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Leo Messi: Fe, Fútbol y la Bendición Divina
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Leo Messi: Fe, Fútbol y la Bendición Divina

En resumen

  • Leo Messi, creyente, atribuye su talento a Dios y agradece la obtención del Mundial 2022.
  • Recientemente, en EE.UU., declaró no pedir más triunfos divinos.
  • En un partido contra Egipto, lideró una remontada tras ir perdiendo 2-0, a pesar de fallar un penalti, demostrando su infalibilidad y conexión con el juego.

Resumen generado por IA

Por qué importa

Leo Messi es una persona creyente que atribuye su talento futbolístico a Dios. Agradeció a Dios la obtención del Mundial en 2022. Recientemente, en EE.UU., indicó que ya no pide más triunfos divinos.

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Leo Messi, persona creyente, siempre da las gracias a Dios por su extraordinario talento en el arte de jugar a fútbol, consciente de que nació elegido sin pretenderlo, regateando muebles en el salón de casa con cinco años como poseído por una misión.

Hay otros muchos niños que juegan bien al fútbol, pero lo suyo se entendió diferente desde el principio. Su abuela Celia lo tenía claro, y las abuelas siempre acaban teniendo razón. También a Dios agradeció el argentino la obtención del Mundial en el 2022 ya con 35 años, una edad cercana a la retirada, llenándole a él y a su palmarés de forma plena, elevándole al fin sin asteriscos a mejor futbolista de todos los tiempos por longevidad, rendimiento y constancia en la excelencia.

Estos días uno de los periodistas argentinos que le siguen por EE.UU. le preguntó si le pedía un segundo Mundial a Dios y el hombre le contestó, sonriente, que ya no, que no se atrevía a pedirle más cosas, que ya se veía saciado como para demandar más triunfos y éxitos.

Leo Messi y Argentina, tanto monta monta tanto, estaban fuera del Mundial en el minuto 79 contra Egipto. No es una exageración. Perdían por 2-0 y la fe en la victoria menguaba en la albiceleste, no digamos ya en el espectador neutral, amante de los pies de Messi pero no tanto como para pedirle una remontada imposible. La lideró. Una vez más.

Quizás porque uno es agnóstico, quiere creer que el Dios de Messi, teniendo en cuenta lo bien que se llevan los dos, ha decidido esta vez dejarle solo, cuestión de complicidad, y confiarle toda la faena a él. La prueba de ese abandono es que Messi lanzó un penalti de forma horrible, dando verisimilitud a esa extraña teoría que sostiene que el crack es más infalible chutando a 25 metros de la portería que a once.

Se rehizo Messi de ese golpe moral, firmó la asistencia del 1-2, logró el empate y lloró como si hubiera ganado su primer partido con cinco años al ver caer el tercero y definitivo de Enzo. Hubo momentos del partido en que reinó la sensación de que la pelota le obedecía, como si a falta de Dios le pidiera colaboración a la pelota. Y qué iba a hacer ella sino hacerle caso.

Me disgustan los colegas de profesión que abusan de los nombres de pila, fingiendo una cercanía que no tienen con los grandes deportistas. Voy a hacer una excepción con Leo. Primero porque le entrevisté de joven varias veces (y aún espero y deseo hacerlo una última vez) e incluso compartí un asado con él, y segundo y mucho más importante porque imaginar mi carrera profesional sin el gozo de contarle y explicarle en todos los episodios de su asombrosa trayectoria produce alegría porque es mentira.

Debe saber Leo que entre los grandes placeres de la vida ha estado verle jugar.

Preguntas abiertas

  • ¿Continuará Messi sintiendo esta saciedad ante futuros triunfos?
  • ¿Cómo afectará esta perspectiva a su rendimiento futuro?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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