Última hora
CN第9號颱風「巴威」陸上警報發布 北部、宜蘭、花蓮納首波警戒區BRBrasil mantém imposto de exportação de petróleo e minerais por mais 60 diasINTLSyrian authorities arrest ISIL-affiliated cell responsible for Damascus bombingsVNXu hướng tự chẩn đoán rối loạn lo âu trên mạng xã hội: Lợi bất cập hạiVNMbappe phá thêm kỷ lục World CupVNCựu tuyển thủ Na Uy: 'Haaland nhỉnh hơn Ronaldo Nazario'FRLes Bleus en demi-finales de la Coupe du monde !JP「副首都」創設法案、10日に審議再開 与党、今国会成立へ「正念場」JPパレスチナ、11月28日に議会選挙実施へ アッバス議長が布告JP国旗損壊処罰法案、実質審議入り 与党は今国会成立目指すも対象行為は不明確CN第9號颱風「巴威」陸上警報發布 北部、宜蘭、花蓮納首波警戒區BRBrasil mantém imposto de exportação de petróleo e minerais por mais 60 diasINTLSyrian authorities arrest ISIL-affiliated cell responsible for Damascus bombingsVNXu hướng tự chẩn đoán rối loạn lo âu trên mạng xã hội: Lợi bất cập hạiVNMbappe phá thêm kỷ lục World CupVNCựu tuyển thủ Na Uy: 'Haaland nhỉnh hơn Ronaldo Nazario'FRLes Bleus en demi-finales de la Coupe du monde !JP「副首都」創設法案、10日に審議再開 与党、今国会成立へ「正念場」JPパレスチナ、11月28日に議会選挙実施へ アッバス議長が布告JP国旗損壊処罰法案、実質審議入り 与党は今国会成立目指すも対象行為は不明確
Newsgather
BackÓscar Pereiro: "Me perdí el día más bonito de mi vida"
Deportes
Marca02.07.2026Deportes11 dk okumaSpain

Óscar Pereiro: "Me perdí el día más bonito de mi vida"

En resumen

  • Óscar Pereiro recuerda su victoria en el Tour de Francia 2006, ganada a posteriori por el positivo de Floyd Landis.
  • El ciclista gallego relata la extrañeza de recibir el triunfo casi 20 años después y cómo le afectó no poder vivir el podio en París.

Resumen generado por IA

Por qué importa

Óscar Pereiro ganó el Tour de Francia 2006 a posteriori tras el positivo de Floyd Landis. El ciclista gallego reflexiona sobre cómo vivió aquel momento y las consecuencias de una victoria recibida con retraso.

Tamaño de fuente

Hay victorias que no llegan al podio, sino a destiempo. Óscar Pereiro (Mos, 1977) ganó un Tour con las piernas y lo recibió con una mezcla de orgullo, rabia y extrañeza. Han pasado casi 20 años y todavía habla de aquellos días como quien conserva una película entera en la cabeza.

PREGUNTA. No pudo celebrarlo en el momento, pero en MARCA sí tuvo su portada a posteriori, ¿cómo se gestó?

RESPUESTA. La portada lo dice: “La foto que me debía el Tour”. Entre comillas, porque allí casi pierdo el Tour. Casi palmamos aquel día. Creo que fue un lunes por la mañana. Imagínate: los Campos Elíseos un lunes por la mañana, y nosotros metimos el podio en medio, en la mediana. No había ni paso de cebra. Era jugarnos la vida. La recuerdo por la ilusión que me hacía a mí y por la ilusión de la gente que venía conmigo a hacer la foto. Ese día tuve una sensación de decir: “Joder, hay más gente a la que le hace ilusión, aparte de a mí”. Fue un día muy chulo.

