Madrid se prepara para la misa del Papa con un despliegue sin precedentes
Desde el palco de prensa desde donde se seguirá la misa que oficiará León XIV en Cibeles el próximo domingo se ven coches, grúas y obreros trabajando a destajo bajo el sol de junio.
Varias arquitectas observan la escena desde una esquina y dan indicaciones a los operarios que, a varios metros de altura, terminan de colocar la gran cruz que presidirá el altar. "Más a la izquierda, un poco más recta... Ahí perfecto", señalan.
El calor aprieta, pero el reloj lo hace aún más. "Llegaremos justitas", admiten entre sonrisas, al ser preguntadas por cuándo estará terminado.
Apenas quedan cuatro días para que el eje formado por Cibeles, la Castellana y Alcalá se convierta en el centro de una de las mayores concentraciones religiosas que ha vivido Madrid. La organización espera hasta un millón y medio de personas en la misa y hasta medio millón en la vigilia. Muchos de ellos no llegarán a ver al Pontífice con sus propios ojos.
"Lo importante no es tanto ver al Papa como estar con el Papa", resume Mariano Rodríguez, director de Producción de los eventos de Cibeles, Lima y Bernabéu, que señala que hasta 3.000 personas en total están trabajando en todos los escenarios para montarlos a tiempo.
Mientras las estructuras metálicas terminan de tomar forma, Rodríguez, junto a las arquitectas Concha Sánchez Maíllo y Cristina del Río Villegas, contempla cómo las ideas dibujadas durante meses sobre planos y pantallas empiezan a convertirse en espacios reales. Allí se celebrará la gran eucaristía del sábado, con cerca de 600 metros cuadrados y capacidad para unas 200 personas entre celebrantes y acompañantes sobre el presbiterio. A su alrededor se desplegará un anillo para autoridades, sacerdotes que rondará las 5.000 personas y otro escenario para el coro con capacidad para 600 personas.
Una huella de personas en forma de cruz sobre Madrid
"Esto es un portaviones", resume Rodríguez. "Es un montaje tremendo para la ciudad, un despliegue que ocupa una huella de implantación de equipamiento grandísima". Esta huella dibuja una gran cruz sobre el plano de Madrid: hacia el norte alcanza Colón; hacia el sur, Neptuno; hacia el este, la Puerta de Alcalá; y hacia el oeste, el cruce de Gran Vía con Alcalá. Un espacio preparado para acoger a cerca de un millón de personas.
Para que nadie se quede desconectado de la celebración habrá 42 pantallas distribuidas por todo el perímetro de Cibeles, una cada 75 o 100 metros según la configuración de la calle. A ellas se sumarán otras 30 en el acto de la vigilia juvenil de la Castellana, en la zona de Lima.
En total, el dispositivo contará con casi 1.300 altavoces, más de 90 puntos de agua, camiones de abastecimiento, 1.300 sanitarios, puestos sanitarios, equipos del Samur y centenares de voluntarios. "Me atrevería a decir que es el despliegue técnico más grande que ha visto esta ciudad en mucho tiempo, sobre todo en calle", asegura el responsable de producción.
La comparación con la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 ayuda a entender el desafío. Entonces hubo dos años para preparar la visita de Benedicto XVI. Esta vez apenas han dispuesto de tres o cuatro meses.
Si el reto logístico es enorme, el arquitectónico tampoco se queda atrás. Sánchez Maíllo y Del Río Villegas han sido las encargadas de diseñar los escenarios de los principales actos de la visita: desde la vigilia de Lima hasta la misa de Cibeles, pasando por el encuentro en el Bernabéu, el Movistar Arena y el resto de sedes.
"No creo que haya un evento parecido que nadie haya encargado nunca", explica Sánchez Maíllo. "Es un encargo muy singular, muy grande, que implica seis sedes y encuentros multitudinarios completamente distintos entre sí".
El escenario de Cibeles, el más compleo de idear y montar
Cada escenario responde a una lógica diferente. Algunos se levantan en plena calle; otros, en espacios tan reconocibles como el Bernabéu o el Movistar Arena. Todos comparten, sin embargo, una misma idea: traducir arquitectónicamente el contenido de cada acto. El de Cibeles es, según reconocen ambas, el más "complejo".
"Es una celebración eucarística. Deja de ser un escenario para convertirse en un presbiterio, en un espacio sagrado", explica Del Río Villegas. Por eso todo gira alrededor del altar, situado en el centro , sobre él colgará una gran imagen de Cristo. También habrá una gran escalinata por la que el Papa descenderá durante la procesión del Corpus Christi.





