El apresurado y chapucero halftime de la final del Mundial
Quick Look
- La FIFA comunicó un descanso de la final del Mundial más largo, pero el show en el MetLife Stadium duró poco más de 15 minutos.
- Artistas como Madonna, BTS y Justin Bieber realizaron actuaciones breves y apresuradas, generando críticas sobre la organización y la primacía del espectáculo.
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Why It Matters
La FIFA había prometido un descanso de la final del Mundial más largo, pero el espectáculo en el MetLife Stadium se redujo a poco más de 15 minutos, generando decepción.
La FIFA comunicó el viernes pasado que el descanso de la final del Mundial no iba a durar lo que en su momento prometieron. Esos tres cuartos de hora con los que amenazaban con alargar la noche empezaban a causar revuelo. Puede que por eso, puede que por otra cosa totalmente distinta, el halftime de la final del Mundial ha acabado durando poco más de 15 minutos.
Shakira, Madonna, BTS y Justin Bieber: la que en teoría era la poderosísima cuadrilla encargada de mantener la energía a ras de cielo se ha visto obligada a estrujar varias actuaciones impostadas, una detrás de otra, con aspiraciones de grandeza y resultados no tan grandiosos, en escasos minutos. ¡Cuidado, que nos yankeizamos! ¡Eso no! Parecían vociferar las masas durante los días previos a la gran final. Una posible aproximación a la Super Bowl se entendía como una desdicha que amenazaba con primar el espectáculo sobre el bien del partido. De magnanimidad, en lo que a espectáculo se refiere, ha habido más bien poco.
Ha arrancado el show y ha aparecido Madonna. La Reina del Pop.
Icono gay, icono feminista, icono de la liberación sexual. Y durante escasos minutos -unos tres, puede que cuatro- la artista estadounidense se ha pavoneado sobre el césped con su mítico Music, un himno discotequero; un himno dosmilero. La elección tiene sentido: si había que tender un puente entre generaciones, pocas canciones podían hacerlo mejor. Madonna, a sus 67 años, también parecía dispuesta a personificar esa eterna juventud.
Empapada de rosa, gafas de sol y melena al viento. Dispuesta estaba, sí. A intentarlo, al menos. Porque una cosa es cantar Music y otra muy distinta convencer a todo un estadio de que seguimos en el año 2000. A partir de ahí, aquel «Gran Halftime» que nos prometieron ha ido adquiriendo un tono apresurado. Una suerte de tetris mal montado. Chapucero, vamos.
Entre el final de la actuación de Madonna y el comienzo de BTS, el 'grito de guerra noruego' ha hecho un cameo de apenas unos segundos para marcharse casi tan rápido como ha llegado. Y entonces BTS ha tomado el relevo. Los siete integrantes del grupo surcoreano, convertidos en un auténtico mastodonte musical y en la corta horquilla de tiempo de la que han gozado ante los 82.000 espectadores que han asistido a la final en el MetLife Stadium, han hecho lo que llevan haciendo desde que dieron sus primeros pasos en el mundo de la música. Ofrecer un show. Qué decir, son BTS, lo de dar espectáculo lo manejan más que nadie. Dynamite ha sido el tema con el que la boy band ha desplegado su arte, su coreografía y su labia.
La dirección artística del espectáculo ha corrido a cargo de Chris Martin, líder de Coldplay. Y bueno, está bien. La idea, sobre el papel, tenía sentido. Pero quizá el problema no ha estado en las ideas, sino en el tiempo. O en la falta de él. Porque cuando cada artista aparece, hace lo suyo y desaparece antes de que dé tiempo a que el estadio termine de entender qué acaba de pasar, el resultado se parece menos a un gran espectáculo y más a una sucesión de cameos.
Y qué se puede decir de Justin Bieber. En medio de un espectáculo tan sumamente fugaz, un Bieber en acústico ha sentado muy, muy bien. Con Hallelujah, el canadiense ha lucido su virguería vocal con esa forma tan suya de hacerlo. Ese pasotismo que, por lo que sea, le queda tan bien.
Open Questions
- ¿Por qué se redujo tan drásticamente la duración del espectáculo?
- ¿Hubo problemas de coordinación entre los artistas y la dirección artística?





