieza a hacerlo a las viviendas y las bodas?

Uno de intolerancia, claramente. Parece que lo que es normal en un niño porque es propio de su desarrollo -que ría o llore, que le cueste pasarse dos horas sentado a una mesa o que necesite correr por un pasillo- ya no es tolerable para los adultos. La diferencia es que ese mensaje lleva implícita la idea de que con los niños puede hacerse lo que no nos atreveríamos a hacer con los mayores: la exclusión total, que no es sino otra forma de discriminación. ¿Te imaginas un hotel únicamente para hombres que piensan que las mujeres hablan demasiado? ¿O un supermercado sólo para jóvenes porque alguien piensa que los ancianos son más lentos haciendo la compra? Con los niños se hace porque no los vemos como personas: para mucha gente están más cerca de ser considerados objetos... o mascotas.

Uf.

Lo de las bodas es peor todavía: aquí la discriminación hacia la infancia ni siquiera es la base de un negocio. La practican amigos o familiares que o bien no quieren aguantar a los hijos de los demás o piensan que les beneficia. Me pregunto qué pasaría si al dar un regalo económico a los novios en una boda sin niños, los invitados les advirtieran que han descontado lo que cuesta pagar a quien se ha hecho cargo de sus hijos esas horas.

El asunto, como se ve, es bastante más peliagudo que la contratación de una canguro por una tarde o la inclusión de nuggets de pollo en un banquete nupcial. Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que viajar a Jamaica. En abril de 1981, el empresario local Butch Stewart, que hasta entonces se había dedicado a la venta de electrodomésticos y aparatos de aire acondicionado, compró dos hoteles abandonados en Montego Bay, al noroeste de la isla. Uno de ellos decidió rehabilitarlo y convertirlo en alojamiento exclusivamente de parejas heterosexuales. Para ello, diseñó experiencias románticas en las propias instalaciones, llenó la carta de platos gourmet y ofreció barra libre de bebidas prémium.

Así nació oficialmente el concepto adults only.

Cuatro décadas y media después son miles los hoteles en todo el mundo orientados a este segmento de mercado. El visionario Stewart, el mismo al que poco después se le ocurrió construir el primer bar dentro de una piscina de todo el Caribe, se hizo millonario con la cadena Sandals Resorts y animó a otros a seguir su filosofía.

Un informe de Hosteltur reveló en 2018 que España era la tercera potencia mundial en el nicho sólo para adultos, por detrás de Japón y Brasil. Aunque la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) no dispone de un registro centralizado, se estima que en nuestro país hay entre 150 y 250 establecimientos con estas características. Suponen el 5% del total y están localizados sobre todo en las costas y los dos archipiélagos. La escuela de negocios Ostelea ha constatado que sólo en Baleares se han construido 100 complejos reservados a los mayores de edad. O, dicho de otra manera, no recomendados para los menores, ya que el artículo 14 de la Constitución recoge que «los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

«No está habiendo un alza de hoteles sólo para adultos. Lo que vemos es que estos se especializan cada vez más. Sobre todo, por épocas. Un hotel se orienta a familias determinados meses igual que otros se orientan a participantes de ferias y congresos o a deportistas», matiza Ramón Estalella, secretario general de CEHAT. «¿Las bodas sin niños? No he estado en ninguna. A mí me encanta que en las bodas siempre estén la abuela y el bebé».

La especialización a la que hace referencia Estalella no se visibiliza con el cartel de un chupete bajo de una equis roja en el mostrador de recepción. Se suele presentar al huésped con forma de sutil descripción disuasoria. Quien lea «atmósfera de exclusividad y tranquilidad» intuye que ese hotel no tiene colchonetas hinchables y columpios, sino spa y jacuzzi. Igual que se deduce que un restaurante que promociona con orgullo sus catas de vino no es el más indicado para que cene una prole infinita como la de la serie Los Serrano. El conflicto en relación a los niños se produce cuando la imposición desplaza a la libertad de elección.

A principios de 2023, la creadora de contenido Verdeliss denunció en sus redes sociales la discriminación de una madre con cuatro hijos a la que habían prohibido viajar en un vagón silencioso de AVE. Ya sabe, ése que no admite conversaciones en voz alta ni música sin auriculares y en el que suelen viajar ejecutivos y oficinistas con sus portátiles.

Estefanía Unzu, nombre real de la influencer, madre también ella de familia numerosa, relató que una vez subió a un vagón silencioso con uno de sus bebés y el revisor la obligó a marcharse, a pesar de que el pequeño dormía plácidamente. Argumentó entonces que un crío no hace más ruido que un adulto que esté usando dispositivos electrónicos. Y criticó la «poca humanidad» y las restricciones injustas que sufren las familias con niños pequeños en espacios públicos.

