Los hutíes reactivan la escalada en Yemen con ataques a petroleros saudíes
El conflicto en Bab el Mandeb y Ormuz agrava la presión sobre Arabia Saudí, Estados Unidos e Irán, mientras Yemen sufre una crisis humanitaria crónica.
En resumen
- Los hutíes vuelven a ganar protagonismo con ataques en el mar Rojo y a petroleros saudíes, en un contexto de tensión entre Irán, Estados Unidos y el Golfo.
- La escalada agrava la crisis humanitaria en Yemen.
Resumen generado por IA
Por qué importa
Yemen lleva una década dividido entre dos gobiernos y dos capitales, con los hutíes controlando Saná y el noroeste del país desde 2015. Desde abril de 2022 había una tregua con Arabia Saudí que congeló los frentes internos, pero la guerra de Gaza y la tensión con Irán han reactivado la escalada.
Con el régimen iraní en modo supervivencia, el regreso de los hutíes a la contienda con el ataque a petroleros saudíes supone una nueva escalada para forzar a Washington a ceder a sus condiciones.
Los hutíes son militantes que profesan un islam de lejano parentesco con la escisión chií y que llevan cerca de dos décadas combatiendo al Gobierno reconocido internacionalmente de Yemen. En 2015 se hicieron con el control del noroeste del país y su capital, Saná. Cuentan en las filas de su brazo armado, Ansar Alá, con entre 220.000 (en 2022) y 350.000 combatientes (en 2024), frente a los 30.000 de 2015, según las estimaciones que hace la ONU.
Yemen lleva una década dividida entre dos capitales con dos gobiernos. Desde Saná, los hutíes, alineados con Irán, controlan el 30% del territorio del país entre norte y noreste, pero gobiernan sobre el 75% de la población allí concentrada. Desde Adén, y con parte de su Ejecutivo afincado en Riad, el Gobierno legítimo regenta el sur y este del país. Una tregua firmada en abril de 2022 entre los hutíes y Riad había congelado los frentes internos y en los 1.200 kilómetros de frontera que comparten Arabia Saudí y Yemen.
Punta de lanza en el eje de la resistencia
Con las milicias iraquíes neutralizadas por sus propias dinámicas domésticas, Hezbolá debilitado y las milicias asadistas en Siria y Hamás en Gaza desactivados, el llamado eje de la resistencia ha demostrado ser mucho menos determinante de lo que la región había asumido a la hora de disuadir un ataque contra Irán. Ha sido el bloqueo del estrecho de Ormuz el que ha dado ventaja estratégica a Teherán en una guerra asimétrica frente a dos potencias militares superiores: Estados Unidos e Israel. En este contexto, los hutíes y su capacidad de alterar el tráfico en el estrecho de Bab el Mandeb han cobrado una relevancia desproporcionada en ese anillo de proxis.
“El eje de la resistencia es parte de la narrativa de EE UU, pero se trata de un entendimiento común, y ahora han considerado que, para sus objetivos, es el momento de sumarse a la guerra”, dice, amparada en el anonimato, una fuente cercana a Teherán. Desde 2016, la milicia hutí Ansar Alá ha demostrado su capacidad de atacar en el mar Rojo buques de guerra —como el destructor estadounidense USS Mason o el buque emiratí HSV-2 Swift—, petroleros saudíes en el estratégico Bab el Mandeb, o barcos con cargas comerciales o de armamento destinados a Israel.
“Los hutíes querían capitalizar en beneficios el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, pero ya no responden a ninguna negociación. No han aprendido a ser pragmáticos y están sobrevalorando sus propias capacidades”, sostiene en conversación telefónica desde El Cairo la experta yemení Maysaa Shujaa Al Deen, del Sana’a Center. Si Irán pretende capitalizar el potencial desestabilizador del mercado global de los hutíes, estos también quieren usarlo como palanca en sus negociaciones con Riad, que han quedado congeladas por la guerra de Gaza (y bloqueadas por la Administración Trump). Los hutíes buscan la reapertura de puertos y aeropuertos en su zona, así como el reparto de ingresos del petróleo y tasas de Yemen para poder pagar los salarios de sus hombres.
“La Guardia Revolucionaria está ahora liderada por el ala más conservadora y, en modo de supervivencia, están adoptando una estrategia de máximos. Al ver que el Golfo ha dado una respuesta tenue a sus ataques, creen que pueden empujar más lejos para obtener sus objetivos”, prosigue la analista yemení. Los hutíes, asegura, aún conservan arsenal suficiente para perturbar Bab el Mandeb: “Tienen minas marinas provistas por Irán que pueden plantar en el estrecho, y mantienen capacidades para producir localmente sus misiles y drones”. Y ello a pesar de las pérdidas encajadas en la intensa ofensiva aérea israelí de 2025 contra sus bases y depósitos de misiles.
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el talón de Aquiles de la Administración Trump, con el precio del barril disparado, los mercados globales desestabilizados y una crisis de conectividad. Los países del Golfo, cuyas arcas dependen de los ingresos de las ventas de hidrocarburos, se han lanzado a una carrera para trazar nuevos oleoductos y así evitar que Irán siga usando Ormuz como un arma de guerra y un punto de presión.