P. Han pasado 20 años. ¿Cómo recuerda ahora aquel Tour?

R. Ha pasado mucho tiempo, pero recuerdo cualquier detalle de aquellas tres semanas de carrera como si hubiera pasado ayer. Podría contar la historia de aquel Tour desde el primer día hasta el último, desde que salimos de Estrasburgo. Incluso desde unos días antes, con la Operación Puerto. Y no digo el último día porque el Tour no acabó aquel domingo en París, sino el martes, cuando volví a Vigo como segundo del Tour. Al final, seamos realistas: que Óscar Pereiro hubiera acabado segundo en el Tour de Francia era la leche. No estaba escrito en ningún sitio. Ni el mejor vidente de la historia podía imaginar que un tío con mis características… Sí, yo me consideraba un buen corredor, pero para estar en el ‘Top-10’. Y ‘Top-10’ porque hice cuatro ‘Top-10’ en los seis Tours que corrí. Pero de ahí a hacer podio en el Tour había un mundo; era algo impensable. Estaba haciendo el recorrido por varias redacciones de periódicos gallegos cuando me llamaron y me contaron la historia. Pero de aquel Tour lo tengo todo memorizado como si hubiera sido antes de ayer.

P. ¿Cuándo y cómo se enteró de que lo había ganado?

R. Me llamó Carlos Arribas. Yo estaba en la redacción del Faro de Vigo. Me llama y me dice que acaba de dar positivo alguien que había hecho podio en el Tour. Y yo digo: “Joder. Pues yo no soy, como sea este —Landis—, me cago en la puta”. Al momento recuerdo que llamé a Chente. Le dije: “Hostia, Chente, tío, que nos han reventado el último día del Tour”. “¿Qué ha pasado?”. “Pues tío, creo que ha dado positivo Landis. Nos hemos perdido el día más bonito, por lo menos para mí, encima de una bicicleta”. Después hablé también con Zandio. Fue así como me enteré.

P. ¿La sensación fue esa, la de pensar que le habían robado el día más bonito de su vida?

R. Te voy a ser sincero. Mi primera sensación fue, y lo voy a decir literalmente porque soy muy espontáneo: “Vaya puta mierda. Otra vez el ciclismo...”. Ese Tour empieza con la Operación Puerto. Arrancar en Estrasburgo daba una sensación muy rara. Incluso mucha prensa se fue del Tour: española, alemana... Era la sensación de un Tour en el que se quedaban los menos delincuentes. Esa es la realidad. La primera semana transmitía una sensación muy fea. Pero es cierto que, a medida que pasaban los días, el aficionado volvió a engancharse a un ciclismo que parecía más real. Veníamos de unos años en los que corríamos contra un US Postal y un Discovery imponentes, frente a los que no se podía hacer nada. En aquel Tour, en nueve o diez días, hubo seis o siete líderes diferentes. Era una carrera en la que se volvían a ver pájaras y desfallecimientos. Un tío perdía 20 minutos, casi 30, en Pla de Beret y, al día siguiente, era capaz de ponerse líder. Floyd revienta el día de La Toussuire y vuelve a ponerse líder en Morzine. Era un Tour que volvía a enganchar al aficionado al ciclismo. Yo sentía que nos habían dado una oportunidad cuando al ciclismo estaban a punto de pisarle la cabeza y rematarlo. En aquel momento habría afirmado que el Tour tenía que haber acabado como acabó, conmigo segundo. Pero cuando te enteras del positivo de Floyd, mi sensación fue: “Me he perdido el último día del Tour con mi equipo”. Habría sido una sensación increíble.