Lo del tren en España ya se está viendo en los aviones fuera de nuestro país. En noviembre de 2023, apenas unos meses después de la rajada de Verdeliss, la aerolínea neerlandesa-turca Corendon Airlines hizo Historia al ser la primera de Europa en operar con parámetros similares a los del adults only de la hostelería y la restauración. Fundada por el empresario Atilay Uslu, propietario de una cadena hotelera orientada a parejas DINKY [acrónimo en inglés referido a las parejas con una holgada situación financiera y sin descendencia], la compañía convirtió el vuelo de 10 horas entre Ámsterdam y Curaçao en una prueba piloto. ¿Cómo? Permitiendo a los pasajeros pagar entre 45 y 100 euros extra por sentarse en la zona delantera del avión, aislada del resto del aparato y reservada para mayores de 16 años.

Tres años más tarde, la ruta opera con estos mismos atractivos y Corendon se plantea ampliarla a otros destinos. En las antípodas de esta estrategia comercial se situó la señora Woo, heroína viral en 2019. Consciente de que un vuelo transcontinental (Seúl-San Francisco) con un bebé a bordo podía ser insoportable para buena parte del pasaje, repartió más de 200 bolsas de regalo a sus compañeros de asiento. Venía a ser una disculpa anticipada por si a su criatura le daba por berrear en un lugar del que no había escapatoria. En las bolsitas había chuches y tapones para los oídos.

Resulta curioso, por paradójico, comprobar cómo ciertos hitos van quedando en el retrovisor como si nunca hubieran existido. La cadena juguetera Imaginarium se ganó el corazoncito de grandes y pequeños en los primeros 2000 simplemente instalando a la entrada de sus tiendas una puerta con forma de herradura del tamaño de sus mejores clientes. Y el Sónar vio lógico crear un espacio con actividades creativas orientadas a los hijos de los asistentes del festival de música electrónica. Lo llamaron Sónar Kids y fue pionero en el circuito autóctono. En su primera edición (2009) pasaron por él 5.300 personas.

«Íbamos viendo de qué forma los niños participaban cada vez más, de una forma muy natural, sobre todo en los apartados más interactivos de la parte expositiva del festival», explicaba Enric Palau, uno de los tres fundadores del Sónar, en una charla TED al año siguiente de la puesta en marcha de la iniciativa. «Esto, más el hecho de que personalmente hemos tenido hijos, parte de nuestro público se ha hecho mayor y también los ha tenido, y hemos ido teniendo una experiencia vivencial con lo que queríamos compartir con ellos, es lo que nos llevó a pensar en un formato de evento para niños», añadía.

Hoy Imaginarium no existe (cerró en 2024), los tres cofundadores del Sónar se desvincularon del festival el año pasado (habían vendido sus acciones a una multinacional en 2018) y la tendencia adults only sigue ciega su camino. Eso sí, con la oposición de algunas madres en prime time. Como la mencionada Candela Peña o Henar Álvarez. La humorista, también en TVE hace unos días, dedicó un monólogo al temita.

«Nos empeñamos en hacer como que no existen y en no adaptar el mundo a ellos», atacaba la niñofobia. «Restaurantes a los que no puedes entrar con un carrito; toboganes de metal, que me dirás en verano qué hacemos con eso; plazas en las que no pueden jugar a la pelota; lugares públicos en los que no le puedes dar el pecho a tu hijo... Que digo: 'Perdona, es un bebé. Si fuera un señor de 48 años que me llama mami, entiendo que no es el sitio'... Y luego ya la repanocha es lo de los hoteles donde los niños no pueden entrar [...] Pondríamos el grito en el cielo si la discriminación fuera por razón de género, con otros grupos de edad, nacionalidades, color de piel, tipos de cuerpos... ¡Mira la que se ha liado con La casita de Bad Bunny! Pero como son niños... Cuando discuto de esto, la gente me dice: 'Es que los niños molestan, porque juegan, corren, vomitan...'. Y yo les digo: 'Sí, y los guiris también y les ponemos alfombra roja'. ¿Y sabes cuál es la diferencia entre los niños y los guiris? Que su presencia no te encarece la vivienda», se desahogaba la presentadora de ¡Al cielo con ella!

«No nos escandalizamos por el hecho de que en los colegios no haya aire acondicionado. La que se montaría si donde no lo hubiese fuera en una oficina del INEM», compara el profesor Vinyals.

Pensar en cómo sería un mundo (todavía más) insensible hacia los menores no exige un gran esfuerzo de imaginación. Está relativamente fresco el recuerdo del Estado de Alarma y el confinamiento pandémico, cuando el Gobierno permitió salir antes a la calle a los perros que a los carritos de bebé. Cuando se acordonaron los parques públicos con cinta señalizadora, como si fueran escenarios de un crimen, y las familias tuvieron que lidiar en casa con la ansiedad de los churumbeles.

Preguntas abiertas

  • ¿Qué intereses económicos impulsan la invisibilización de los niños en la sociedad?
  • ¿Cómo se puede conciliar la libertad de elección de negocios 'adults only' con la protección contra la discriminación infantil?
  • ¿Qué impacto a largo plazo tendrá esta tendencia en la demografía y la cohesión social?

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This article was originally published by El Mundo.

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