“El gas licuado no puede transportarse por oleoductos. Y de crearse nuevos oleoductos, no olvidemos lo vulnerables que son. Un solo ataque de dron provocó la caída de más del 40% de la producción de crudo de Aramco [compañía en un 90% estatal saudí]”, lanza como advertencia la fuente iraní. Se refiere a un episodio que supuso un punto de inflexión en la guerra abierta entre Riad y Teherán: el ataque contra la instalación saudí de Abqaiq, la planta de procesamiento de crudo más grande del mundo, que representa el 7% de la capacidad mundial de producción de crudo. Este ataque, de septiembre de 2019, interrumpió temporalmente la mitad de la producción de Arabia Saudí y alrededor del 5% del suministro mundial, con pérdidas de miles de millones de euros. Ese precedente es la sombra que sobrevuela la actual escalada: un recuerdo de que Irán puede subir aún más la apuesta a través de los hutíes, sumando al doble estrangulamiento de Ormuz y Bab el Mandeb la interrupción de la producción saudí.
El repunte hutí puede romper además las reglas no escritas por las que Irán golpea intereses y bases estadounidenses en los países del Golfo y estos responden solo con operaciones defensivas. “Al fin y al cabo, cuando pase la guerra, los países del Golfo seguiremos siendo vecinos y estaremos expuestos a los mismos desafíos económicos”, zanja el interlocutor iraní.
“También creemos que Irán debe formar parte del sistema de estabilidad. No queremos que Irán sea un enemigo de la región árabe”, matiza por su parte Mustapha Noman, viceministro de Asuntos Exteriores de Yemen, en una entrevista con EL PAÍS en una visita reciente organizada en el marco de un programa de actividades en Casa Árabe de Madrid. Forma parte del Gobierno reconocido por la ONU y respaldado por Riad.
La guerra contra Irán relegó a Yemen a un segundo plano entre las prioridades de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, cuyos roces por el control de los puertos del sur del empobrecido país derivaron en una confrontación armada entre sus proxis en el terreno, sumando otra capa de guerra para los yemeníes. Para el Golfo, la salida de los soldados emiratíes de Yemen el pasado mes de enero se ha traducido en la débil coordinación de la estrategia de las dos monarquías dominantes, Arabia Saudí y Emiratos, frente a Irán, valora la experta Al Deen.
Yemen se hunde bajo el peso de múltiples guerras
El impacto se hace notar sobre todo en la población yemení bajo ambos gobiernos, que ha agotado sus mecanismos de supervivencia. La subida del combustible se traduce en más muertes. “En lugar de gastar dinero en comida, tienes que gastar dinero en una batería para tener un ventilador funcionando y que tus hijos puedan dormir por la noche. Ahora bien, eso significa menos dinero para atención sanitaria o nutrición”, explica desde Adén Itta Helland-Hansen, coordinadora país de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Yemen es como una crisis humanitaria perpetuamente olvidada con una infrafinanciación crónica”, añade, sobre un país donde dos tercios de sus 42 millones de habitantes no saben cuándo llegará el próximo plato de comida.
Se trata del país más pobre de Oriente Próximo, alternando en el ranking mundial entre los tres primeros países más pobres junto a otros conflictos olvidados como Sudán del Sur y Afganistán. La ONU estima que el 60% de las 377.000 muertes entre 2015 y 2022 fueron por causas indirectas: hambre, falta de atención sanitaria o infraestructura. En la zona hutí, sometida a estrictas sanciones internacionales, que controla el 30% del territorio pero concentra el 75% de la población, la crisis es aún más palpable por las sanciones.
El recorte en la ayuda internacional ha llevado a las ONG a centrarse “en la respuesta de emergencias”, cuenta desde Saná Ainur Absemetova, coordinadora de MSF, quien estima que solo el 56% de las instalaciones sanitarias siguen funcionando, aunque con carencias de equipos y personal. Las dos trabajadoras de MSF describen el mismo ciclo en las dos Yemen: el coste del carburante y transporte hace que los yemeníes dejen de vacunar o alimentar a sus hijos, y de acudir a revisiones preparto. La consecuencia es un aumento de muertes en los partos y brotes de sarampión, cólera y desnutrición. “Los niños desnutridos enferman con mayor facilidad, y las personas que llegan en un estado avanzado de enfermedad lo hacen con problemas irreversibles”, lamenta Helland-Hansen. La falta de fondos obliga a las ONG de cooperación a “dejar de enfocarse en las causas para atender los síntomas”.
Qué observar
Perspectiva de IA — posibilidades, no hechos
Es probable que continúen los ataques o intentos de presión hutíes sobre rutas marítimas estratégicas.
Probable · En días
La volatilidad en los mercados energéticos seguirá elevada si persiste la amenaza sobre Ormuz y Bab el Mandeb.
Probable · En días
La crisis humanitaria en Yemen podría empeorar por el aumento del combustible y el deterioro de los servicios básicos.
Muy probable · En semanas
Preguntas abiertas
- ¿Cómo responderán Estados Unidos, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos a la nueva escalada?
- ¿Qué alcance real tienen los ataques hutíes sobre el tráfico marítimo y la producción saudí?
- ¿Se mantendrá la tregua interna de 2022 o quedará definitivamente desactivada?