En La Toussuire, por lo menos para mí, la sensación era: “Esto no me lo quita nadie”. Tengo un montón de detalles grabados. Nike preparando zapatillas amarillas, relojes para todo el mundo, gafas para mis compañeros... Las zapatillas las tengo en casa. Me las habían hecho completamente amarillas, con la fecha del Tour de Francia. Pedí a Oakley gafas amarillas para todos. Es que quedaba un día. Las zapatillas las sigo conservando. No tienen ni calas. Están en la caja. Había muchos detalles. Llevábamos tiempo pensando qué íbamos a hacer. El día de La Toussuire fue como un golpe encima de la mesa. Reconozco que, si en Montélimar el pelotón no quiere, no me pongo líder. Pierdes el liderato en Alpe d’Huez por diez segundos, pero en La Toussuire lo recuperas a puro huevo. Haces tercero en la etapa, das un golpe de efecto y solo queda la etapa que acaba en Morzine. Sinceramente, no era ninguna locura pensar que se podía ganar el Tour en aquel momento. Por eso reaccionamos así.

P. ¿Cuándo empezó a cambiar el chip y a darse cuenta de que había ganado el Tour de Francia?

R. En el momento en que hablas con los compañeros eres consciente de que el ciclismo vuelve a estar metido en la mierda y, al mismo tiempo, de que tú acabas de perder un momento muy bonito que sabes que no va a volver. El primer shock duró diez, quince o veinte minutos. Después empiezas a pensar en todo lo que has perdido por esta historia. Piensas por qué el día en que se celebra el podio de cualquier carrera no están ya hechos todos los análisis. Piensas cómo se puede ganar una carrera en diferido. Sobre todo, piensas en lo que has perdido como equipo. Ganar es muy bonito, pero compartir una victoria con tu equipo es algo impagable. Eso no se puede recuperar. Sí, he hecho fotos en París. He tenido la fortuna de ser un ganador del Tour que pudo ir de amarillo durante una semana. Para mí habría sido mucho más duro haber ido segundo durante todo el Tour y que el último día me declararan ganador. Yo, por lo menos, no tengo la foto del podio, pero sí tengo fotos de amarillo. Tengo la sensación de haber vivido de amarillo. Esa es la pena que me queda. Pero, por mi forma de ser, soy así. Primero me fastidió que el Tour volviera a estar manchado de mierda. Después me fastidió no poder vivir de amarillo el último día en los Campos Elíseos junto a mis compañeros. Pero, a las 24 horas, dije: “No puedo llorar esta mierda”. Me ha tocado vivirlo así y así va a ser toda mi vida. No puedo estar pensando en lo que podría haber sido, porque no voy a cambiar nada. Me tocó vivirlo así y ya está.

Recuerdo cualquier detalle de aquellas tres semanas de carrera como si hubiera pasado ayer

Pereiro, a MARCA

P. ¿Cómo vivió aquel año desde que se enteró del positivo hasta la foto de la portada?

R. Hubo momentos de agobio, no te voy a decir lo contrario. Cuando sucede algo así y sabes más o menos cómo va a acabar la historia, lo que quieres es cerrar ya una carpeta, archivar el caso y ponerte a lo mismo de siempre. Yo me sentía como un actor secundario en una película. El actor principal era Floyd Landis. Da positivo, decide recurrir, pedir el contraanálisis... Y, de repente, se monta —o por lo menos esa es mi sensación— un culebrón que dura muchísimo tiempo, más de un año. En ese culebrón yo tenía todos los días un papel secundario. Cada día salía una noticia y siempre había un periodista o alguien que me preguntaba. Era como estar metido en una rueda de la que resultaba muy difícil salir. Sin quererlo, mi nombre aparecía cada día públicamente. No era fácil. Recuerdo que, semanas antes del Tour de 2007, Eusebio me dijo: “Óscar, tío, o te centras o no te veo”. Y era verdad. Por mi forma de ser, por intentar atender a todo el mundo y quedar bien con todo el mundo, a veces me iba a entrenar y quedaba con periodistas a mitad del entrenamiento porque querían hablar de no sé qué. Fue agobiante.

Yo me sentía como un actor secundario en una película. El actor principal era Floyd Landis

Óscar Pereiro

Después iba por la calle y la gente me decía: “Virtual ganador del Tour”. Hubo una época en la que decidí no vestir nada amarillo, absolutamente nada, porque parecía que estaba reivindicando que quería ser ganador del Tour. Y para nada. Intentaba vivir al margen de todo aquello, pero fueron muchos meses. Con el paso del tiempo, y ya años más tarde, te digo que probablemente soy quien soy hoy gracias a haber ganado el Tour como lo gané. Creo que, si hubiera ganado el Tour aquel domingo, perfecto: Óscar Pereiro gana el Tour, vuelves al año siguiente, haces de gregario de Alejandro Valverde, porque era lo que me tocaba hacer a mí, acabas otra vez décimo en el Tour de Francia y ya está: otro ganador del Tour. Pero todo aquello ayudó a que la gente conociera, además de a Óscar Pereiro ciclista, a Óscar Pereiro persona. De verdad lo creo. Muchas de las funciones que hago ahora, a todos los niveles, en medios de comunicación y demás, son consecuencia de aquellos trece meses. Dentro de lo malo que me tocó vivir, considero que me aportó cosas importantes para mi vida.

P. ¿Tuvo contacto con Landis después de aquello?

R. No, nunca. Al principio, cuando me entero del positivo, es verdad que quiero hablar con él. Landis no dejaba de ser un excompañero mío. Teníamos buena relación y piensas: “Joder, este tío tiene que estar tocado”. Intenté hablar con él, pero no fui capaz. No me cogió el teléfono. Después, durante La Vuelta 2006, en Madrid, me dice Perdi: “Oye, que viene Floyd mañana”. Y yo le respondo: “Me gustaría estar con él, pero en privado”. Como alguien con quien había tenido una amistad. Quería preguntarle cómo estaba, qué había pasado.

Pero lo que sentí en Madrid fue que había una encerrona. Había un montón de medios de comunicación y lo que buscaban eran fotos de nosotros dos. Entonces decidí que, para mí, aquello no era ningún cachondeo. No he vuelto a hablar nunca más con él. Y después, a medida que fue sacando mierda y metiéndome a mí también por medio, ya no volví a tener ningún tipo de contacto con él.

P. La famosa fuga bidón, eso de ‘hacer un Pereiro’. ¿Cómo la recuerda?

R. Aquello pasa por varias circunstancias. Primero, por esa pedrada que tengo yo de intentar motivarme con cualquier cosa. Eso no sucede si yo no pierdo veintitantos minutos el día anterior. Y no sucede si una pedrada mía no me lleva a decir, subiendo al autobús: “Mañana voy a reventar esta puta carrera”. Yo creo que de ahí viene todo. Dices esa frase, todo el mundo se ríe: “Si estás muerto”. Y al desayuno del día siguiente: “¿Vas a reventar la puta carrera?”. Y yo: “Pues claro”. Ya por orgullo dije: “Lo tengo que hacer”.

Al día siguiente salgo y voy escapado casi todo el día con Hincapie. Nos pillan a unos diez kilómetros de meta, más o menos. Y al día siguiente otra vez: había que intentarlo durante todo el día. Primero porque el equipo no tenía nada que hacer. Alejandro estaba en casa, Karpets estaba peor que yo… El día de la etapa que acaba en Montélimar, por la mañana, había la sensación de que la fuga iba a llegar. Esto, el que está en el mundo del ciclismo, lo siente. Etapa de 240 kilómetros, Macizo Central, un calor de cojones, el líder era Floyd, que era el más fuerte, pero su equipo no era el más fuerte de la carrera. De alguna manera, sin saberlo oficialmente, todos sabíamos en el pelotón que Phonak no iba a tener problema en soltar el liderato para pasar unos días de recuperación de cara a los Alpes.

Esa mañana era: “Hay que pillarla”. Se salió a mil. Hasta que nos juntamos cinco galgos de primer nivel. Mira que he cogido fugas en mi vida, pero igual fueron los 40 o 50 kilómetros más caros para meterse en una fuga. Siempre con menos de 20 segundos, porque todo el pelotón sabía que esa fuga iba a llegar a meta. Nadie sabía lo que iba a pasar, pero había muchos equipos interesados. Llega un momento en el que tengo la sensación de que reventamos al pelotón. Cuando se empieza a generar distancia, dentro de la buena sintonía que teníamos entre nosotros, no hubo ningún momento de decir: “Quedan 200 kilómetros, vamos a levantar el pie”. No. Aquí no se habló de eso. Era rodar al mismo ritmo, a toda leche. Y de repente empiezan: 8, 10, 12 minutos… Fue así hasta que llevábamos más de 25 minutos, cuando ya empieza a haber una posibilidad real.

Mi única reacción era que no entendía cómo seguía dando relevos. Porque Sastre podía ganar el Tour. Yo estaba disfrutando el podio de alguna manera. Creo que nadie me metería con cinco estrellas para ganar el Tour, pero si quedan siete días de carrera y me vuelves a meter ahí, a un tío que llevaba tres décimos en el Tour, yo no lo dejaría entrar otra vez en la lucha. Chavanel sí, porque era un cachondo y se reía. Quinziato igual. Pero no tenían actores principales a los que yo pudiera incordiar. No fue hasta falta de 10 o 15 kilómetros cuando les dije: “Yo me voy a ir con el que llegue a meta, pero no voy a disputar la etapa”. Jaime Arenas me decía: “Óscar, hay que disputar la etapa”. Y yo: “¿Cómo voy a disputar la etapa?”. Porque desde que llegas a meta hasta que llega el pelotón, con acelerar un poco, te quedas sin etapa y sin liderato. Mi sensación era que no podía hacer eso. Arranca Voigt, me voy con él y a partir de ahí hasta meta.

P. Unos días antes casi se baja del Tour…

R. Sí, casi me bajo. Encima de la bici pasas muchos días mal, pero lo peor es cuando sientes la frustración de que tu trabajo no vale para nada. El día anterior a Pla de Beret acabamos en Pau, subimos Marie-Blanque y yo tengo unas sensaciones de la leche, incluso mejores que el año anterior, en 2005, cuando había acabado décimo y había ganado la combatividad. Pero no sé qué cojones me pasa el día de Pla de Beret. Ya subiendo el Tourmalet mis sensaciones son terribles. Me quedo sin agua. La carrera iba bastante rápida y llega coronando, me da dos bidones de agua, me los bebo de un trago y empiezo a sudar con una sensación muy extraña. En el Peyresourde lo estoy pasando mal. Cuando el pelotón va en 50 o 60 tíos, uno es crítico consigo mismo. Yo consideraba que no podía estar sufriendo cuando iban 50 tíos subiendo a ritmo. Un ritmo rápido, pero a ritmo. Cuando reviento en el Portillón ya digo: “Hasta aquí”. Se me caían las lágrimas de impotencia, de sentir que no valía para esto. Fue un castigo y una tortura durante muchos kilómetros. Recuerdo que vino Giuseppe Guerini y me dijo: “Tío, ¿qué te pasa?”. Era la frustración de decir: “Me lo juego todo aquí y todo se va al garete”.

Mi sensación fue: “Voy al hotel, cierro la maleta y me voy a mi casa”. Me salvan mis amigos de toda la vida. Yo creo sinceramente que no me hubiera bajado, pero en ese momento lo tenía pensado: “Yo no sirvo para esto. A casa y a dedicarme a otra cosa”.

Preguntas abiertas

  • ¿Cómo afectó la Operación Puerto al ciclismo en general?
  • ¿Qué hubiera pasado si Landis no hubiera dado positivo?
  • ¿Cómo se gestionan las victorias en diferido en el ciclismo?

Temas relacionados

This article was originally published by Marca.

Noticias relacionadas

Más sobre este temaÓscar Pereiro